EN EL PECADO LLEVAN LA PENITENCIA

Al inicio de su mandato, hace un año, Ricardo Gallardo Cardona decidió que el sello distintivo de su gobierno sería la opacidad. La opacidad como patria y trinchera, con el ocultamiento y disimulo como fortificaciones. Hasta ahora, lo ha conseguido, pero no de gratis. Producto de esa nociva práctica, muchas de sus acciones y decisiones están permanentemente bajo sospecha, y no injustamente.

Me parece necesario reiterar algo dicho en alguna ocasión anterior: si la administración gallardista estuviera haciendo las cosas bien, no tendría por qué ocultarlas. Al contrario, siendo tan mediática como es, las presumiría. Presume, difunde, propala lo que le conviene -cada vez con mayores torturas a la verdad- pero guarda silencio sepulcral cuando se trata de transparentar manejos financieros, gastos en festejos, costos de obras, listas de contratistas, expedientes y resultados de licitaciones, beneficiarios de sus adquisiciones, etcétera, etcétera.

El futuro siempre es incierto. Sin embargo, me atrevo a creer que si esa forma chapucera de gobernar se acentúa y se extiende en el tiempo, más tarde que temprano alguien -individuo o colectivo- exigirá una tarea de gobierno más transparente, más confiable, más decente. Puede suceder también, que alguna instancia federal detecte las hebras de la maraña y más temprano que tarde exija rendición de cuentas. No olvidemos que más del 90 por ciento del dinero que gasta el gobierno del Estado le llega de la federación.

Pero no es el futuro el tema principal de esta colaboración, es el presente; este presente de sospechas que por ahora se manifiesta en voz baja, en la difusión de versiones a puños con datos incompletos e insuficientes para el análisis. Imposible saber si esta forma de comportamiento social prevalecerá o en algún momento será sustituida por otra más visible, más expresiva, más valerosa. Por lo pronto, es lo que hay.

En esta atmosfera enrarecida por los recelos y las suspicacias (propiciada por la opacidad gubernamental, no lo olvidemos), las impugnaciones a la gestión gallardista abundan y son de todos los calibres. Algunas hay bastante consistentes y factibles, junto a otras disparatadas y poco creíbles.

El catálogo respectivo es apabullante. Por ejemplo, son insistentes las voces que apremian a preguntar quién fue el encargado de contratar todos los artistas del Teatro del Pueblo, con su respectiva comisión, obviamente, y si es verdad que los costosísimos equipos de sonido que se instalaron en ese mismo lugar se le compraron a un intermediario, cantante de regional mexicano, por cierto, quien luego repartió con sus compadres; o si es cierto que toda la cerveza que se consumió durante la Feria la distribuyó un solo individuo a quien tuvieron que entregársela las diferentes marcas. 

 Más reciente aún, tenemos a la vista el caso de la extrañísima visita del gobernador Gallardo y su esposa a Líbano, que originalmente se suponía parte de una gira que incluiría al reino de Arabia Saudita.

Además de ser un auténtico festival de desatinos, ya concluido el periplo que abrupta e inexplicadamente se suspendió a la mitad, es hora que ninguna información oficial ha permitido saber a qué fueron realmente Gallardo Cardona y acompañantes; qué resultados se obtuvieron. 

Los boletines iniciales según los cuales se iba a promover la exportación de mezcal a un país donde el consumo del alcohol está severamente restringido, pronto cayeron por su propio peso. Lo de vender el antiguo terreno de la Ford es de risa, mire que dizque ofrecerlo a un país con una de las peores crisis económicas de su historia y de toda la región. Conmovedora la audiencia con el presidente libanés, obviando que se trata de una república parlamentaria donde el jefe de gobierno, el que toma todas las decisiones ejecutivas, es el primer ministro.

¿Por qué ese viaje tan descocado? Hay varias versiones de explicación, todas extraoficiales y algunas francamente disparatadas. Sin embargo, una es la que se repite más veces y tiene mayor racionalidad: que RGC fue a Medio Oriente a comprar finos caballos de raza árabe para su cuadra personal. 

Si tal versión es cierta, ojalá haya viajado con todos los gastos de su bolsillo, pues si lo hizo con dinero del erario habrá cometido un delito. Y si no es cierto, tan fácil como transparentar itinerario, agenda, acompañantes, costos, acuerdos y logros.

¿SÁDICOS EN PALACIO?

El asunto tiene un lado medio chusco. Con frecuencia, la administración gallardista, bien sea a través de su titular o de Uñas Largas, anuncia que en fecha próxima anunciará cuándo hará el anuncio de cambios de funcionarios. Al principio, en lo personal me pareció una forma entre astuta y mañosa para estar varias veces en los medios con el mismo asunto en lugar de solo una, o para llenar eventuales vacíos informativos.

Luego de la experiencia surrealista a principios de año del caso Arturo Segoviano, quien supo de su remoción de la Secretaría de Desarrollo Económico por trascendidos de que ya le andaban buscando sustituto, y luego también de que la aceptación y designación de Juan Carlos Valladares Eichelmann se convirtiera en una telenovela (culebrón, dirían en España), ha habido otras menos pintorescas, pero más groseras.

La de Patricia Véliz en la secretaría de Turismo, por ejemplo. Estaba encabezando un evento oficial de su dependencia cuando de súbito se enteró de que ya no era secretaria, que ya habían nombrado un sustituto. El momento fue incomodísimo, por no decir humillante. No tengo el gusto de conocer a doña Patricia y no sé qué pudo haber hecho para ser así de maltratada, pero el gobierno se vio mal. No digo que había que ponerle alfombra roja y aventarle flores, pero sí por lo menos avisarle la noche previa y ahorrarle el bochorno. Tampoco el cambio en el Instituto Estatal de la Mujer fue muy pulcro que digamos.

