Acaba de pasar el “Día Internacional del Taco” y, aparte de hacerse agua la boca imaginando un suculento plato de los más variados guisados envueltos en la tradicional tortilla mexicana, resulta interesante destacar que la ingesta de tacos en nuestro país es uno de los ejercicios más democráticos, toda vez que se suceden de manera cotidiana y en cualquier lado, sin distinción de clase porque, hasta en los populares puestos callejeros o en los comúnmente conocidos como “los agachados”, suelen acudir sectores de alcurnia a disfrutar de un sabor inigualable y milenario. Incluso, llama la atención que, ahora, en ciertas celebraciones, como la partida de Rosca de Reyes, se prefieran las roscas de… tacos, en lugar del típico pan cubierto con tiras de dulce cristalizado.
En la cultura del consumo de tacos que tenemos en nuestro país, es ilustrativa de la riqueza gastronómica hasta la variedad en las denominaciones que tienen y de los negocios que los expenden. Que si “tacos joven”, que si “tacos mineros”, que si “taco´n mambo”, que si “taco´mo loco”, que si “taco chino” (no porque tenga que ver con recetas originadas en el país asiático, sino en referencia a los de carnitas de puerco). En cuestión de tacos, las denominaciones destacan por su estridencia, legítima por lo demás, para despertar atención y apetito de potenciales comensales. Todo un arte culinario, pues, que conlleva la preparación y seguimiento estricto de recetarios para contar con un buen producto terminado, sabroso y de calidad (así sea que la materia prima sea de dudoso origen, pero la rigurosidad para proceder a cocinarlos es la que cuenta para dar el toque final). Ni hablar de las variadas salsas que se elaboran para acompañar, aunque luego nos den gato por liebre en las que deberían llevar aguacate de verdad.
Aunque luego se quede también a deber en cuanto a limones (toda una hazaña exprimir algo de jugo a los que más bien parecen piedras) y sal, comer tacos sigue siendo un deporte nacional. Unos buenos tacos se requieren para calmar el apetito y hasta las ansias de sentirse “revolucionario” porque, como luego se dice por allí, “el hambre es canija y más el que la aguanta”. Sean de buche, de tripitas, de barbacoa, de pastor o de “canasta”, los tacos son la bendición del pueblo en general, sea rico o sea pobre, porque, se planteaba al principio, son más que democráticos y la mayoría los puede degustar. Aunque, también, hay expendios que se pasan de verdura (otro de los ingredientes que no pueden faltar) y te retacan de cilantro y cebolla. Y como de todo hay en la viña del Señor, también hay expendios que se mandan con los precios, como hace poco se volvió viral en redes sociales el caso de un puesto en una feria, en donde por tres o cuatro tacos se cobró más de un millar de pesos.
En fin, como escribiera don Alexis de Tocqueville, la democracia es más “un estado de la sociedad” y, la sociedad mexicana es privilegiada al contar con tantas opciones para consumir variedad de tacos en cualquier lugar. Por supuesto que, todo eso, es muy distinto a las prácticas más propias de círculos elitistas y minoritarios donde frases como “darse su taco” indican ostentación de creerse más que los demás y, eso, no es tan democrático. Así las cosas, a consumir tacos aunque, luego, haya que “sudar la gota gorda”, para bajar de peso; sin embargo, lo ya degustado… ¿quién te lo ha de quitar?