El control interno en las instituciones públicas

“Una vida sin riesgo es 

una vida gris, pero una vida 

sin control probablemente 

será una vida corta”

Bertrand Rusell.

En un artículo anterior ya habíamos dado una introducción y explicado lo que entendemos por control y control interno. Sobre este segundo concepto dijimos que es un conjunto de elementos, normas y métodos, que existen resultado de la propuesta de jefes y empleados, a fin de prevenir cualquier eventualidad o complicación que afecte la buena marcha de una acción.

También comentamos que el control en todas sus manifestaciones es tan antiguo desde la aparición de la actividad humana, hasta su evolución y sofisticación del concepto y las herramientas que se implementan en nuestros días para ponerlo en práctica.

Dijimos que existen diversos modelos de control interno, el cual se entiende como un proceso integral que se adapta al cambio permanente de una organización, donde se involucran todos sus integrantes quienes diseñan las acciones necesarias para enfrentar riesgos como resultado de su actividad, verificando que los temas a resolver estén vinculados a su razón de ser, y se cumplan tal y como fueron planeados.

Particularmente en el sector público el control interno tiene como único interés general satisfacer el beneficio público; es decir, producir bienes (infraestructura) y prestar servicios públicos indispensables para el desarrollo económico nacional, favoreciendo así la procuración del bienestar social. También se convierte en una herramienta indispensable para evitar el uso indebido o el despilfarro del recurso público, así como una ayuda para impedir actos de corrupción.

Finalmente, en aquella ocasión comentamos que en México el control interno ha cobrado tal importancia en la administración pública al ser un elemento del Sistema Nacional de Fiscalización, el cual se desprende del Sistema Nacional Anticorrupción. Así pues, pretende convertirse en un paradigma de carácter preventivo que ayude al mejor funcionamiento de las instituciones gubernamentales, en beneficio de la sociedad a la que sirven.

El control interno cobra especial importancia en el ámbito público al reforzar la profesionalización en la administración pública, da mayor certeza en la actuación del servidor público, y colabora en apuntalar la transparencia y rendición de cuentas, al tener la seguridad de lo que se hace y como se hace, por lo que se legitima el resultado, y éste se presenta de manera abierta al ciudadano.

En otras palabras, el control interno promueve que los programas y proyectos gubernamentales cumplan de manera eficiente con su propósito y, por otra parte, ayuda a mejorar la calidad de los servicios; favorece el adecuado manejo del presupuesto, promueve su aplicación eficiente y transparente; fomenta la integridad, el combate a la corrupción en el servicio público y la rendición de cuentas.

Desde el punto de vista administrativo, el control interno es un mecanismo cuya función radica en enlazar sus propios componentes para, además de lograr los objetivos institucionales, medir y comprobar la eficiencia de la gestión en un contexto de seguridad razonable.

Con este andamiaje, la autoridad de los entes públicos emite una serie de políticas, medidas, procesos, procedimientos, etc., de acuerdo a la norma bajo la cual se rigen para su oportuna planeación, operación, seguimiento y evaluación a fin de cumplir con su misión y sus objetivos institucionales.

Pero, ¿qué sucede si no se instruye su cumplimiento?; ¿si se instruye, pero no se evalúa las acciones adoptadas que se dijo se van a ejecutar, o si esas acciones a ejecutar no se están alineadas a las leyes, normas o documentos de planeación que regulan su actuación, o si no se vigila que se cumplan?

Aquí es donde entra la razón de ser del control interno; es decir, todos aquellos mecanismos que operan en una institución que favorecen y ayudan al cumplimiento de los objetivos no sólo institucionales, sino los propios del control interno. Para responder estas preguntas, surgen otra serie de interrogantes:

¿Es posible contar con instituciones y administraciones sanas, que cumplan con los fines para los cuales fueron creadas, libre de fraudes y corrupción, si alguno, o algunos de los elementos de control interno no se cumple, o se cumple de manera deficiente?

¿Un país como el nuestro cuenta con las herramientas normativas, metodológicas y normativas adecuadas para prevenir actos de corrupción, fraudes y errores a través de herramientas como el control interno?

Estas y otras incógnitas surgen cuando abordamos temas tan sensibles como la corrupción y la rendición de cuentas, donde lamentablemente nuestro país ocupa los primeros lugares a nivel internacional en los rankings que la miden.

Abordaremos y trataremos de dar respuesta a estos planteamientos vinculados al control interno, en próximas entregas.

jmanuelrmoreno@yahoo.es