El incómodo Mayo

“Si me atrapan 

o me matan, 

nada cambia”.

Atribuido a Ismael 

“El Mayo” Zambada

Es más fácil atacar a Ken Salazar, el locuaz exembajador de Estados Unidos,  que tratar el meollo del asunto: al gobierno mexicano lo que le incomoda es la captura  de Ismael “El Mayo” Zambada. “El fin no justifica los medios -justificó la presidenta Sheinbaum--. Por supuesto  que este capo de la droga, este líder del Cártel de Sinaloa, qué bueno que está  detenido. Aquí tenía orden de aprehensión, pero el asunto es si hubo una violación a la  soberanía en esa detención”. No solo era una orden de aprehensión, fueron cuando menos cinco. La primera  se giró el 18 de enero de 1998, en el gobierno de Ernesto Zedillo, hace 28 años.  Después vinieron otras cuatro, desde 2000 hasta 2009, en los sexenios de Vicente Fox  y Felipe Calderón. El Mayo se reunió en 2010 con Julio Scherer, director de Proceso, encuentro del  que surgió un texto extraño, parte crónica personal, parte conversación informal, no  una entrevista, y una foto en la que El Mayo aparece con gorra beisbolera y desplante  triunfalista. Sin embargo, las autoridades mexicanas no pudieron nunca dar con él,  quizá porque conocía la sierra mejor que nadie: “El monte es mi casa, mi familia, mi  protección, mi tierra, el agua que bebo”, le dijo a Scherer. Hoy la FGR ha lanzado nuevas investigaciones sobre El Mayo, pero el propósito  es pedir su extradición a México. Al gobierno mexicano le preocupa que el detenido  permanezca en Estados Unidos, pero ya no puede hacer nada al respecto. A sus 76  años, El Mayo se ha allanado a una cadena perpetua a cambio de permanecer en un  reclusorio de baja seguridad y con instalaciones médicas para tratar sus enfermedades.  Seguramente se convertirá en testigo protegido y será todavía más incómodo para el  gobierno mexicano. La única persona que pudo capturar al Mayo fue Joaquín Guzmán López, el hijo  de Joaquín “El Chapo” Guzmán. El propio Mayo narró que el 25 de julio de 2024 lo  citaron para una reunión con él y el gobernador Rubén Rocha Moya en Culiacán, pero  en lugar de eso fue secuestrado y llevado a Estados Unidos. Si el gobierno nacional estuviera interesado en combatir el narco, habría  aplaudido la captura, pero el presidente López Obrador exigió a las autoridades  estadounidenses “un informe completo, no es nada más de declaraciones generales”.  El embajador Ken Salazar dijo el 29 de octubre de 2024 que Estados Unidos informó  de los hechos unos días después de la captura y mostró cartas para demostrarlo.  Añadió: “No se llevó a cabo ningún operativo policial en México; no era nuestro avión ni  nuestro piloto ni nuestra gente. El piloto no era contratista, ni empleado del gobierno de  Estados Unidos, ni ciudadano estadounidense”. La presidenta Sheinbaum descalifica hoy estas declaraciones como “omisión y  mentira”, pero no hay indicación de que lo sean. La versión coincide con la que dio a  conocer el propio Mayo, pero la presidenta dice que se contradice con el hecho de que  “el propio FBI presente el avión en una feria como su hubiera sido un operativo del  FBI”. Solo que una presentación en una feria no es un informe oficial. En realidad, el gobierno mexicano debería estar feliz de que Estados Unidos  haya capturado al criminal que México no pudo o no quiso detener en un cuarto de  siglo desde su primera orden de aprehensión. La incomodidad ante esta captura no  tiene nada que ver con una supuesta violación de la ley mexicana. La presidenta no  tuvo problema en entregar a 92 reos mexicanos a Estados Unidos sin prestar atención  a lo que dicen las leyes nacionales. No es un tema de soberanía, sino de que al  gobierno le incomoda que El Mayo pueda convertirse en testigo colaborador.   El FBI  La FGR está investigado al FBI. Si encuentra que violó la ley mexicana. ¿exigirá  México la extradición del director del FBI en 2024? ¿Romperá las relaciones con  Estados Unidos como hizo con Ecuador? ¿O solo las pausará, como AMLO con  España?  

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