México es un país dividido socialmente, sea por nivel de ingresos, por nivel de educación, religión o ideología política. Está situación se traslada a la vida cotidiana con actos de discriminación, la cual es una práctica ancestral. La vemos en la familia, escuela, trabajo, centros comerciales, pero sobre todo en la política. 2024 será un año polarizado, de conflicto, donde las clases sociales expresarán sus preferencias ideológicas durante más de seis meses y que se verán reflejadas el 2 de junio.
La práctica de dividir a la sociedad ya inició en 2023. Políticos que aspiran a un puesto de elección popular han iniciado actos de proselitismo en búsqueda del apoyo de quienes consideran más vulnerables. Reparten despensas, cobijas, juguetes, materiales de construcción, que en lo general son de mala calidad. La entrega la acompañan de fotografías y videos que difunden en sus redes sociales. Son actos en escenarios de pobreza, no hay proselitismo en las clases medias y altas. Estos sin duda son actos de discriminación que dividen aún más a la sociedad.
En meses pasados presenciamos la elección de las precandidatas a la presidencia de la república de las dos principales fuerzas políticas. En redes sociales se difundió un discurso de odio, destinado a esa clase social que en público se sacan la foto pero que en privado ofenden con calificativos como: ignorantes, sin neuronas, analfabetas, apestosos, por el solo hecho de tener una preferencia política de izquierda. El país no lo divide un actor político, lo dividen quienes emiten frases de discriminación social de manera cotidiana.
Las prácticas políticas presuponen, que en el país predominan los pobres, a ellos dirigen sus discursos, acuden a ellos en tiempos electorales, pero los ignoran cuando ocupan la presidencia municipal, la diputación, la gubernatura o cual quiere otro puesto en el servicio público. Se hacen pasar por indígenas cuando no lo son; simulan ser humildes cuando en realidad son arrogantes, hacen creer que les preocupa la pobreza cuando en realidad tiene como prioridades políticas públicas que nada tienen que ver con lo social.
La división social es impulsada por las prácticas políticas. La sociedad tiene muy claro esto, tiene definida su preferencia electoral, la cual parece que no cambiará en los próximos seis meses. Quien adopte una narrativa acorde a las necesidades sociales, sin un doble discurso y sin ofender a la dignidad humana, serán quienes logren la aceptación del electorado. Los más pobres aceptarán los apoyos que les entreguen los políticos, pero sus preferencias no cambiarán, son más inteligentes que la clase política.
En conclusión: somos un país dividido, principalmente en la política. Los pobres están presentes en el discurso, pero no en las acciones. A pesar de que somos un país de clase media, y que está es la que otorga los triunfos electorales, no hay una estrategia orientada a obtener su apoyo; son quienes, con memes, en redes sociales, se burla de la clase política. Existen las condiciones para transformar el discurso de odio e impulsar la cohesión social. A todos mis lectores reciban un fuerte abrazo con mis mejores deseos para 2024. Próxima colaboración: 10/01/24.
@jszslp