De memoria y demagogia

Hasta hace unos días creí –supongo que al igual que muchos potosinos–, que el Hospital Central “Doctor Ignacio Morones Prieto” de San Luis Potosí, fue inaugurado el 17 de noviembre de 1946. La primera piedra, también de acuerdo a lo que suponíamos, fue colocada el 2 de abril de 1942, por el secretario de Asistencia Pública, doctor Gustavo Baz, y por el gobernador del estado, Ramón Jiménez Delgado. 

Esos mismos decires señalaban que para el inicio, entre 1942 y 1943, la dependencia federal aportó $400,000.00 pesos, y el gobierno estatal $300,000.00 pesos; finalmente se estableció  un costo total de $1’056, 989.03 pesos (que no incluían lo relativo a plomería y electricidad).

Nada de eso es cierto, ayer me entero que hemos vivido en el error y de mentiras. La obra   existe “gracias a la doctora Mónica Rangel, ese hospital no se había podido hacer en 70 años, y la doctora lo hizo…”; así pues debemos mucho a “una extraordinaria gestora de recursos a favor de los que menos tienen”. 

El gran aporte de estos datos lo debemos al demagógico discurso que el servil senador suplente morenista, Alejandro Rojas Díaz Durán, pronunció en el desangelado mitin de inicio de la candidata de Morena a la gubernatura, en la plaza de Aránzau.    

Gracias a él, también nos enteramos que la candidata “representa lo más importante que tenemos en nuestro país, que son nuestras mujeres”; que “debe saber todo san Luis potosí que incluso su tesis profesional se basó en la excelencia y calidad de la vida, de todas y de todos”; además, “el ombligo de su hija está enterrado en Tamazunchale”. Inhumación clandestina de un resto humano, lo que faltaba agregar a su rosario delincuencial. 

A cinco cuadras de allí, daba inicio también a su campaña, Ricardo Gallardo Cardona; curiosa coincidencia que –como delincuentes– ambos inicien campaña amparados por la obscuridad. 

El día anterior, por la mañana, un nutrido grupo de médicos se manifestó de manera ordenada, y puntual en sus reclamos, en las afueras del hospital que San Luis debe a la hoy candidata, y que gracias a su ineficiente gestión atraviesa una serie de penurias presupuestales; carencia de insumos. Recursos que estaban, y ahora no.

Ni ella, ni el gobernador podrán alegar ignorancia; a inicios de su sexenio se les entregó un diagnóstico de necesidades para los servicios del hospital. ¿Alguien recuerda que en los últimos 25 años hubiera tantos reclamos en materia de salud, por parte de personal médico, administrativo y pacientes?  Los mismos 25 años de experiencia comprobada, que dicen que la respaldan. 

Menos mal que no se manifestaron los médicos de centros de salud rurales, hoy saqueados, desmantelados y casi desaparecidos.    

¿Si mejor el dinero de su campaña lo devuelve  al Hospital Central?

No sólo es el hospital, también la seguridad atraviesa un estado más que crítico. Los asesinatos en esta semana que está por concluir estuvieron a la orden del día; sólo uno, sin embargo, fue el que conmocionó a la clase empresarial. 

Todos, gobierno y sociedad civil, condenaron la muerte de Julio Galindo; inocente eufemismo para referirse a un asesinato. Una marcha en reclamo más que en protesta; de ésas que no se ven todos los días, a pesar que hay asesinatos al diario; una de ésas que se organizan sólo cuando se ve afectada la conciencia de clase. Todos los asesinatos, todos los crímenes, todas las  muertes violentas son lamentables; unas desde luego, más que otras. Aquellas se resuelven con prontitud y eficiencia; las otras, con sus expedientes rellenen archiveros.  

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En España, durante el otoño de 1936 y en plena guerra civil, la Dirección General de Bellas Artes a cargo del legítimo gobierno republicano,  vio la impostergable necesidad de pactar con la falange golpista, la necesidad de sacar de la zona de conflicto, una gran parte del patrimonio artístico de sus museos. Cerca de 2,000 obras de arte fueron en un inicio trasladadas a Valencia, luego a las bóvedas de la Sociedad de Naciones, en Suiza. La República estaba consciente que aunque se podía perder la guerra, existía la esperanza de ser restablecida en algún momento; sin embargo también consideraba que de desaparecer el patrimonio artístico de España –que también lo era del mundo– por causa de la guerra, éste se perdería irremediablemente y nunca se  recuperaría. 

La cosa en San Luis Potosí no es tan grave, hay tres opciones a elegir en las urnas: la corrupción, el crimen, o la derecha.  

Gracias por la lectura; iniciaron campañas, razonen su voto.