Puede parecer simple la alusión del presidente AMLO a la letra y música de una canción de Chico Che, para referirse a las presiones de intereses económicos gringos y canadienses en el caso de las controversias energéticas dentro del T-MEC; sin embargo, muestra de un solo efecto la determinación de un gobierno de “no ser títere” de nadie, como antes ocurría, hasta con cierto gozo malsano, por parte de exmandatarios que, ya se ha planteado en este espacio, daban más que pena ajena. No solamente es un desplante de buen humor presidencial, sino que comunica de manera amplia y coloquial lo que antes se dejaba suelto a la imaginación popular. No cabe duda que la letra y música del popular compositor tabasqueño, ya fallecido, conocido como Chico Che, son harto “pegajosas”; pero no únicamente porque invitan a “mover el bote” y “raspar suela”, sino porque, además, contienen alusiones a la vida cotidiana que resultan verdades evidentes. Por ejemplo, despertando la duda razonable cuando alguien, inexplicablemente, se hace de bienes que, antes, ni siquiera, soñaba lograr con el sudor de su frente. “¿Quién pompó?”.
También, la vestimenta de Chico Che es significativa. El uso del pantalón de pechera es característico del obrero, por tanto, es dable pensar en la identificación con el sector trabajador más que con la clase empresarial capitalista; más aún, siendo tan popular la música de Chico Che, cabría precisar que va dirigida al pueblo trabajador, ese que bien podía tararear “¿dónde te agarró el temblor?”. Y, bueno, también compuso temas musicales donde se hace mofa de personajes nefastos de la vida política mexicana, como el que hace referencia al famoso Arturo Durazo Moreno, donde se puede escuchar: “lo buscan en Cuernavaca, en el Ajusco y el Partenón, lo buscan por todo el mundo, pero ninguno nos da razón, lo busca la policía, la gente pobre y la Interpol, la causa muy conocida: por robos grandes a la nación…”. Y no se diga el otro tema sobre la Reforma Agraria, donde se canta: “mientras se mantenga en pie, la injusticia que eso encierra, un campesino sin tierra… ¿latifundio para qué?”. Además, “¿qué culpa tiene la estaca… del que siempre anda saltando y solo se ensarta?”.
Pero, bueno, el éxito del momento, sin duda, es el recreado por el presidente AMLO en la mañanera de hace unos días: “¡Uy, qué miedo!”. Que si “el dólar está subiendo y el peso bajando… mira cómo estoy temblando”, a propósito de las crisis de fin de sexenio propias del viejo régimen político, cuando nos decían, muy serios, que ya no nos volverían a saquear (López Portillo, dixit) o leyéndose las manos entre gitanos (Salinas y Zedillo por el error de diciembre de 1994). En fin, puede no gustar, a los oposición al gobierno obradorista, la referencia al filoso-fo de la imaginería popular vuelta música disfrutable, el célebre Chico Che, cuyo nombre era Francisco José, y que, ni duda cabe, nos divertía y hacía pensar, al mismo tiempo, de las gracias en que suelen caer personajes de la vida pública que, por lo menos, de esa manera se puede hacer mofa legítima de ellos. ¿Se cancelará por eso el T-MEC? ¿Por sentidos que dizque anden los gringos y canadienses, con un cotorreo popular que revela no es ya lo mismo que antes con sujetos como Fox, Calderón y Peña Nieto que se desvivían por congraciarse con los gobiernos del vecino país del norte como si fueran éstos los titiriteros?