Diputados ninguneados

La presidenta del actual congreso potosino declaró, hace poco, que “tienen más credibilidad los policías que los diputados (locales)” y eso, en estos días en que las distintas corporaciones policíacas potosinas se han mostrado más que ineficientes, por decirlo amablemente, nos deja a los ciudadanos con un amargo sabor de boca. Como era de esperarse, “cuando entre gitanos sí se leen las cartas”, pronto le tomaron la palabra a la diputada y allí tienen que el titular de la policía estatal potosina, sin mayor empacho, dejó plantada a la comisión jurisdiccional que lleva el caso del juicio político enderezado en su contra. Sin más, el jefe policíaco resolvió que no acudió a comparecer con los diputados porque se le “olvidó”; lacónica expresión para ningunear a quienes siguen sin dignificar la representación popular.

     Desde luego que no es creíble que padezca amnesia el funcionario policíaco, más bien parece que supo aprovechar el sincero “mea culpa” de una diputada que, por cierto, nunca fue reconvenida por alguno de sus pares acerca del dicho sobre la credibilidad legislativa perdida y, por supuesto, menos aún por la sociedad potosina que, en efecto, tiene por sabido y experimentado ese grado de descrédito acumulado. Lo que interesa destacar, en todo caso, es el nivel de ninguneo a que han sido llevados los actuales diputados. Para que un jefe policíaco (que hace apenas unos días era cuestionado hasta por su más cercano colaborador por los resultados y que mejor prefirió renunciar a su cargo) desdeñe a los diputados, es porque, de plano, ya no queda el mínimo de respeto a ese poder del Estado.

     Por supuesto que tampoco hacemos tabla rasa de esa condición de los diputados, tal vez habrá alguno que pueda ser la excepción que confirme la regla, pero el punto es que como cuerpo representativo de los intereses generales de la sociedad potosina, el congreso local está ciertamente devaluado. Igualmente, no valdría desdeñar el ninguneo a diputados tomándolo de quien viene, es decir, de quienes se asumen como la “autoridá” en materia de seguridad pública, toda vez que andan cojeando de la misma pata; pero es que todo indica que sí, que hasta la policía tiene algo más de credibilidad por acá. No es consuelo de tontos ese juego de menosprecio entre diputados y policías porque la crisis de seguridad en la entidad potosina nomás no cede y, citando al filoso-fo extraterrestre Maussan, “nadie hace nada”.

     En el pasado reciente, los diputados locales han sido harto ninguneados por el pueblo potosino con motivo de las más diversas corruptelas y si llegamos a creer que el amplio descrédito los haría rectificar, hoy nos damos cuenta que ha sido al contrario; entre más sucio sea el fango en que se han regodeado, pareciera que eso incentiva cometer más agravios. ¿Por qué ese grado de impudicia alcanzado? Sin duda, tiene que ver la impunidad que se ha prohijado y mezclado con intereses de representantes de otros poderes del Estado que se hacen guajes con la responsabilidad de llamarlos a cuentas y que, en el colmo del descaro, hasta sus desmanes les andan luego celebrando.      

     En el pasado más lejano, la sociedad se defendía tomando medidas de apremio a los representantes más desvergonzados, tales como “adoptar un diputado” y que consistía en vigilar de cerca su actuar cotidiano, evidenciando abusos para tener claro que no merecían el menor asomo de consideración ciudadano. Pudiera objetarse que a esos sujetos les importa un bledo lo que hagan o dejen de hacer sus representados, al fin que ya llegaron al poder y hasta se las ingenian para permanecer bien apoltronados; pero esa es precisamente la cuestión, evitar que después del niño ahogado, hagan más grande el pozo. Ningunear diputados es un paso, otro es mandarlos al carajo cuando busquen saltar a otro encargo. De la policía, ya mejor ni hablamos, allí que Dios nos agarre confesados.