Días Santos

Al menos los días santos existen para disminuir ciertos ritmos aunque se aceleran otros.

Hacemos pausa en los trabajos y buscamos locamente la vacación, la arena, el sol y muchos, la fiesta.

Los días de semana santa están dejando de ser santos y convertirse en días no laborales simplemente. Las procesiones, altares e iglesias son más un atractivo turístico de tres estrellas que se amalgaman con eventos festivos con cha cha chá, danzón o bolero como protagonistas en plazas o salas de fiestas.

El domingo de ramos pierde su sentido como hecho bíblico para convertirse poco a poco en leyenda que amerita el souvenir de las palmas, el burro y la sagrada familia recordada en su entrada a Jerusalén.

Levantamos foros y sets atractivos que atraigan miradas y consumo de chuchulucos en nuestros paseos por calles de centros históricos, en casi todas nuestras ciudades capitales y en nuestros pueblos mágicos o fantasmas.

Todo se vuelve material de consumo, imán para el paseante local o foráneo. Las terrazas revientan en su oferta de micheladas y botanas mientras Jesús y su viacrucis, más que invitar a la reflexión, se confunden con cualquier festejo, cual 15 de septiembre o 10 de mayo.

Ni bien ni mal, simplemente así es y así ha evolucionado el carácter de las sociedades que en otros tiempos veían con malos ojos lo que hoy es una normalidad. Correcto o incorrecto, depende de la familia y su ortodoxia religiosa. Hoy vivimos en otro momento cultural y social y la filosofía del entretenimiento va en primera fila.

Quizá esto pareciera una añoraranza a aquellos días en que uno salía solo para asistir a los famosos oficios o bien a rígidas celebraciones eclesiásticas. Pero la verdad es que nunca he sido una fervorosa practicante, y aunque encontraba en ocasiones los días santos demasiado aburridos, largos también era agradablemente tranquilos. Quizá eso es lo único que echaría de menos hoy que en cada esquina hay una fiesta hasta las mil horas de la madrugada sin que nadie controle el ruido o el uso de suelo para bares o restaurantes.

En fin, es una Semana Santa de un siglo nuevo que ya cuenta con 22 años de vida y generaciones con nombre de letra del alfabeto que han renovado y desechado costumbres, para dar paso a un tiempo nuevo, que quisiéramos fuera cada día mejor.