Efectos del incremento al salario mínimo en la economía mexicana

A partir del 1º. de enero de 2026, el salario mínimo general será de 315.04 pesos diarios o de 9,582.47 pesos mensuales, y para la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN), el salario mínimo será de 440.87 pesos al día, o de 13,409.80 pesos mensuales. Este aumento representa un alza del 13% respecto al salario mínimo diario vigente actual. Este incremento solo aplica para los sueldos que queden por debajo del nuevo salario mínimo, y no modifica los salarios contractuales o profesionales que están por encima de los montos mencionados.

Después de varios días de negociación en el Consejo de Representantes de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), los empresarios y los trabajadores llegan a este acuerdo en el que se beneficiarán 8.5 millones de personas trabajadoras en México. Este ajuste al salario mínimo alcanzaría para comprar 2 canastas básicas, cuando en 2025 las personas compran 1.8 canastas. El objetivo de la actual administración federal para 2030 es que se puedan adquirir 2.5 canastas básicas. 

El aumento acumulado del salario mínimo de 2028 a 2026, se ha más que triplicado, pero desde el punto de vista del poder adquisitivo, el salario mínimo general ha logrado una recuperación real de cerca del 154%, lo que se traduce en una mayor capacidad para adquirir bienes básicos, servicios y mejorar las condiciones de vida. Desde la perspectiva económica y empresarial, la política salarial tiene límites, ya que no es posible un incremento continuo sin generar presiones que podrían afectar al empleo formal, la competitividad o la viabilidad de las micro, pequeñas y medianas empresas.

Entre los impactos positivos del aumento en el salario mínimo para 2026, se encuentra la mejora en el poder adquisitivo, dado que favorece la capacidad de compra de los trabajadores con menores ingresos, lo que a su vez impulsa el consumo en sectores como el de alimentos, transporte, comercio y servicios. Se reduce la pobreza laboral e incrementa el bienestar y la seguridad económica de las familias. Hay una disminución de la desigualdad al cerrar la brecha entre los salarios más bajos y el promedio. Se estimula el mercado interno, al tener más ingreso disponible, los hogares consumen más, lo que reactiva la demanda interna e impulsa el crecimiento económico. Se incentiva la permanencia en empleos formales y se reduce la rotación laboral al existir un salario digno.

Algunos de los impactos negativos se refieren al aumento de los costos laborales de micro, pequeñas y medianas empresas, lo que se traduce en mayores costos operativos, reducción de márgenes de utilidades y dificultad para absorber dichos incrementos. Hay un mayor riesgo de informalidad, al evitar contratar personal, reducir las planillas de personal y pasar trabajadores a esquemas informales para reducir costos. Se puede presentar el reemplazo de mano de obra por automatización, particularmente en donde el trabajo es repetitivo y sustituible, lo que motiva a la inversión en tecnología, o la sustitución de empleos por máquinas o software. Finalmente, el impacto en la competitividad y el sector exportador, cuando los salarios se incrementan más rápido que la productividad, las empresas pierden ventaja y se presiona la competitividad manufacturera.

El impacto del aumento en el salario mínimo depende de su proporción, el contexto económico y las políticas complementarias. Este aumento debe ir acompañado de mejoras en la productividad, capacitación y apoyos a las micro, pequeñas y medianas empresas, para evitar efectos inflacionarios, de informalidad o pérdida en competitividad.

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