Diez nombres y una sospecha

Esta semana una historia saltó a los reflectores nacionales en Estados Unidos. El miércoles 15 de abril, Fox News preguntó en la rueda de prensa de la Casa Blanca que ha hecho emerger un tema sospechosamente importante: ¿alguien ha estado investigando la cadena de científicos, técnicos y personal ligado a investigación sensible que ha muerto o desaparecido desde 2023? 

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la casa Blanca respondió que revisaría el asunto; el jueves 16, Donald Trump dijo que acababa de salir de una reunión sobre el tema y lo describió como “pretty serious stuff” un asunto muy serio. El pasado viernes 17 medios como CBS News y KOB de Nuevo México terminaron de convertir la sospecha en noticia nacional. 

La lista no es uniforme. Algunos medios hablan de diez casos y otros agregan nombres que debilitan la hipótesis de una sola trama. Michael David Hicks, científico de la Jet Propulsion Laboratory (JPL), murió el 30 de julio de 2023. Frank Maiwald, también figura de largo recorrido en la misma entidad financiada por la NASA, murió el 4 de julio de 2024. Mónica Jacinto Reza, directora de procesamiento de materiales en JPL, desapareció el 22 de junio de 2025 mientras caminaba por el bosque nacional de Ángeles. 

A esa secuencia se suman dos muertes violentas que empujaron la idea de un patrón. Por una parte, Nuno Loureiro, director del Plasma Science and Fusion Center del Massachusetts Institute of Technology (MIT), fue baleado en su casa en diciembre de 2025 y murió después. Loureiro era una figura central en investigación de fusión y física de plasmas. Carl Grillmair, astrofísico del California Institute of Technology (Caltech) con trabajo en misiones respaldadas por la NASA, fue asesinado a tiros afuera de su casa el 16 de febrero de 2026. En ambos casos hubo investigaciones y las autoridades no han dicho que sus muertes estén ligadas a su trabajo científico, pero sus nombres fueron absorbidos por la misma narrativa pública. 

El núcleo más inquietante está en Nuevo México. KOB reportó en días recientes que al menos cuatro desaparecidos tienen vínculos con instalaciones o ecosistemas de seguridad nacional. William Neil McCasland, mayor general retirado de la Fuerza Aérea desapareció el 27 de febrero de 2026 en Albuquerque. Había comandado laboratorios de investigación de la Fuerza Aérea y su nombre aparece desde hace años en especulaciones sobre programas aeroespaciales sensibles. Steven Garcia desapareció el 28 de agosto de 2025; distintos reportes lo vinculan con el Kansas City National Security Campus en Albuquerque, complejo dedicado a componentes no nucleares del arsenal atómico estadounidense. Melissa Casias, asistente administrativa de Los Alamos National Laboratory, desapareció el 26 de junio de 2025. Anthony Chávez, ex trabajador de Los Alamos, lo hizo en mayo de 2025. 

Y ahí está la razón por la que el tema prende tan rápido: Jet Propulsion Laboratory, Caltech, MIT, Los Alamos National Laboratory, Air Force Research Laboratory, y Kansas City National Security Campus no son nombres cualquiera, son marcas asociadas con cohetes, energía, materiales avanzados y sistemas de defensa. El público ha dejado de ver casos aislados y empieza a vislumbrar un posible dibujo conspirativo. La sospecha ya dejó de ser sólo una conversación de foros. 

CBS reportó este viernes que personas cercanas a las investigaciones no ven vínculos claros entre los expedientes y que una fuente gubernamental dijo que el FBI no los estaba tratando como un patrón unificado; la oficina vinculada con la seguridad nuclear del Departamento de Energía dijo que está al tanto y revisa el asunto. KOB recogió incluso la opinión de un archivista especializado en temas ovni que sostuvo que, por ahora, la única conexión demostrable entre los cuatro casos de Nuevo México es la geografía. 

La desconfianza convierte la sospecha en noticia, aun sin pruebas de certeza.

X: @jchessal