¿Envoltura patriótica? Pocas horas duró en cartelera el discurso del domingo de la presidenta, pese a su costosa puesta en escena en un Zócalo repleto. Después de mediodía del lunes fue imposible encontrar el rastro de su texto en los sitios digitales. Sólo fragmentos videograbados del fervorín. Hay una fatiga, un desgaste de los arrebatos por la soberanía y contra el intervencionismo repetidos hasta su vaciamiento de sentido. Los diarios más cercanos a Palacio le dieron al discurso sus cabezas principales, sí, contra la injerencia extranjera, pero las desplazaron enseguida con 'destapes' y discordias entre personajes y partidos del régimen. Fotos del largo viaje, esposado, del opositor Ernesto Ruffo, de Almoloya a Ensenada, sustituyeron las imágenes coloridas de la concentración presidencial. La apelación a la soberanía como escudo de impunidad empieza a tener rendimientos decrecientes en el interés general. Incluso, su sofocante reiteración genera recelos en el sentido de que se trataría de una envoltura patriótica —de la que conversamos aquí la semana pasada— a los acuerdos anticipados por Trump en materia de seguridad.
¿Mundo libre? En el terreno de estos entendimientos con Trump sí se podría explorar una línea de distanciamiento con López Obrador. No en los temas internos, en los que el propio discurso presidencial del domingo pareció clausurar toda posibilidad de rectificación del proyecto del expresidente. Al final del día, Venezuela dejó ver que Trump no es profeta del mundo libre y la democracia, como se revistieron las intervenciones estadounidenses del pasado. A la retórica intervencionista de la Casa Blanca de hoy no la mueven los totalitarismos, sino el llamado narcoterrorismo, la seguridad de sus fronteras y una vocación de extorsión, desde posiciones de fuerza, para obtener las mayores ventajas de los débiles y vulnerables.
Sobre el entorno de AMLO. En Venezuela Trump dejó casi intacto el régimen corrupto, dictatorial de Maduro, sin Maduro, claro, al tiempo que se hacía con su riqueza petrolera. En México, el cerco que tiende la justicia estadounidense sobre el entorno de López Obrador: despliegue de ayer del NY Times acerca de las investigaciones de dos agencias del vecino país sobre Andrés Manuel junior y la localización en los Alpes suizos de su examigo en tráfico de influencias, Amílcar Olán, podrían constituir piezas de un arreglo bilateral en materia de seguridad, a cambio de no presionar por una rectificación de la deriva prodictatorial del régimen mexicano. Ayer mismo, la Secretaría de Hacienda se apresuró a anunciar el bloqueo de las cuentas de otros 21 mexicanos sancionados por el Tesoro estadounidense por sus actividades delictivas bajo la protección del régimen.
Cancelación de otras expectativas. Como en la inscripción a las puertas del infierno de la “Divina comedia”, el mensaje presidencial, de fondo, embalado con sus insistentes declaraciones de guerra al intervencionismo, parecería ser: ‘perded toda esperanza’, en respuesta a las expectativas de rectificación del proyecto de López Obrador. Pareció cancelarlas. Si llegamos a dos años de una Presidenta en busca de márgenes para conjurar las crisis heredadas, en avanzada gestación, este empeño parecería llegar a su fin. Y, si la Presidenta se jactó el domingo de la destrucción de “casi” todas las reformas neoliberales, podría estar implicando que le faltan más. ¿Lo que queda de las libertades de expresión y los derechos informativos? A Trump no le importaría.
(Académico de la UNAM)