Marchamos para expresar nuestra opinión.
Marchamos de blanco o de rosa -o sin color ni partido- para mostrar el espíritu pacífico implícito de esta manifestación.
Marchamos en congruencia con el concepto de “democracia” que significa:
“Sistema político en el cual la soberanía reside en el pueblo, que la ejerce directamente o por
medio de representantes.”-
Marchamos porque también somos parte de nuestro pueblo que es México: entendido éste, como: “Conjunto de personas de un lugar, región o país.”
Caminamos entre conocidos y desconocidos porque nos interesa seguir teniendo un árbitro electoral imparcial e independiente de los principales poderes.
Llevamos a nuestros bebés y a nuestros hijos porque no sentimos ningún temor de manifestarnos y porque confiamos en que quienes lo harían con nosotros, aún sin conocerlos, no caerían en un comportamiento indigno o violento. Y queremos que así permanezca.
Marchamos sin saber – algunos quizá sabiendo- quién iba a ser el orador en la plaza de Fundadores. Entendiendo que el corazón del movimiento estaba en la marcha en sí misma, en consenso por la defensa del INE y con ello de toda la gente.
Marchamos sin que eso implicara afiliarnos a partido alguno o amistad alguna.
Marchamos para seguir teniendo elecciones abiertas sin militares de por medio.
Marchamos porque creemos en que seremos escuchados y tenidos en cuenta a pesar de las descalificaciones y los señalamientos de corte despectivo, expresados en tono de desprecio.
Marchamos por un país de libertades, de tranquilidad y de seguridad: índices cada día más menguados y amenazados sin necesidad de recurrir a las estadísticas: simplemente medido en la experiencia en carne propia.
Marchamos para pedirle a la máxima autoridad “que no marche” y deje por la paz los anhelos imperialistas que tanto crítica.
Marchamos porque al marchar así, de esta manera, reflejamos el respeto a la autoridad a pesar del desacuerdo.
Marchamos por seguir teniendo un país en donde la piel blanca y la piel morena se vean uno al otro como seres humanos y no como clientes del partido en el poder.
Marchamos porque queremos un país libre, un país sin confrontaciones, un país justo con autoridades honestas elegidas no por unos cuantos como se pretende.
Marchamos, en una manifestación pacífica que debe entenderse así, aunque no sea fácil para los que nos llaman oposición o conservadores.
Marchamos por un país con mejor educación y mayor capacidad crítica, para que todos accedamos a los estudios y podamos tener la certeza de no estar siendo manipulados por la fuerza de la influencia de las redes y el reduccionismo en discursos y declaraciones.
Marchamos porque aún confiamos en la capacidad de reflexión y autocrítica de los que nos ven con malos ojos y con la esperanza de llegar a un consenso que en realidad se refleje en un avance y no en un retroceso.
Marchamos porque en el siglo XXI se exige de los ciudadanos la capacidad de diálogo y no de confrontación.
Marchamos y respetamos a los que no lo hicieron porque estamos en un país libre…todavía.
Marchamos y marcharemos nuevamente de ser necesario antes de que sea demasiado tarde.
México es y debe seguir siendo este lugar maravilloso; un lugar justo y generoso para sus habitantes ¡Marchemos para lograrlo!