El águila y el pollo

Llegaron a feliz término las festividades del centenario en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí; y no tenía por qué ser de otra forma, pero había dos riesgos latentes, ambos al margen de la actitud institucional y diplomática que ha llevado el rector hasta el momento. Uno eran que en medio de las celebraciones el gobernador en algún exabrupto arremetiera una vez más contra la casa de estudios, su personal y contra todo aquello que le pareciera que no tenía razón de ser y, otro que no era nada descabellado, la posibilidad de que algunos miembros de la comunidad universitaria (estudiantes, académicos o administrativos) se fueran por la libre y se manifestaran en contra de las actitudes beligerantes del gobernador. 

En la última posibilidad el más afectado sería el rector, ya que por un lado estarían los señalamientos palaciegos en los que se le asignaría el sambenito de ser el artífice de la protesta, por mínima que esta fuera, con el único fin de golpear la imagen del gobernador, en tanto que por el otro, muy posiblemente disminuiría su popularidad dentro de la referida comunidad, por no haber sido él quien encarara los desplantes caciquiles de Ricardo Gallardo.

Por fortuna nada de esto ocurrió, las festividades trascurrieron sin novedad alguna y podríamos decir que hasta cierto punto pasaron desapercibidas. Sí, faltó el esplendor que implica un centenario, pues salvo el billete de la Lotería nacional con la imagen del Edificio Central no se supo de algún otro acto de trascendencia presente y futura; no hubo ediciones bibliográficas en elegantes formatos, ni obras materiales o cápsulas del tiempo encaminadas a dejar testimonio del momento histórico de la institución.

Es cierto que los tiempos no están como para estar gastando lo que no les dan, pero para eso hay patrocinadores, muchos de estos exalumnos, que seguramente encantados hubieran apoyado a su alma mater. En el último de los casos estaba la posibilidad de pedirle al propio Gallardo que apadrinara la pachanga, que al final  se le dan de manera natural, le salen muy bien y aparte de que lo hubiera hecho de gollete para sus ahijados universitarios, las rapeadas, tamborazos julionescos y batucadas hubieran durado al menos quince días. 

Más aún, emocionado por el padrinazgo y empeñado en proteger a la ahijada, queda claro que no le hubiera otorgado más recursos, pero al menos si hubiera declarado que ya se estaba buscando que esta fuera la universidad más grande e importante de todo el continente americano. Pero esto no fue así les faltó visión y hasta incurrió en la descortesía de no asistir a ningún evento, enviando en su representación al primero que se le vino a la mente o le pasó por enfrente.

Por cierto, y a manera de fastidioso breviario cultural, no se alcanza a comprender por qué  en el marco de este centenario se le dio más peso a la autonomía que a la creación de la propia Universidad, que –ésta sí– indiscutiblemente cumple cien años cabales.  Y no es que haya malquerencia a la UASLP, simplemente hay que explicar las cosas como son y no utilizarla para idealizaciones ociosas o románticos maniqueísmos regionales. Amor o aborrecimiento no restan conocimiento. 

Reflexionando un poco, es probable que el gobernador no hubiera apadrinado los festejos porque en palacio tampoco hay lana, con todo y que presuman la venta de los terrenos que abandonó la Ford, a Steel Dynamics, y aunque diga que  ya ocurrieron, no le vaya a pasar lo que con el avión presidencial; pero bueno esos centavitos, según dicen será para la Vía alterna y no para más.    

Mientras tanto seguirán los problemas en la dirección de Pensiones, con diversos organismos y ¡el adeudo con el Poder Judicial! (Manuelita se fajó y se los dijo). Aunque se quiera ver para otro lado y buscar culpables en otras latitudes, la verdad es que el estado de las finanzas ya no se puede achacar a la herencia maldita, sino al “Zaqueo” de esta administración. Si no hay dinero es porque se lo han embolsado o lo han destinado para otras cosas fuera de la asignación original. No hay más (y sí mucho menos).

Gracias por la lectura.