El Torito bicicletero

Isaac del Toro, el ya famoso Torito bicicletero es oriundo de Ensenada, Baja California. Dejó de ser una promesa del ciclismo para demostrar que México puede competir al más alto nivel. Su irrupción entre la élite del ciclismo mundial no es producto de la casualidad, sino del trabajo disciplinado y de una estructura que creyó en él mucho antes que el país y sus autoridades deportivas conocieran su nombre. Durante décadas, el ciclismo mexicano vivió en el anonimato internacional. Las hazañas de Raúl Alcalá parecían la flor de un día. El Torito cambió esa narrativa al convertirse, en 2023, en el primer mexicano en conquistar el Tour de l’Avenir, la antesala del Tour de Francia, el Nobel del ciclismo mundial.

La historia del Torito que apenas empieza confirma que el verdadero problema deportivo de México nunca ha sido la falta de talento. El obstáculo ha sido la estrechez de miras, la escasez de oportunidades, la mediocridad de las estructuras deportivas. Miles de jóvenes con condiciones extraordinarias abandonan el deporte porque nunca encuentran el impulso necesario. Miles abandonan sus sueños por falta de recursos.

Isaac tuvo la fortuna de cruzarse con quienes creyeron en él cuando era un adolescente desconocido. AR Monex Pro Cycling Team identificó su potencial y le ofreció algo mucho más valioso que una bicicleta, unas licras tricolores o una beca del bienestar: un proyecto integral de desarrollo, precisamente lo que la organización oficial del deporte mexicano ha sido incapaz de construir. El equipo lo llevó a competir en Europa, le brindó entrenamiento, acompañamiento, estructura deportiva y la posibilidad de medirse con los mejores del mundo.

Hoy millones de mexicanos celebran los triunfos de Isaac, pero es un error pensar que todo depende de un atleta excepcional. Si queremos que Isaac no sea excepción, sino el primero de muchos campeones, es indispensable fortalecer proyectos como AR Monex. Multiplicar la participación de la iniciativa privada en el deporte de alto rendimiento. Las grandes potencias deportivas no producen campeones por accidente: los forman mediante proyectos sólidos, inversión constante y paciencia. México ya tiene la prueba de que ese modelo funciona.

Isaac del Toro es el rostro del éxito. Pero detrás de ese rostro existe un equipo que creyó antes que todos, empresarios que apostaron cuando nadie veía resultados y una visión que entendió que desarrollar talento requiere mucho más que discursos. Quizá el mayor legado de Isaac no consista únicamente en ganar carreras. Será demostrar que, cuando el talento mexicano encuentra respaldo, puede competir —y vencer— a los mejores del mundo.

(Profesor de la UNAM)