Donde Reside el Poder

Es una historia que encajaría mejor en las páginas de un libro apasionante de suspenso que en los anales de la historia del arte; sin embargo, no cabe duda de que la Colección Gelman —con su historia, sus complejidades, su misterio y su aura singular— posee un atractivo fascinante. Por supuesto, en el centro de todo se encuentra la obra de Frida Kahlo —artista internacional de renombre difícil de igualar—, pero se trata también de una historia que entraña legados y herencias cuestionables, litigios resueltos finalmente en secreto, el asesinato sin esclarecer de un notario que supervisó la transferencia de propiedad de la colección, la desaparición de esta del ojo público y —ahora— una enorme polémica en México, donde el gobierno parece haberse posicionado en contra de sus propias leyes sobre el patrimonio cultural de la nación.

Aunque la Colección Gelman —que alberga algunas de las obras más preciadas y emblemáticas de México— ha tenido una historia turbulenta y oscura, es tal vez en 2026 cuando su trayectoria adquiere una dimensión plenamente internacional. Esto se debe a que la colección está en este momento saliendo de México; actualmente se encuentra en tránsito hacia España, donde se exhibirá en el nuevo Faro Santander tras haber concluido su exposición en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

El Faro Santander es un nuevo centro cultural y artístico de 10.000 m² creado por la Fundación Banco Santander, cuya inauguración está prevista para septiembre de 2026. Ubicado en el histórico Edificio Pereda de Santander, España —que sirvió como sede principal del banco durante casi un siglo—, el inmueble ha sido rediseñado por el reconocido arquitecto británico David Chipperfield. Cuenta con seis plantas de espacios expositivos, un centro tecnológico, áreas para artistas locales, una entreplanta familiar, un auditorio, un restaurante y una terraza mirador en la azotea con vistas a la bahía de Santander. Sin duda, es un logro considerable y, por si cabía alguna duda, también albergará obras maestras de la Colección Banco Santander, incluidas piezas de Tiziano, Goya, El Greco, Velázquez y Rubens. Es en este contexto de excelencia donde se exhibirá, durante este otoño e invierno, la Colección Gelman, con sus obras pertenecientes al patrimonio cultural de México.

Se trata de un edificio —y de un concepto— diseñado para irradiar una opulencia que tira al siglo XIX; utilizando el arte y el patrimonio artístico para reflejar cómo el Banco Santander ha alcanzado un nivel de reconocimiento internacional, por no hablar de su poder adquisitivo. Una cosa es exhibir a los grandes maestros españoles, y otra muy distinta es pasar por encima de la opinión pública y de la indignación cultural al otro lado del Atlántico —en México— con el fin de mostrar aquello que se es capaz de exponer y lo que se cataloga como una colección propia: la Colección Gelman Santander.

Fundado en 1857, el Banco Santander fue durante más de un siglo un banco español de segundo nivel, hasta que adoptó una estrategia de expansión y una operativa sumamente agresiva hacia finales del siglo XX. En 1994 adquirió el banco español Banesto —que atravesaba dificultades—, lo que catapultó al Santander al primer puesto del mercado en España; posteriormente, impulsado por este éxito, continuó su expansión internacional con un fuerte despliegue en América Latina a principios de la década de 2000, que incluyó las adquisiciones del Grupo Banespa en Brasil, el Banco Santiago en Chile y, por supuesto, el Grupo Serfín en México.

Para un banco como Santander, las adquisiciones no son meras operaciones de compra; se han convertido en una forma de existir y de concebirse como entidad, así como —por supuesto— en un medio para exhibir éxito y proyectar un aura financiera que, podría decirse, resulta aún más importante que demostrar cifras sobresalientes. No sorprende, por tanto, que el banco se muestre insensible ante las inquietudes que rodean la apropiación y el uso del patrimonio Mexicano, pues es precisamente en este tipo de adquisiciones agresivas donde reside su razón de ser. Incluso si Santander no fuera un banco español —con todas las connotaciones de traumas históricos que ello conlleva en México—, su comportamiento seguiría siendo marcadamente colonialista.

El poder reside donde siempre ha residido. Allí donde se concentra el dinero y donde impera la élite, allí está el poder. Precisamente para eso se redactan las leyes: para limitar la capacidad de acción de estas fuerzas —supuestamente históricas— y para proteger al Estado-nación y a su pueblo de fuerzas codiciosas (en este caso, multinacionales) que pretenden actuar a su antojo. En el caso de la Colección Gelman, el esplendor artístico de los grandes maestros en el Faro Santander —la propia Kahlo, así como Diego Rivera, María Izquierdo y Rufino Tamayo, entre otros— no busca exaltar el patrimonio cultural único de México, sino satisfacer la voracidad de una entidad financiera, en este caso el Banco Santander.