Una mujer fue con el siquiatra. “No sé qué me pasa, doctor -le dijo-. Siempre tengo deseos de estar con un hombre. Por la mañana, por la tarde, por la noche, a todas horas siento ese deseo. ¿Qué tengo?”. “Está muy claro -respondió el analista-. Es usted ninfomaníaca”. “¿Cómo dijo?” -preguntó intrigada la mujer. “Ninfomaníaca” -repitió el facultativo. “Anóteme la palabreja, doctor -le pidió ella-. Y con todas sus letras, porque la que siempre me dicen se escribe con menos”... En el asiento trasero del automóvil el ardiente galán trataba de convencer a su novia, doncella con escrúpulos. “Hagamos el amor, mi vida -le pidió-. ¿No ves cómo la flor de mi deseo abre sus pétalos? ¿Por qué con tu negativa haces que se marchite esa flor?”. Replicó ella: “La flor es lo de menos. A lo que le tengo miedo es al fruto”... El director del acuario se desesperaba: la anguila eléctrica macho mataba en el acto del amor a todas las hembras que le llevaban. Le explicó el problema a un antiguo maestro suyo, y éste le preguntó: “¿Qué especie de anguilas hembras le has llevado?”. Se lo dijo el del acuario. “Con razón las mata -dictamina el especialista-. Las anguilas eléctricas que dices tienen corriente 110, y el macho es 2-20”... A pedimento del padre de familia, que consideraba que su hijo sufría de obsesión sexual, un terapeuta examinó al adolescente. Le preguntó: “Las vacas tienen cuatro y las mujeres tienen dos. ¿Qué es?”. Contestó sin vacilar el chico: “Las extremidades inferiores”. “Bien -anotó el especialista-. Dime ahora: ¿qué es lo que tiene tu mamá que a tu papá le gusta más?”. “Dinero” -respondió el muchacho con rapidez. “Bien” -apuntó el terapeuta. En ese punto intervino el papá: “Doctor, mejor examíneme a mí. No respondí bien ninguna de las dos preguntas”... El marido, furioso, le dijo a su mujer: “¡Sé que me engañas, Burcelaga! ¡Dime con quién! ¿Es con mi amigo Libidiano?”. Replicó la señora: “No”. “Entonces -bufó el esposo- ¿es con mi amigo Pitonier?”. “Tampoco” -rechazó ella. “¡Ah, ya sé! -clamó el sujeto-. ¡Me estás engañando con mi amigo Afrodisio!”. En ese punto estalló la esposa: “¿Qué te estás pensando? -le dijo exasperada a su marido-. ¿Acaso yo no tengo mis propios amigos?”... Llegaron a puerto unos marinos, y como era domingo fueron a una iglesia. No hablaban el idioma, así que decidieron imitar los movimientos del hombre que estaba en la misma banca. De pronto el sacerdote dijo algo, y el señor se puso en pie. Los marineros hicieron lo mismo. Todos los presentes rieron. Al final de la misa los marinos fueron con el sacerdote, y hablando en inglés -la lengua universal- le preguntaron por qué la gente se había reído de ellos. “Sucede -les explicó el párroco- que iba yo a bautizar a un niño. Pedí que el padre de la criatura se pusiera en pie. El señor lo hizo, y con él todos ustedes se levantaron también”... Entró cierto señor en la farmacia. Iba a comprar un preservativo. Le informó el encargado: “Se nos terminaron los de color blanco, caballero. Tenemos nada más condones negros, morados, azules, o verdes con pintitas amarillas”. Algo desconcertado por ese extravagante cromatismo el señor escogió la alternativa más conservadora. Respondió: “Pues si no hay blancos, entonces deme un condón negro”. Pasaron 10 años. El señor estaba en la sala de su casa leyendo el periódico. Uno de sus hijitos, el menor, se dirigió a él. “Papá -le dijo-. Tú y mi mami son blancos. Todos mis hermanos son blancos también. ¿Por qué, entonces, yo salí negrito?”. “¡Anda! -bufó el señor-. ¡Y agradece que no saliste azul, morado, o verde con pintitas amarillas!”... FIN.