De Gloria

De ayer a hoy, como ustedes saben, se acomodan dos sucesos de cierta importancia para nuestro país. Por un lado, concluye el período de expiación anual del Catolicismo (80% de la población). Por otro, empiezan en forma gradual las campañas políticas hacia la definición de unos 3,400 cargos de elección popular el 1 de julio, tanto a nivel nacional como en lo estatal y municipal.

Todo esto, claro, va desde la Presidencia de la República y 9 gubernaturas hasta las senadurías y diputaciones federales o locales, y los ayuntamientos o alcaldías (CdMx con concejales) y las juntas municipales. Si cruzamos entre sí ese par de eventos del calendario, termina un Vía Crucis de 3 de los 4 candidatos presidenciales (Meade, Anaya o Zavala) y se abren sus esperanzas de resurrección.

¿Acaso esto apenas surge para ellos? Pues no pero dudo mucho que, aun tan desgastados, se puedan dar por vencidos.

Al mismo tiempo, la mera verdad, los ciudadanos no esperan ninguna Gloria al volver los rejuegos electorales de esos políticos que, con su descrédito, se presentan como maravillas en los medios de comunicación. Miren, los votantes ya estamos bastante cansados o confundidos por las precampañas y la intercampaña.

La semana pasada discurríamos aquí que la insistencia en ubicar al más corrupto de los aspirantes a la Presidencia, era una pérdida de tiempo que igual ha generado desconcierto y resentimientos. Un lector me advirtió que resultaba demasiado benevolente.

Al concederle la razón, mi comentario fue que acaso trataba yo de ser pragmático pues ni siquiera Anaya y Amlo estarían entre los más cuestionados como para quedarnos sin candidatos. Hay, eso sí, temas que vienen más al caso y deberían discutirse en estas confrontaciones.

No es nada sensato elegir alguien para el cargo más relevante de una nación sin tomar en cuenta al menos los datos básicos de cada opción en cuanto a su personalidad, sus muchos o pocos talentos, y sus buenos o malos antecedentes.

Nos queda claro que Anaya tiene muy poca experiencia en la Administración Pública Federal, Meade quizá más que cualquier otro funcionario en el país, y Amlo o Zavala prácticamente ninguna (salvo lo que ella le pudo husmear a su esposo en el período 2006-2012). Con respecto a personalidad y talentos, a su vez, ya podemos distinguir lo fundamental entre todos ellos.

Meade no ha mostrado liderazgo hacia la presidencia, aunque ha estado más cerca que nadie de los dos últimos presidentes… para bien y para mal. Tampoco alguno de los otros acredita esos tamaños, pero López Obrador casi siempre deja ver ideas firmes y capacidad de decisión… para mal y para bien.

Don Amlo, sin duda, es un personajazo que durante 15 años ha confirmado su liderazgo, su ambición y determinación, sus preferencias, sus mañas, su congruencia y sus incongruencias, sus fracasos y renacimientos, su sobrevivencia y crecimiento a largo plazo, sus evidentes aciertos y errores, sus admiradas virtudes y, sobre todo, sus graves defectos. No hay en él sorpresa alguna.

Hoy quiero mencionar dos temas que, desde hace tiempo y cada vez más, preocupan de manera especial a los analistas. El primero, la encarnación de este eterno aspirante como un predestinado que representaría la voluntad del pueblo… ente sabio, éste, que “no puede equivocarse” y al que, por fuera de las instituciones y el estado de derecho, pretendería dejar sus decisiones en áreas muy complicadas.

El segundo, su apego personal a cuestiones religiosas que lo vuelven una especie de iluminado que viene a salvar al pueblo bueno ante la amenaza de los malos, con un cierto fanatismo mesiánico que no se moderará en el poder. Para ambos casos los riesgos son indiscutibles y este último, digamos, nos recuerda la lamentable guerra cristera o los paradójicos delirios juaristas de Amlo.

Aun con la razón que pudiera tener en ángulos específicos, nos deja ver sus peores y más peligrosas necedades en las áreas críticas de infraestructura (refinerías y aeropuerto) o de reformas (Educación, Energía…). Confirma un increíble desdén respecto al interés nacional y las opiniones de especialistas mexicanos y extranjeros.

Como dice Sergio Sarmiento, “un buen Presidente sabe escuchar más que mandar”, y me permito añadir: Debe escuchar antes de querer mandar. Lo opuesto, si nos fijamos, viene a ser el autoritarismo caprichoso, desacertado y, por lo general, contraproducente.

A diferencia de los otros tres, y sin ninguna campañita, todo ello lleva aquí a que el probable ganador sea un peligro real para nuestro país. Y, aunque también le ayuda su popular populismo, el principal causante del dominio de Amlo ha sido el PRI y sus gobernantes, que lo han encumbrado como líder que capitaliza el enojo contra la impunidad y el mal gobierno.

* SOBRE SAN LUIS POTOSÍ he recibido unos cuantos comentarios a partir de la columna anterior. Desde anuencias o discrepancias, hasta dudas o preguntas en torno a referencias poco claras allí.

Las coincidencias se dan en cuanto a la grisura (aún no negrura) gubernamental ante problemas cruciales para los ciudadanos. Y las interrogantes o diferencias se refieren a esa serie de personajes bloqueados por gente allegada al gobierno, que los censura por múltiples razones. Cabe precisar que no son todos… ni esos 5, ni los calificativos que les cuelgan.

Aquí, según entiendo, la idea de quien protege al gobernador sería evitar la competencia de consejos o vías más inteligentes, que pudieran desplazarle de la atención superior aunque no arriesgue tanto poder. Muy su gusto.

Y a esos adjetivos se pueden sumar las descalificaciones de traidores, oportunistas o mujeriegos, que también he escuchado por ahí. Si bien algunas como la última, oigan, no tienen que ver con las opiniones o sugerencias de los excluidos.

A su vez, ojo, en las candidaturas vemos gente como el Tekmoloco o Gallardo Juárez, que no tendrían necesidad de hacer campañas de propuestas y debates pues ya los conocemos bastante bien, hasta otros como Luis Mahbub o Cecilia González Gordoa que conjuntan candidez y cierto valor ante lo desconocido.

Bueno, digamos, ojalá que esto sea para bien de casi todos… tanto en el Senado como para la muy noble, leal y castigada capital del estado.

En estas mismas páginas Leonel Serrato ha destacado algunas figuras que han encabezado la Alcaldía Mayor, en el marco de la importancia de retomar niveles decorosos. Igual recuerdo hoy a mi abuelo, Urbano Pérez Vázquez, quien fue Presidente Municipal en 1922.

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