El último recorte de la tasa de interés

El pasado 8 de mayo de 2026 la Junta de Gobierno del Banco de México decidió por mayoría de 3 votos a 2, realizar el último recorte a la tasa de referencia en un 0.25%, quedando en 6.50%. Con esta decisión, que ya era esperada por analistas, concluye el ciclo de recortes iniciado en marzo de 2024, que acumuló 4.75 puntos porcentuales de reducción desde el techo de 11.25%. 

La baja de la tasa de interés responde a una combinación de factores internos y externos, con el objetivo de aliviar a la economía real sobre las presiones inflacionarias que aún persisten. A pesar del incremento de la inflación general en el primer trimestre del año, ésta registró un descenso en el mes de abril, pasando de 4.45% en marzo a 4.26% en abril, la entrada en vigor de las tarifas eléctricas de verano en 18 ciudades ayudó a reducir el índice no subyacente inflacionario. La debilidad de la actividad económica debido a la caída en sectores como la manufactura y la agricultura generó una mayor holgura, reduciendo las presiones sobre los precios por falta de consumo, por lo que, la reducción en la tasa de interés pudiera evitar un estancamiento prolongado de la inversión física. La Junta de Gobierno juzgó que el nivel anterior de la tasa de 6.75% era demasiado restrictivo para las condiciones actuales, por lo que el recorte, busca que la postura monetaria sea adecuada sin ser asfixiante, manteniendo el control, pero permitiendo que el crédito fluya a precios más competitivos. 

Respecto a los factores externos, el Banco de México consideró la postura de la Reserva Federal de EE.UU. y la volatilidad generada por conflictos internacionales para hacer este ajuste. A pesar de los riesgos geopolíticos, el comportamiento del tipo de cambio se ha mantenido en niveles que permitieron el recorte sin disparar alarmas inmediatas de fuga de capitales. El peso cotizó el viernes por la noche en 17.25 pesos por dólar y acumula una apreciación cercana de 11% en un periodo de 12 meses. Esta fortaleza en el tipo de cambio propiciada en gran medida por la debilidad del dólar y los recortes en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal ha contenido las presiones inflacionarias importadas y le ha dado al Banco de México margen para suavizar su postura sin afectar el tipo de cambio. 

Al ajustar la tasa de interés de referencia a un 6.50%, la Junta de Gobierno de Banxico envió un mensaje de pragmatismo económico, pero también dejó al descubierto las grietas que dividen a sus integrantes sobre cómo enfrentar una inflación que se ha vuelto resiliente. Este recorte de 25 puntos base no es una sorpresa técnica, pero sí una apuesta política y social de gran relevancia. Tras dos años de una política monetaria que priorizó el control de precios por encima de cualquier otro indicador, la autoridad monetaria parece haber llegado a su límite de tolerancia con el enfriamiento de la actividad productiva. El argumento central es claro: con una inflación general que ronda el 4.26%, mantener tasas excesivamente altas podría estrangular la inversión y el consumo justo cuando la economía global muestra signos de agotamiento.

El hecho de que la decisión se haya tomado por una mayoría apretada de 3 votos contra 2 revela que no hay consenso sobre si el enemigo ha sido derrotado. Quienes votaron en contra probablemente observan con recelo cómo las expectativas de inflación para el cierre de año han sido ajustadas al alza, y cómo la meta del 3% se ha desplazado en el calendario hasta el segundo trimestre de 2027. Es, en esencia, una admisión de que los precios no bajarán tan rápido como se esperaba.

Para el consumidor promedio, esta reducción es un alivio marginal en el costo de los créditos hipotecarios y las tarjetas de crédito, pero para el mercado es una señal de que el ciclo de recortes ha llegado a su fin. El Banco de México ha entrado ahora en una fase de “mantenimiento”. Ya no se trata de bajar por bajar, sino de estacionar la tasa en un nivel que permita el crecimiento sin echar más leña al fuego de los precios de los servicios, que siguen siendo el componente más difícil de controlar.

La conclusión de este movimiento del Banco de México se resume en una pausa estratégica tras un ciclo de ajustes. El Banco de México ha decidido priorizar el crecimiento económico frente a una inflación que, aunque no está totalmente derrotada, ya no justifica mantener el freno a fondo.

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