Falta una semana para que se lleve a cabo la consulta de revocación de mandato, esta magnífica institución de corte democrático en donde los ciudadanos van y manifiestan su oposición a que continúe en el poder un personaje nocivo, pero que en México se ha pervertido para tratar de convertirla en una ratificación del señor López.
Es evidente que, al llegar al Poder y tener esos corifeos que le alaban sin razón fundada, López ha emprendido una guerra en contra de quienes disienten de sus ideas, expresiones, acciones u omisiones. Me recuerda mucho aquella frase de George Orwell que dice: “En principio, el fin de la guerra es mantener a la sociedad al borde de la hambruna. La guerra la hace el grupo dirigente contra sus propios sujetos y su objetivo no es la victoria, sino mantener la propia estructura social intacta”, plenamente demostrada en nuestro dolido país actualmente, enfrentados todos gracias a las mañaneras provocaciones y estigmatizaciones con las que se parte en dos a México, el de ellos y el de nosotros.
Con el engaño de qué hay que ir a ratificar al presidente el próximo domingo, se echó a andar una campaña de propaganda contraria a la ley y a la sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que poco han importado a quiénes ven en el señor López la forma de seguir sangrando a México, que cada día se transforma más en un Estado precario en el que lo que menos importa es la ley y la justicia.
Para que tenga validez el ejercicio de revocación de mandato, sea cual sea el resultado, se requiere que vaya por lo menos el cuarenta por ciento del listado nominal de electores a las urnas. Si se cumple con el mínimo, cualquier resultado que se dé es vinculante pero si no, entonces no pasó de ser más que un monumental desperdicio de dinero.
Y es que nadie ha pensado en echar a López de Palacio Nacional. Es su idea, por sus razones y por sus….
Es muy posible que no se alcance ese mínimo, simplemente porque la mayoría de la población se dé cuenta de que este es un ejercicio absurdo, que viola la ley y que no tiene sentido para la vida democrática de México. Muchos No votaran porque no quieren ser comparsas de fanáticos y mesías.
En este proceso el gran perdedor es el Instituto Nacional Electoral, veamos por qué.
Si se reúne el cuarenta por ciento mínimo que se requiere para la validez de la consulta y el resultado le es favorable al señor López, entonces dirá que va a plantear, con el respaldo del pueblo que así se lio pide, la reforma para deshacerse de la autonomía del INE.
Si se reuniera el porcentaje pero el resultado fuera adverso, se lanzaría contra el Instituto argumentando que se falsearon los resultados y que, por lo tanto, hay que acabar con esa institución nociva para la democracia.
Si no se asiste cuando menos ese porcentaje requerido, entonces dirá que es por culpa del INE, qué trató de boicotear el evento y, por lo tanto, hay que acabar con el.
En cualquier caso, el Instituto Nacional Electoral es el blanco y está en la mira.
Es evidente que nunca podemos conocer la intención de las personas más que a través de la forma en que está se traducen en acciones qué se pueden captar por medio de los sentidos. Por eso lo que pudiera parecer un ejercicio de democracia participativa, más bien da entender que lo que se pretende es tener un pretexto para poder acabar con el único órgano que no ha sucumbido al control del señor López o se encuentra en vías de ser aprisionado en las voraces fauces del autoritarismo.
Nadie estaba pensando en remover al presidente por pérdida de confianza y ha sido él mismo quien ha fomentado esta consulta absurda, en la que se han enconado los ánimos entre los mexicanos pues, como dice el mismo Orwell: “Toda la propaganda de guerra, todos los gritos y mentiras y odio, provienen invariablemente de gente que no está peleando”. Porque nadie andaba en esto de revocar mandatos, sino el mismo que lo ejerce y gusta de dividir para vencer.
Insisto en algo que he dicho varias veces en esta columna nunca como ahora hemos estado tan cerca del fascismo.
Cierro con una frase cierta, muy cierta, dicha a finales del siglo XIX con una apabullante certeza, por de John Emerich Edwar Dalberg-Acton, conocido como Lord Acton: “Con un poder absoluto hasta a un burro le resulta fácil gobernar”.
¡Y vaya que sí!.
@jchessal