Mientras escribo estas líneas, el mundo en general y el público interesado en lo particular, se muerde las uñas, bebe café, fuma de ansiedad, usa lápiz y papel, calculadora, hoja de cálculo o cuenta con los dedos la cantidad de votos de colegios electorales que obtendrán Joe Biden y Donald Trump para obtener la victoria en la elección presidencial en Estados Unidos. Si Usted leyó este espacio la semana pasada, recordará que advertíamos sobre el uso de las encuestas para realizar pronósticos electorales. Siete días, una elección y pocas horas de sueño después, la elección en Estados Unidos nos da buenas lecciones sobre el valor de las elecciones para la gobernabilidad de un país. Hoy quiero compartirle algunas lecciones –muy preliminares- que podemos obtener de lo que ha estado ocurriendo en Estados Unidos.
El valor de la comparación. No es asunto académico exclusivo de politólogas y politólogos, pero hay enorme valor en la reflexión sobre la comparación de nuestros sistemas electorales. Examinar de manera más o menos organizada las semejanzas y diferencias nos hace aprender sobre nuestro propio sistema y nos permite, sobre todo, entender. Hay muchos puntos de contraste: la arquitectura institucional de las autoridades electorales, las modalidades de votación, los esquemas de financiamiento, las reglas de lo que acá llamamos “Modelo de Comunicación Política”, el asunto de los debates, las restricciones –o la ausencia de- para emplear recursos públicos para hacer campaña, la heterogeneidad de las reglas y procedimientos entre los estados, los mecanismos de recepción y cómputo de los votos, la integración de resultados y las reglas para definir ganadores. Un mundo de contrastes. Insisto, el valor de todo ello consiste en entender y observar de manera crítica el diseño y funcionamiento de las instituciones y procedimientos que hacen que las elecciones funcionen.
Tengo un rato –unos años, en realidad- sosteniendo el argumento –nada innovador, por cierto- que las reformas electorales en México suelen ser resultado de acuerdos políticos derivados de conflictos o problemas presentados durante los procesos electorales. No es el caso de Estados Unidos en donde hoy se viven algunos fenómenos que para bien o para mal, nosotros hemos enfrentado en el pasado. Esto no significa que el día de mañana la población del vecino país del norte –vecino distante, escribió Alan Riding en 1984- se abalance para demandar cambios en sus reglas. Por mencionar un ejemplo, en el año 2000 Al Gore perdió la elección a pesar de haber obtenido la mayoría de votos emitidos, lo mismo le ocurrió a Hillary Rodham Clinton en 2016 y ronda el riesgo de que también le ocurra a Joe Biden. Pero no han cambiado ni cambiarán las reglas del voto indirecto en Estados Unidos, ya que el diseño federalista se relaciona con las raíces políticas de la Constitución de aquel país. Los llamados “padres fundadores de la nación” -John Adams, Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson, James Madison y George Washington- concebían un sistema donde algunos ilustrados representantes de cada uno de los estados, pudieran asumir como suya la responsabilidad de elegir a un presidente empleando como fundamento a la voluntad popular sin hacer en el riesgo de que el pueblo –quién sabe si sabio y bueno- pudiera elegir de forma caprichosa.
Otra cosa es la celeridad de los resultados y la certeza de los mismos. Ya desde hace algunos meses se asomaba la retórica del fraude como un recuso frente a la derrota. Una cosa es decirlo, otra es incendiar a la percepción de la población sobre la confianza en sus procesos electorales. De ahí viene la importancia sobre la celeridad y la certeza. El asunto de que en México tengamos dispositivos como el Programa de Resultados Electorales Preliminares –el famoso y muy recurrido PREP- o los conteos rápidos, se relacionan sí con nuestra propia historia política-electoral, pero también con la enorme importancia que tiene poder enviar a la población a dormir con la certeza de que los resultados son certeros y seguros. Esos dispositivos son caros, pero la incertidumbre lo es más. ¿Escuchó que en lo que va del año, en Estados Unidos se vendieron 17 millones de armas? ¿y supo que durante eventos públicos y en la noche de la jornada del martes, había millones de personas preparadas con armas de fuego en las calles y en sus casas?. Son pulsiones de la incertidumbre.
Mirando al vecino distante, considero que es una buena idea el hacernos cargo de nuestra propia incertidumbre. Para luego es tarde.
Twitter. @marcoivanvargas