El diálogo roto

Vivimos una época de polarización política. El discurso que genera antagonismos entre iguales, de sobra se sabe, genera buenos rendimientos electorales. Los buenos somos nosotros, los corruptos están allá enfrente. Nosotros sabemos cómo hacer las cosas, ustedes no. Somos el bien, ustedes son el mal. Tienes que votar por nosotros, porque si no lo haces así, estás en contra de México.

En la ciudadanía, la polarización se manifiesta de distintas formas. Las más notorias se relacionan con la fragmentación social, la tensión social y la falta de consenso. Cuando las opiniones políticas se polarizan en extremo, las personas pueden volverse menos dispuestas a escuchar a aquellos con puntos de vista diferentes, lo que dificulta el diálogo y la negociación política.

La sociedad se divide en grupos opuestos, lo que conduce a la fragmentación social y a la creación de burbujas informativas en las que las personas solo se relacionan con quienes comparten sus opiniones. Se normalizan las tensiones y conflictos en la sociedad, lo que en el mejor de los casos da lugar a manifestaciones, protestas y, en casos extremos, a la violencia.

En el ámbito político, la polarización ya ha demostrado que cada vez sea más difícil alcanzar consensos y tomar decisiones políticas eficaces, lo que ya ha conducido al estancamiento y la ineficacia en el gobierno. Hemos observado también el notorio debilitamiento de las instituciones democráticas, ya que ciertos grupos políticos suelen priorizar la lealtad a su partido sobre el bienestar público. Se construye la desconfianza en el proceso electoral, lo que socava la legitimidad de las elecciones y la confianza en la democracia como sistema.

¿Cómo es posible avanzar políticamente cuando prevalece la polarización como ambiente de interacción?. Quizás debemos repensar el potencial de la contrastación para el fortalecimiento de los procesos políticos.

Ilustro esta idea con un ejemplo imaginario -cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia-. ¿Qué es lo que nos dice que el planteamiento político de un partido es correcto? Si una fuerza política mayoritaria -o no- presenta una idea, el ambiente de polarización política suele invalidarla de forma automática. No importan los argumentos o las razones. Ustedes están mal. Son corruptos e incompetentes. Odian a México.

¿La mayoría relativa del voto otorga razón absoluta? No. ¿Por qué entonces la deliberación y el diálogo ha caído en desuso para la formulación de la política?. Porque hay fuerzas políticas que han extendido la contienda electoral a un proceso permanente. Debemos ganar siempre y en todo. Ellos no pueden ni deben obtener nada. La ciudadanía solo puede beneficiarse de nosotros. Así deben ser las cosas.

La ausencia de diálogo nos ha negado la posibilidad de contar con políticas o decisiones que pudiendo ser buenas, fueron rechazadas por la aritmética legislativa o los absolutos de un poder ejecutivo. 

Soy de la idea de que, desde el lado de la ciudadanía, la exigencia de estatura política y vocación democrática debería ser imperativo cotidiano. Los discursos valentones y dicharacheros detonan la algarabía, pero trastornan al proceso político y debilitan a la sociedad a la que dicen servir. La construcción de acuerdos no debería ser una línea propagandística de spots de radio, sino una cualidad demostrada de quienes aspiran a ejercer una función política representativa.

Mientras impere el discurso de polarización y la política del avasallamiento, se niega la salud del sistema político. Participar en política no debería requerir de gritos y vituperios, sino de claridad de pensamiento, identificación de debilidades, refuerzo de argumentos sólidos, consideración de perspectivas diferentes, habilidades de persuasión y la preparación política para beneficiarse de una oposición real. 

Es la aspiración dialéctica del beneficio que se obtiene cuando se debate y la política se enriquece. Así recuperamos el diálogo. Cuando entendemos que la otredad nos fortalece.

X (antes Twitter). 

@marcoivanvargas