Unos por omisión, otros por estupidez y otros más por interés personal, los mexicanos nos hemos ganado esta desgracia. Al votar, al no votar, al equivocarnos en el voto, al no cuestionar ni exigir a los gobiernos o las instituciones… no sólo los últimos ocho años, sino en décadas anteriores que nos condujeron a la actual tragedia.
Ya es mucho lo que se tiene que detener o corregir a fondo. Y deberíamos entenderlo lo mejor posible.
Se dice que el obradorismo está atrapado en una red de mentiras e impunidad, que le impide actuar contra sus aliados narcos y sus miembros corruptos. Esto lo exhibe ante las autoridades de Estados Unidos, a la vez que compromete la soberanía e independencia del país.
Sabemos bien que la impunidad lleva a más corrupción, de manera que cada día se necesitan más y más mentiras en una narrativa que se nutre de engaños sostenidos … incluso autoengaños. Pero eso no se sostiene eternamente, como lo estamos observando ya.
Ninguna desgracia es para siempre.
El populismo obradorista no sólo nos ha robado años de vida, les robó el futuro a millones de jóvenes y niños mexicanos, incluidos algunos que todavía no nacen, con un endeudamiento irresponsable que no apoyó la educación o la construcción de un mejor mañana: les pasa, así, a las futuras generaciones la cuenta de los votos que compró para perpetuarse en el poder.
Este movimiento se escuda tras una engañosa máscara de justicia e igualdad… que acaso recuerda ideas socialistas de otros tiempos y lugares, pero es más bien demagogia.
Y, ojo, casi todo va mal. ¡Véanlo!
La Salud es uno de los casos más tristes del derrumbe general, con verdaderos dramas para la población, y ahora la falsa promesa de una inalcanzable cobertura universal. Igual, la Seguridad resalta entre tantos retrocesos de la debacle, lo cual incluye el escandaloso contubernio del partido oficial con el crimen organizado.
Con el desastre de inseguridad y criminalidad se agravan los conflictos internacionales y el gobierno abusa de la palabra “soberanía”. Un exembajador de México en Estados Unidos (2006-2013) recalca que un país no se vuelve más soberano si se habla en exceso de soberanía, pontificando sobre defenderla ante cualquier problema. Se vuelve más soberano si se fortalecen su estado de Derecho y sus sistemas de justicia, rendición de cuentas, transparencia y seguridad pública; se combaten la corrupción, la delincuencia y la impunidad; se promueve una democracia liberal de contrapesos y derechos humanos; se refuerzan la sociedad civil y las libertades de prensa y expresión; se robustece su economía con oportunidades de empleo en el sector productivo; se aseguran una mayor equidad y sustentabilidad; se reducen sus vulnerabilidades frente al exterior, y se juega un papel activo y responsable en los vínculos diplomáticos y de comercio internacional. Es decir, todo lo que se ha dejado de hacer en México desde 2018.
Para proteger a un amigo gobernador se recurre a las trampas retóricas de que la soberanía nacional está en riesgo y es momento de “unidad nacional” frente a intereses extranjeros. Nos debe quedar claro que tanto ésta como la soberanía han sido sacrificadas por el gobierno Federal, que no sólo ha polarizado y dividido al país, sino que se ha coludido con el crimen y enfrenta a un agresivo gobierno estadounidense que pretende actuar en tareas que el Estado mexicano no ha cumplido.
¿Unidad… en torno a qué?
Es lamentable que termine así la primera mujer que es presidente de este gran país, aunque eso no es sólo culpa de ella sino mucho más del patán que la dejó allí y, ante las broncas que le heredó, éste parece inclinarse porque caiga la Presidenta para salvarse él. México nunca le interesó, se confirma.
¿Y CSP? Miren, ella y su equipo quedan muy mal una y otra vez, con desgastes que perjudican al país y complican un esfuerzo conjunto que es esencial para que sociedad y gobierno sean eficaces.
En más de un siglo, México no había visto tan cerca una intervención militar extranjera, que el actual gobierno provoca al proteger a delincuentes internacionales que han afectado otros países. ¡Lástima, tiempo le habrá sobrado para rectificar!
* “NO MENOSPRECIES A UN tirano, aprendes mucho de él; de sus errores, su fanatismo, megalomanía, paranoia, trastorno antisocial, sus mentiras y desprecio por la vida humana. Esas lecciones para la resistencia jamás se olvidan” (L.G. Carrillo, abogado y periodista colombiano).
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