De individuos (II)

Nuestro país ha tenido y tiene muchos hombres y mujeres muy valiosos. Igual he visto y veo no pocos infames e inadecuados. Sus legados a México son lo opuesto en unos y otros casos.

Tal como propusimos en este espacio la semana pasada, sigamos ahora para concluir con el estimulante tema de Antonio Ortiz Mena (1907-2007), que no deja de ser relevante. Se le extraña tras sus logros.

Así, en el período 1970-1982, luego denominado “la docena trágica”, se gestó un desastre económico que hemos tenido que enfrentar y pagar durante décadas. En contraste con la notable conducción de 1958-1970 a cargo de AOM, los economistas ideológicos fueron un fracaso y trajeron graves problemas internos y externos. El populismo demagógico e irresponsable asomó por primera vez su rostro destructivo en nuestro país.

Me queda claro que con ese populismo se perdió mucho de lo que había logrado la Secretaría de Hacienda en dos sexenios. Se fueron cultivando crisis mayúsculas que revirtieron las conquistas de crecimiento y estabilidad, atizaron la inflación, ahondaron la desigualdad, agudizaron el drama del campo, derruyeron la confianza del sector privado, multiplicaron la burocracia y la corrupción, convirtieron al Estado en un pésimo empresario, causaron grandes fugas de capital e hipotecaron al país.

Cuando inició aquel malhadado período, el saliente titular de Hacienda fue atacado como si fuese un paladín del liberalismo a ultranza (todavía no se estilaba el término neoliberal). Sin embargo, ojo, instrumentó en forma favorable la nacionalización de la industria eléctrica con López Mateos y no se inclinó por un estado pasivo, pequeño o indiferente ante la pobreza. Incluso avanzó en una reforma fiscal, creó el ISSSTE, fomentó la reconversión industrial y respaldó inversiones fundamentales o de alcance social.

Se le ha visto como un eficaz impulsor de la llamada economía mixta, aunque no llegó a modificar otros ángulos importantes como el proteccionismo.

Seis años después de su salida de Hacienda la economía iba en picada y se le consideró de nuevo como precandidato presidencial, pero trabajaba fuera del país y dominaban las tendencias populistas. El escogido fue José López Portillo, viejo amigo del presidente.

Decía AOM: “Yo no tenía compromiso ideológico… uno puede ser keynesiano o monetarista, según el caso”, comenta Krauze. En otras palabras: ser intervencionista o liberal, estatista o privatizador, más político que técnico o al revés… según.

Luego de 36 años de correcciones, Echeverría y López Portillo inspiraron a otro populista que quiso ser lo que no era… a diferencia de Ortiz Mena, quien nunca fue pretencioso o irresponsable, sino modesto y en verdad austero; si acaso, era visionario y ambicioso en cuanto a metas y resultados.

Hoy, frente a los retrocesos, se confirma que fue un buen comunicador… aunque jamás con mentiras y simulaciones. También supo ser discreto, con ideas claras de la política y sus implicaciones, sin caer en la demagogia; sus afanes fueron profesionales, no personales. ¿Acaso su discreción lo hizo cómplice de desaciertos presidenciales? Tal vez de alguna forma, como en otros casos. Pero él no era policía, ni moralista o justiciero.

Miren, durante toda su vida fue miembro del PRI, y en 2006 el PAN lo propuso para recibir la medalla Belisario Domínguez, por sus aportaciones a la política económica nacional en la década de 1960. Se la entregó post mortem el presidente del Senado, Carlos Navarrete, del mismo partido al que pertenecía el individuo que luego fue un presidente destructor.

Venerado por analistas y economistas, don Antonio murió 5 semanas antes de cumplir los 100 años, tras una caída en su casa que requirió hospitalización por casi dos semanas.

Insisto… A algunos se les extraña.

* “EL DAÑO A MÉXICO estos últimos 8 años no solo frenó el crecimiento, nos hizo retroceder en ciencia, tecnología, libertades, democracia, salud, educación, seguridad… Con Morena no estamos perdiendo solo dos sexenios, son décadas. Porque no solo dejaron de construir, se dedicaron a destruir. Malditos sean” (leído por ahí). Y todo empeora.

* RESULTAN PENOSAS LA SOBERBIA y la inmadurez del secretario Marcelo Ebrard y el embajador Esteban Moctezuma, uno sesentón y el otro setentón, que no quieren retirarse del sector público y hablan de ‘seguir sirviendo al país’ los próximos años. La desubicación personal lleva a desfiguros al final de sus discutibles carreras.

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