En Salud: se invierte poco y se roba mucho

Un país logra su desarrollo y crecimiento (que no es lo mismo) económico, antes que nada, cuando tiene solventadas sus necesidades primarias: alimentación, salud y educación. Los países altamente desarrollados, como Suecia, Noruega, Canadá, entre otros, no son los países más ricos del orbe, pero si son sociedades igualitarias del primer mundo. México, es un país rico, muy rico, es la décima o doceava potencia económica mundial, y no obstante su potencial económico, ha sido un país históricamente subdesarrollado, tercermundista. ¿Por qué será?. Por siglos no ha logrado solventar sus necesidades primarias. El cincuenta por ciento de su población es pobre, algunos apenas si comen una vez al día; tiene un alto porcentaje de analfabetas y su promedio de instrucción es de segundo de secundaria. En Salud estamos peor, muy mal. Ahora con motivo de la pandemia, originada por el COVID 19, que aflige a toda la humanidad; hago a un lado, la deficiencia alimentaria y la educación, para tratar el tema de la Salud en México, desde la perspectiva de la irresponsabilidad de los sectores: oficial y empresarial.

Para principio de cuentas, y con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) al 2018. En México solo se ha venido invirtiendo en el Sector Salud, el cincuenta por ciento de lo que debiera. El gasto promedio en salud por persona, en un país desarrollado es de 4000 Dls. anuales; en México se gastan apenas 1150 Dls. México ocupa el último lugar de los treinta y siete países que integran la OCDE, en inversión sanitaria. El país con mayor esperanza de vida es Japón, ochenta y cuatro años, en México es de setenta y cinco años, debajo de la media mundial, la más baja es Sudáfrica con sesenta y tres años.

Desalentadores los datos anteriores para México. La falta de una política pública en Salud, planeada responsablemente, a mediano y largo plazo y la inversión insuficiente en este Ramo, nos da como resultado, entre otros: que México sea el país con el mayor número de enfermos de diabetes; y el país con más personas obesas, solo superado por Chile, según datos de la misma OCDE.

Aparte de la baja inversión en el sector salud, el problema se agrava, porque de esos escasos recursos, buena parte de ellos, se desvían, se malgastan, son objeto de actos de corrupción, en los que intervienen el sector empresarial en complicidad con el sector público. Es motivo de preocupación mundial y los organismos internacionales, como la ONU, y la Organización Mundial de la Salud, lo han advertido, la gran red de corrupción que ha existido y existe, entre las grandes empresas del sector farmacéutico: laboratorios e intermediarios que comercializan los medicamentos. En México, con una sociedad proclive a la corrupción, este problema, como ya dijimos, se agrava. Ahora, que la 4t..está tratando de poner orden en el sector salud, han salido a flote las corruptelas de las administraciones panista y priistas anteriores. Como ejemplo, y no por su cuantía, ya que ha habido casos que han costado más al erario, comentamos el reseñado por el periódico Pulso de SL., el pasado 4/IV/20:

En el sexenio de EPN, operaciones simuladas de 133 empresas fantasmas, a las que se les pago trecientos veintiún millones de pesos por adquisiciones de ventiladores, uniformes, y medicamentos. El SAT, ésta investigando (la adquisición) de quince ventiladores, doscientos cincuenta mil uniformes quirúrgicos a 133 empresas fantasmas. La malversación en el sector salud del 2014 al 2018, (administraciones de FCH y EPN) es de cuatro mil ciento setenta y nueve millones de pesos. Tan solo en el IMSS. ¡imagínese Ud., paciente lector, cuatro mil millones de pesos!, tirados a la basura, no perdón, a la basura no, a los bolsillos de los “servidores públicos” y de sus cómplices, algunos empresarios sin escrúpulos, “proveedores del gobierno federal”; ya que fueron empresas fantasmas las que facturaron. Todos estos insumos hicieron falta en un principio, para combatir el coronavirus, por esa razón, la S.S. no pudo hacer frente y atender a la población contra el virus, tuvo que esperar –perdió tiempo-- a adquirir estos insumos, en China y los EEUU, cuando ya la pandemia estaba declarada.

A nivel local, no nos quedamos atrás en corrupción, es del dominio público la complicidad entre autoridades sanitarias estatales y empresarios de la construcción, que se dio y se está dando, en este sector. Basta recordar y también como ejemplo, la serie de anomalías que encontró la ASF y la ASE, en el sector salud de SLP., durante la administración anterior, y eso que el entonces gobernador es médico. Como fue la construcción de hospitales inconclusos en:  Rioverde, por el que pagó la S.S. ochenta y seis millones de pesos; el de la comunidad de Los Hernández en Villa de Ramos; el Centro de Salud “El barril”; y los nueve quirófanos construidos en el Hospital Central, que tuvieron que ser demolidos por no reunir las condiciones y características necesarias para poder operar.

Los anteriores casos expuestos, como ejemplo, son mínimos por su valor en cuanto a corrupción. La confabulación que existe entre los grandes consorcios farmacéuticos nacionales y extranjeros, los intermediarios que comercializan los medicamentos y otros insumos sanitarios, y las autoridades del sector salud, a nivel federal y estatal, es histórico y de largo alcance. Representa un gran reto para el actual gobierno combatir estas conductas nocivas; existen demasiados intereses y no fácilmente, estos poderes económicos y burocráticos, van a ceder. Solo nos sirven para evidenciar, de alguna forma, la complicidad que ha existido y existe, entre los sectores público y privado. El grado de irresponsabilidad, y falta de compromiso de los anteriores titulares de la S.S. en la atención a una de las demandas más sentidas y necesarias del pueblo mexicano. -- La Salud--.

Por grande que sea el potencial económico de México, esa riqueza esta, en manos del gobierno y del sector privado. Y mientras existan algunos funcionarios y empresarios corruptos. México seguirá siendo una economía tercermundista. Los extitulares de la Secretaría de Salud, que ahora dicen “ignorar” la Red de corrupción que prevaleció y mantuvieron durante sus administraciones; esos “servidores públicos”, panistas y priistas, no pueden evadir su responsabilidad. No, señores secretarios, no pueden huir de sus actuaciones que fueron irresponsables. El grado en las irregularidades detectadas los alcanza. Se es responsable en forma Directa, el que ejecuta el acto. Subsidiaria el que autoriza y Solidaria el que lo permite.

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