“La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura”.
Friedrich Nietzsche
Uno de los objetivos de cualquier administración pública respecto a la cultura reside en apoyar su fomento, promoción y difusión para preservar y estimular las 7 bellas artes: arquitectura, pintura, escultura, música, danza, literatura y el cine, conocidas como las disciplinas o manifestaciones artísticas modernas. Sintetizo que son:
La arquitectura. Proyecta y erige edificaciones con diseños únicos, perdurables y valiosas artísticamente. Solo aquellas que tienen significaciones colectivas, además de una función estética, histórica y simbólica reconocida, son consideradas arte.
La pintura. Expresión artística del arte visual, creada en una superficie bidimensional, usando elementos como formas, texturas, colores, perspectiva, armonía, etc.
La escultura. Arte complejo basado en crear formas tridimensionales usando materiales como piedra, barro, hierro y bronce, pudiendo ser moldeada, en relieve, esculpida o tallada.
La música. Combina ordenadamente ritmo, armonía y melodía para que resulte agradable al oído. Puede ser transmitida por instrumentos musicales, la voz humana, o ambos. Se considera como temporal o de tiempo, enfocado en transmitir efectos sonoros y estéticamente válidos.
La danza. Expresión corporal generalmente acompañada de música. Es una de las manifestaciones más ancestrales del ser humano, pudiendo tener fines artísticos, de entretenimiento o religiosos.
La literatura. Manifestación artística que usa el lenguaje y las palabras en forma de poesía, narrativa, el teatro o el ensayo para expresar una idea, sentimiento o historia.
El cine. Una de las últimas bellas artes en ser agregadas pero que, de algún modo, contiene a todas los demás, y añade sus propios elementos a través de técnicas y recursos propios, como fotogramas y audio.
Estas bellas artes o manifestaciones artísticas siempre están presentes en la sociedad, y son de gran relevancia cultural e influencia en su evolución social.
El festival, desde el punto de vista cultural, ofrece un momento único al ser un evento que es celebrado e identifica a una comunidad. Además, facilita la oportunidad de conservar y revitalizar las bellas artes sobre un aspecto cultural o religioso característico de una sociedad de acuerdo con su época.
De ahí la importancia que la autoridad otorgue para organizar y difundir un festival, que sepa identificar a quién va dirigido, que tenga claridad en el objetivo de promover determinada actividad cultural o religiosa y, al mismo tiempo, reconozca la utilidad social, económica, o “rentabilidad” política que obtendrá por ello.
El espacio urbano, y la manera en que está diseñado, también puede contribuir a delinear estrategias urbanas para organizar y realizar festivales o eventos que, además de lo dicho anteriormente, se conviertan en actividades capaces de atraer turismo e inversión, extender una temporada turística, e impulsar la economía. Esto se conoce actualmente como “turismo de eventos”.
Este preámbulo me da elementos para formular tres preguntas sobre los recientes Festivales “San Luis en Primavera” y “Feria Nacional de la Enchilada” realizados en días pasados en la zona metropolitana de la capital del Estado:
1.- ¿La autoridad responsable de llevarlos a cabo tuvo un enfoque integral para vincular la cultura, el turismo, la inversión y el impulso a la economía?
2.- ¿Ofrecieron el “nuevo clásico” del “circo sin pan” -acceso gratuito, no el consumo- al ciudadano para que olvidara por unos días sus miserias y tragedias cotidianas?
3.- ¿Dichos eventos fueron “distractores” para ocultar los graves problemas políticos, presupuestales y de gestión a los que se enfrenta diariamente la autoridad?
Para los parámetros de los funcionarios responsables, resultaron “un éxito rotundo” con asistencia de 30, 50, o 60 mil personas por evento, según a quien se le preguntó y realzó el conteo con fórmulas matemáticas “mágicas” … y fiabilidad dudosa.
Un hecho irrefutable es que combinar cultura y política, siempre terminará en polémica, con resultados inciertos, y no del gusto de todos, como estos eventos.
Muchos están felices porque vieron a sus artistas o grupos favoritos. Otros tantos, completamente disgustados por el “nivel” de la cartelera ofertada. Algunos más formulan la “pregunta del millón”: ¿Qué no habrá otras prioridades por atender, como el medio ambiente, seguridad pública, infraestructura, en vez de gastarse millones de un presupuesto ya de por si opaco, pagando artistas o grupos para que el “pueblo bueno” los disfrute “gratis”?... Y eso de gratis, es relativo. Usted, aunque no asistiera, ya cubrió su costo con sus impuestos. Pero no le dijeron eso, ¿verdad?
Una política pública exitosa radica en su integralidad, racionalidad y consistencia, con resultados medibles en el tiempo. Planeada, diseñada y ejecutada sin bases sólidas, probablemente quede reducida a un “éxito” efímero del gobernante en turno, con limitados beneficios sociales, económicos y políticos. No perdamos de vista la evolución de ambos eventos.
Superado el aturdimiento del ruido generado por sendos festivales primaverales y culinarios, hago mi pregunta de cierre a la autoridad: ¿Qué estrategias tienen para atender el inminente problema de escasez del agua, la inseguridad creciente, mantener y crear infraestructura, y modernizar los servicios públicos? Dejémonos de “políticas pueblerinas”. ¡Somos una metrópoli de más de 1.2 millones de habitantes! ¿Queremos una zona metropolitana de primera? Pues ¡a trabajar en ello!
jmanuelrm@msn.com