De Honoris y horroris

Una de las mentes más brillantes del siglo XX en el campo de las ciencias sociales a nivel nacional fue el potosino Jesús Silva Herzog (así, con apellidos separados y no con el boato del formado por sus descendientes); tras de él dejó un camino de logros y triunfos en los que siempre buscó la forma de tener presentes y cercanos, no sólo a su ciudad natal, sino también a su estado.

Intelectual en toda la extensión de la palabra, que lo mismo incursionó en el periodismo, que en la economía; escribió una gran cantidad de libros entre los que destacan su Breve historia de la revolución mexicana; dio inicio también como uno de los fundadores y como primer director de la revista de ciencias sociales Cuadernos Americanos.

Gracias a Silva Herzog en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí se instauraron los cursos de verano e invierno, que fueron el centro neurálgico del desarrollo académico de la primera Facultad de Humanidades. Él, en colaboración con Ramón Alcorta Guerrero, fundador y primer director de la mencionada facultad, logró que personalidades de primer nivel en los campos de la arqueología, filosofía, geografía, historia y literatura, impartieran cátedra en ella.

Alcorta, al igual que Silva Herzog, fue otro de los que pusieron en alto el nombre de nuestra ciudad y nuestro estado; fue uno de los más grandes referentes del conocimiento y la enseñanza geografía en México. En 1941, el Instituto Panamericano de Geografía y Estadística, publicó la monumental Bibliografía histórica y geográfica del estado de San Luis Potosí, que elaboró en coautoría con José Francisco Pedraza Montes; obra que hoy constituye la espina dorsal bibliográfica de todos los interesados en la investigación historiográfica.

Otro de los grandes pensadores potosinos transterrados a la Ciudad de México fue Antonio Castro Leal, abogado, doctor en Filosofía por la Universidad de Georgetown, miembro del grupo llamado Los siete sabios, miembro del Colegio Nacional, Académico de la Lengua, director nacional de Bellas Artes, y rector de la Universidad Nacional de México. Debemos a Castro, entre otras delicadezas intelectuales, la fundación de la Academia Potosina de Ciencias y Artes, benemérita institución que por varias décadas se ocupó de arropar e impulsar a los intelectuales potosinos que por las limitantes de la provincia, marcharon al centralista Distrito Federal, en busca de un verdadero campo de desarrollo profesional.

Historiador y crítico de arte, uno de los referentes del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, fue el doctor Francisco de la Maza y Cuadra, considerado entre los más grandes conocedores de arte virreinal mexicano, dejó tras de él una cantidad considerable de libros sobre el tema, entre los que destacan El Guadalupanismo Mexicano, Cartas barrocas desde Castilla y Andalucía, Del neoclásico al Art Nouveau, San Miguel de Allende, y El arte colonial en San Luis Potosí.

Cierra esta breve nómina de potosinos notables a nivel nacional –que pudiera incrementarse considerablemente– en el área de las humanidades el doctor Efrén C[arlos] del Pozo Rangel, que destacó como pocos en la investigación y escritura de la historia de la medicina, gracias a sus gestiones se reunieron en ocho volúmenes editados por la UNAM, las Obras completas de Francisco Hernández, y de igual forma vio la luz una preciosa edición facsimilar del Códice Badiano, magna obra de la medicina prehispánica que por años reposó en la Biblioteca Vaticana.

Quizá podría agregar a los anteriores, el nombre de Joaquín Galarza, potosino que llegó a bibliotecario de la Biblioteca Nacional de París, semiólogo cercano a Umberto Eco, y el más grande conocedor de códices mesoamericanos.

***

No es gratuito el recuerdo de los anteriores, su evocación surge ante el olvido en el cual los han mantenido las autoridades de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quienes en medio de una febrícula progresiva y galopante, han preferido otorgar una gran cantidad de doctorados honoris causa, a personajes que ni los necesitan, ni la universidad les significa algo; y no porque no lo valga, sino porque poco influyen en su larga carrera de reconocimientos. Así la ingratitud de los potosinos con sus grandes pensadores, mismos que compiten en calidad de obra y trayectoria con cualquiera de los que integran el claustro de doctores honorarios, hechos por nuestra Universidad.

Cabe, sin embargo la posibilidad, que no se piense en ellos, por desconocimiento e ignorancia; la peor de las ingratitudes.

***

En qué nivel andaremos que mejor una universidad de estanque es la que otorga doctorados honoris a ilustres senadores, a iniciativa (dicen los que pretenden saber) de embajadores de 16 países; vaya horror, que un cuerpo diplomático de tal magnitud y categoría lo hubieran recomendado a una universidad de ese tipo, quizá regentada por un tlatoani, pues responde al nombre de Azteca. Causa de horroris que no hubieran tenido trescientas mil buenas razones extras para recomendarlo a otra de mayor prestigio.

***

Causa también horror que Claudia Ávalos Cedillo hubiera concursado como candidata a comisionada del IFAI cuando la pobrecilla ni méritos tiene, y en San Luis fue titular de una deslucida gestión; tan deslucida que no se le recuerda ni en lo positivo, ni en lo negativo. Dios la guarde en su inocencia.

Increíble resulta que no existan nuevos perfiles y siempre figuren los mismos. Ninguno, desde luego, quiere iniciar de cero, todos quieren sujetarse a las ubres del presupuesto desde la cumbre.

***

Sin embargo, la mayor horroris causa, la causa el saber que la ahora flamante e impoluta candidata a la alcaldía de Soledad, y otrora directora de Gobernación en el gabinete carrerista (que no carterista), deja una cauda de actos de corrupción vinculado todos al ejercicio de su anterior encargo. De cualquier forma, como seguro no llegará a esa alcaldía los únicos que la seguirán sufriendo son sus vecinos del exclusivo fraccionamiento donde habita, y en el que goza de fama de escandalosa y prepotente. Chulada.

***

El último horror, el del viernes, seguro fue para Ricardo Gallardo Cardona, luego de enterarse que la justicia federal no falló a su favor en el asunto de sus 22 cuentas congeladas. La indiciaria prueba del delito, y cómo no, si nuestro aparato de justicia es una maravilla, saben en qué momento y cuando lograr que aprieten los engranajes.

Dicen los que saben, y los que no, repiten: que hoy es domingo familiar; disfrútenlo pero no se excedan.