Día de Muertos

Mañana es Día de Muertos, aunque pareciera que toda la semana lo fue. Con la comercialización del Xantolo y otras fiestas regionales varios nos destanteamos con el mero día”, que es el 2 de noviembre. Recordemos aquí también, de una vez, que el 3 de noviembre es el aniversario de la ciudad de San Luis Potosí.

En lo que se presume como “promover nuestras tradiciones”, mucho se han cambiado los ritos de ciertos lugares. La “folklorización” de las costumbres ha llevado a discutir en redes qué es o no un altar de muertos, qué días vienen ciertas ánimas o qué poner o no en las instalaciones que simulan altares. Como en otros rubros, suele confundirse lo grandote con lo grandioso y lo multicolor con las creencias que han dado origen a las celebraciones del día.

En casi todas las cosmogonías hay sitios para quienes han muerto, llámese limbo, Valhalla o Mictlán. Lo que para algunos es el inicio de un sueño eterno para otros es nada, es un reintegrarse a la materia del universo. Reencarnación o resurrección, según lo que hagamos en esta vida. Para algunas de ellas, es el inicio de otro viaje, con pruebas y recompensas. Casi todas coinciden también en que el recuerdo va aparejado con el alma: el olvido es la verdadera muerte.

Y llega y por más edad que tenga uno, por más enfermos que estemos, nunca estamos preparados. Dice Joan Didion: «La muerte de los que amamos nos resulta inconcebible hasta que ocurre. No es que pensemos que no va a suceder, sino que nos convencemos de que ocurrirá según un calendario racional, un orden lógico que respete la vejez y el desgaste natural. Creemos que tendremos tiempo de prepararnos, de despedirnos, de asimilar el vacío. Pero la muerte real no se ajusta a ningún pacto. Llega sin previo aviso, en medio de un gesto cotidiano, y destruye en un segundo la ilusión de control que habías tardado toda la vida en construir. A partir de ese instante, la realidad se fragmenta y descubres que el duelo no es un estado de tristeza pasivo, sino una fuerza violenta y física que te desconecta del mundo que compartías con los demás».

Hay muertes que lloramos aunque la persona se vaya a los 100 años. y hay quienes pensamos que ya habían fallecido. A algunos los sentimos cercanos así solo hayamos compartido unas horas o los hayamos “conocido” en el cine o en la radio. Alguien ya no está, ya no respira: podemos gritarlo a los cuatro vientos de inmediato o podemos guardar ese dolor durante meses, depende. Cada duelo es distintoen duración e intensidad, pero siempre es un terremoto. «Puedes llorar porque se ha ido o puedes sonreír porque ha vivido} escribió David Harkins en su famoso poema.

La muerte es terrible, la de los demás. Por accidente, homicidio o propia mano. Las costumbres tan mexicanas de escribir “calaveras literarias”, epitafios en broma o poner en la ofrenda lo que le hizo daño a quien amamos es una forma de “capotear” el duelo. Solo en México pudieron surgir obras como Pedro Páramo, La tía Chofi, Las muertas o Muerte sin fin. La literatura de terror deviene en costumbrismo, sea con toques de magia, inseguridad o narco. Acaso somos dichosos quienes tenemos donde rezar y llorar, pues hay muchas madres que no saben dónde están sus hijos, que permanecen el limbo, ese espacio entre la vida y la muerte.

Hace un par de días murió Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, fundador del Partido de la Revolución Democrática y líder de diversos movimientos identificados como “de izquierda” en México. Se ha recordado su acompañamiento al potosino Salvador Nava Martínez en su campaña y en su Marcha por la Dignidad luego de las elecciones de 1991, donde Nava representaba a la oposición coaligada. También como aliado y crítico del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Candidato presidencial de muchas juventudes, referente de las transformaciones y cambios que ha tenido el sistema político desde finales del siglo XX y protagonista de la formación y cambio de muchos partidos. 

Ya hemos estado actualizando el blog «Muerte y arte en San Luis Potosí (y, obvio, más allá)» ( disponible en https://muerteenlaliteraturapotosina.blogspot.com/), y queda ya solo la correspondiente a mañana. Aún falta subir varios “post” interesantes. Pásenle a este camino virtual de cempasúchil y papel picado. 

Lo escribió Emily Dickinson: «Puede morir de Luz un Sapo / La Muerte es el derecho que comparten / los Sapos y los Hombres / del Conde y el Mosquito / el privilegio. ¿De qué jactarse, pues? Es el imperio / de la Mosca tan largo como el tuyo».

https://alexandroroque.blogspot.com

Correo: debajodelagua@gmail.com