Desiguales (IV y último)

Estas semanas hemos hablado aquí de desigualdad económica y social, tanto en general como en el caso de México con especial atención a la enorme pobreza en esos desequilibrios entre ricos y pobres. Concluimos hoy esta breve serie de cuatro artículos.

Insistíamos en que, al revisar el drama de la brecha entre pobreza y riqueza, se desbordaba la polémica de forzar una disminución directa de la desigualdad, o acaso enfocarse a atacar la pobreza a través de inversiones que crean riqueza y empleos aunque al principio se pueda elevar la desigualdad, tal como ha sucedido en diversos países. Veamos un poco más.

El popular Roben Hood se dedicaba a robar (confiscar) recursos a los ricos, para dárselos (transferirlos) a los pobres, si bien eso tuerce la legalidad. Claro, los gobiernos y congresos podrían cambiar las leyes pero con límites, y luego resulta peor el remedio que la enfermedad: En lugar de verdadera justicia y oportunidades de trabajo, se suele caer en dádivas y abusos a partir de prejuicios.

Miren: Nadie dijo que el mundo fuera justo. Así, con o sin populistas acelerados, lo que es justo para unos viene a ser injusto para otros. Ni modo pero la igualdad forzada tiende a inhibir la inversión y el crecimiento, además de provocar rebotes a la situación anterior.

En el modelo económico que prevalece en el mundo, es lógico que la inversión privada se guíe por perspectivas de utilidades; a la vez, un efecto no deseado es la mayor desigualdad al existir límites obvios en la capacidad de crear riqueza y empleos productivos. No todos se ven beneficiados en una primera etapa, pero estas oportunidades y el pago de impuestos echan a andar el sistema económico y el propio sector público, con ciertos desequilibrios que se puedan revertir al bajar la pobreza.

Si el crecimiento genera desigualdad y de entrada ésta allana la inversión y el crecimiento, se nos facilita explicarla e incluso tolerarla por un tiempo, lo cual no implica justificarla. Después deberá ser menos difícil rescatar a más y más ciudadanos en extrema pobreza.

Eso sí, en caso de que el gobierno no intervenga para mitigar excesos y promover la inversión de empresas nacionales y extranjeras, podría crecer todavía más la pobreza aun con dádivas, mientras que no caería mal un mayor número de ricos que no sean tan ricos pero que inviertan cada vez más. No se trata de repartir la pobreza, sino de distribuir una riqueza que se acreciente.

A partir de 1994, el exitoso TLC dio lugar a desigualdades regionales y en la distribución del ingreso. Fueron estos nuestros principales costos de crecer, exportar y generar numerosos empleos al menos en el norte y centro del país, a la vez que faltaron políticas fiscales e industriales que pudieran compensar.

Pero es mejor que le hayamos entrado… aunque la izquierda proteccionista advertía que iba a ser un desastre para nosotros. ¿Acaso sería preferible que no hubiera habido TLCAN para que no avanzaran unos si no iban a mejorar todos, o sea, que no se acentuaran las desigualdades entre regiones al prosperar más algunas de ellas?

En fin, ante la desigualdad y la pobreza, Jeffrey Sachs (Cumbre Infonavit, 2018) nos sugiere: 1) un verdadero Estado de Derecho, 2) combatir con eficacia la corrupción y 3) acreditar gobiernos transparentes frente a la sociedad, además de lo ya comentado en cuanto a educación de calidad y políticas fiscales que corrijan excesos, así como inversiones productivas y sostenibles.

Aunque la desigualdad, la injusticia y la corrupción nunca desaparezcan, mucho se puede hacer para abatirlas con inteligencia y estrategias acertadas en las que participe la sociedad civil. Recordemos, en ello, que la confianza y la promoción de inversiones privadas resultan cruciales contra la pobreza y serán más redituables al enfrentar todo lo demás.

Terminamos, pues, con una nota de aliento y optimismo para luchar en contra de la desigualdad, sobre todo a través de la reducción masiva de la pobreza a diversos plazos. Están aquí los casos sugerentes de China o Chile, que han avanzado bastante por estas vías.

* DE LAS ELECCIONES ACÁ es ineludible seguirle con el aún arrebatador puntero en las encuestas, don AMLO, cuya ventaja se afirma a pesar de sus serias fallas y limitaciones. Esto último, ojo, podría traer grandes broncas para el país cuyos efectos y vuelcos ya se empiezan a advertir. Sin embargo, si finalmente llega a la Presidencia, ojalá nunca se confirmen.

El voluntarioso candidato tiene toda la razón en que un líder nacional debe predicar con el ejemplo, si bien eso de ninguna manera garantiza que se eliminen la corrupción y la pobreza o la desigualdad. No sólo se necesitan buenas intenciones, sino muchas cosas más que resultan muy diferentes a las vías que él ha planteado y pueden empeorar nuestra situación.

A partir del odio que ha sido sembrado por años entre “buenos y malos”, un sicario anti-lopezobradorista cayó ahora en estupideces irresponsables ante bravuconadas como las de fusilamientos de un peculiar escritor lopezobradorista. Esto no ayuda nada y espero que no pase a mayores… amenazas van y vienen contra empresarios y candidatos, así como entre periodistas.

No son pocos los votantes duros que ya ni checan la opción que han escogido ni la comparan con alguna otra; nada mal estaría que, al darle una pensada en ciertos casos, fuera más difícil equivocarse en cuanto a los probables efectos para ellos mismos y sus familias. En sí, claro, la pasión no es mala pero igual es capaz de desorientar.

“La política estatista resiente la presencia de los empresarios”, señala Liébano Sáenz (Milenio, 5/V), de modo que son vistos como problema quienes serían parte esencial de la solución con su inversión y productividad. Preocupan los prejuicios de AMLO (más tontos que ideológicos) en contra de los que se la juegan en procesos que, además, pueden reducir la pobreza.

Y cuidado… Aunque nos encabronen tanto, hemos venido acostumbrándonos a la corrupción, la inseguridad o los gobiernos poco eficaces. Incluso algunos dicen que no les importa que el país empeore mientras vengan “otros ineptos y rateros”. Eso sí, con quien sea Presidente, el Estado mexicano tendrá que ser más fuerte y confiable; no más grande como en el estatismo populista de hace cuatro décadas.

Remato los dos temas de hoy con esta reflexión del enorme escritor libanés Gibran Jalil Gibran: “El progreso no se logra mejorando lo que es, sino caminando hacia lo que será”.

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