Una visión de conjunto va dejando la sensación de que más que un ardid mediático se trata de un estilo desaseado, desconsiderado, abusivo, ofensivo y sádico.

Me explico: a inicios de semana Uñas Largas anunció que habrá varios cambios más en los días cercanos al informe de gobierno. Hizo una precisión: que en el paquete van los directores de los Institutos de la Juventud y del Deporte. Si su relevo ocurrirá dos semanas después del anuncio ¿cuál era la urgencia de informarlo? No lo sé, pero sí puedo imaginar las consecuencias del anticipo.

Estas dos semanas los próximos defenestrados (a quienes tampoco conozco), van a estar siendo motivo de mofa entre sus colegas y seguramente también de desprecio o hasta provocaciones entre sus subalternos disgustados. No me quiero poner cursi, pero si tienen hijos adolescentes quizá también la pasen mal. 

¿Habrá alguna razón de estrategia política o de doctrina administrativa que aconsejen estas formas? Desde luego que no,  creo en todo caso que son expresión de prepotencia, majadería y patanería. Es decir, conductas de personalidades enfermas con almas retorcidas. 

Decían los antiguos y sabios griegos: “No maltrates de palabra a quien vayas a castigar de obra”, y un amigo que mucho sabía de esto sostenía que “la buena política no está reñida con los buenos modales”. A lo mejor ni entienden, pero la lucha se hace.

COMPRIMIDOS

La última encuesta nacional de El Financiero -10,600 entrevistas telefónicas levantadas entre el 21 de agosto y el 3 de septiembre- para medir la evaluación de los gobernadores y las gobernadoras, arrojó que el de mayor aprobación -63 por ciento- es Ricardo Gallardo Cardona. De inmediato, desde Palacio de Gobierno salió un grito estentóreo que se escuchó hasta en los más apartados rincones de la geografía estatal: ¡Feria todo el año! A ver ora quién lo aguanta.

Y ya que de encuestas hablamos, ahora que la alianza tripartidista anda haciendo agua no está de más tener en cuenta el último trabajo demoscópico de Mitofsky sobre intención de voto (1,600 entrevistas cara a cara, levantadas del 12 al 14 de agosto): Morena, 30.8 por ciento; PVEM, 1.0 y PT, 0.8. Suma de los tres: 32.6 por ciento. PAN, 15.1 por ciento; PRI, 10.2 y PRD, 1.6. En conjunto: 26.9 por ciento. Movimiento Ciudadano, 5.7 por ciento.

Los principales cálculos son sencillos: la alianza morenista le gana dos a uno al PAN, tres a uno al PRI y veinte a uno al PRD. Por agrupamientos, el mayoritario aventaja con únicamente 5.7 puntos porcentuales al minoritario. Si eventualmente el MC se sumara a PAN-PRI-PRD, estaríamos ante un empate exacto. Lo dicho: la oposición fragmentada, pierde porque pierde. Unida, quién sabe si gane pero representaría una opción competitiva.

La fortaleza de Morena es incuestionable y arrasadora ante una oposición dividida; ya no tanto frente a un bloque opositor, sobre todo porque la diferencia se aleja de los dos y tres a uno y se traduce en menos de seis puntos porcentuales. En ese escenario, una fisura interna podría ser fatal. Hasta el momento la que parece más factible es la que podría provocar Ricardo Monreal si rompe bruscamente con el lopezobradorismo y se suma a la oposición de una forma u otra. Mediciones serias que lo incluyen entre las Corcholatas, le dan al zacatecano 12 por ciento de preferencia electoral. Con la mitad que se llevara, pone a Morena en un serio predicamento.

Hace apenas unos días un pelotón del Ejército mexicano fue obligado por una bola de rufianes a desmontar rápidamente su campamento en las inmediaciones de Arcelia, Guerrero, y salir apresuradamente de la zona. En mayo anterior, miembros de la delincuencia organizada persiguieron por calles y caminos a otro contingente militar, en Nueva Italia, Michoacán, obligándolo a emprender la huida. Todos hemos visto videos de señoras azotando con palos de escoba a soldados uniformados y armados; otros mostrando a tropa y oficiales siendo desarmados por civiles y humillados, y así ad nauseam. Imposible no preguntarse ¿Para esto queremos al Ejército en las calles?

Se me estaba quedando en el tintero: El domingo pasado el equipo de comunicación de RGC ordenó la inserción de una fotografía del mandatario potosino con un político libanés (por cierto, de pésima fama), con un pie de grabado que iniciaba diciendo “El gobernador del Estado Ricardo Gallardo Cardona fortalece la política exterior de San Luis Potosí, bla, bla, bla…”. Por si a nadie se le ocurrió decirle, aquí le va gratis: por diseño constitucional, ningún estado de la república puede tener “política exterior” ni cosa que se le parezca. Por eso San Luis o Oaxaca o Sinaloa, no pueden abrir embajadas o consulados, tampoco pertenecer a la ONU o a la OEA. Igual, por si de algo sirve para evitar otros desbarres semejantes, ninguna entidad federativa puede emitir moneda, tener fuerzas armadas o bandera propias. Ya no sé qué dan más, si ternurita o pena ajena.

Hasta el próximo jueves.