Con la mente en temporada de estreno, algunos empezamos el 2025 con las tradicionales ganas de cada enero: ponerse en forma, mantener la constancia en el fitness y apostar por la automejora continua. Estos pensamientos flotan entre las primeras semanas del año, como ecos de propósitos renovados.
Un año que empieza con un cielo color tristeza, como un espejo del llanto callado de un mundo que evitamos enfrentar. Tal vez por eso nos resistimos a desmantelar las decoraciones navideñas: el árbol, las luces y los inflables que cada noche cobran vida para alegrar a los niños en un país que se aferra a la inocencia, como el de Peter Pan.
Mientras unos ya madrugan, otros ignoran las alarmas, refugiándose bajo cobijas afelpadas y edredones plumosos, buscando aislarse de los despertares fríos que recuerdan escenas de la “tormenta perfecta” estrenada hace años en el cine.
En medio de esta introspección invernal, decidí refugiarme una tarde frente a la pantalla para ver *Días Perfectos*. La película cala hondo, como un poema o un haiku: dice poco y sugiere mucho. Es una obra de versos monosílabos que despiertan emociones difíciles de describir.
Wim Wenders, maestro del cine y creador de “La Sal de la Tierra “y “Pina”, susurra en *Días Perfectos* la belleza de lo cotidiano a través de la vida de un limpiador de baños públicos. Una rutina que, para muchos, podría parecer indeseable, se convierte en refugio ante el caos de un siglo marcado por guerras y abusos. Los pequeños momentos que rompen la monotonía del protagonista revelan una sensibilidad profunda: meticuloso, comprometido y, sobre todo, humano.
La historia no ofrece moralejas fáciles ni discursos pretenciosos. Simplemente invita a observar, a sentir. ¿Hay que verla? Depende de cada uno. Es una película que exige tiempo y disposición para dejarse tocar por la sutileza de lo simple. Quizás, como esos haikus que esperan el momento adecuado para resonar en nuestro interior.
Al final, “Días Perfectos” nos devuelve a la belleza y el significado que se encuentran incluso en los rincones más mundanos de la rutina diaria, lo que cobra especial relevancia al comenzar este nuevo año.