Eszter y Lajos

Quién sabe por qué solemos confundir a los mentirosos por encantadores. La honestidad, quizá por sosa y aburrida, suele tener menos sex appeal que la estafa. Difícil es quedarse fuera del hechizo que una persona convincentemente embustera que, además, posea unos cinco gramos de carisma. El encanto del patrañero atrae como imán, aunque quizá no a todos por igual; habrá quien tenga mucho mejor sistema de defensa que le permita, si no salir inmune, sí por lo menos vivir sin secuelas de la enfermedad del engaño. 

Quizá uno de los personajes más interesantes escritos en la literatura del embuste, es Lajos, uno de los protagonistas de La Herencia de Eszter, del húngaro Sándor Márai. El libro relata la historia de Eszter, una mujer en la medianía de los cuarenta años que vive con una nana de esas que se acaban convirtiendo en familia. Eszter vive resignada a una soledad autoimpuesta después de reconocer que su único amor ha sido Lajos, un vividor y mentiroso que juró amarla pero que acabó casándose con Vilma, su hermana. Lajos, además de herirla, ha engañado a cuanta persona se le ha acercado. Debe dinero a medio mundo, jugó y perdió posesiones de otros, estafó en todos los sentidos de la palabra. Luego, desapareció por más de dos décadas, hasta que un mal día anuncia su regreso y, con eso, la vida de Eszter y de todos los relacionados con su casa, se pone de cabeza. 

El tiempo ha permitido a todos los que conocieron a Lajos, reconocer en él al embaucador que es, pero, aún así, no se oponen a su llegada ni lo rechazan. De alguna manera, siguen bajo su hechizo, lo dejan hacer, le permiten seguir. Lajos es convincente, pareciera que se cree lo que dice, juega a la inocencia y hace sus movimientos de manera sutil. Manipula de forma que ni siquiera tiene que pedir las cosas: los demás acaban de manera voluntaria, haciendo lo que le complazca.

La cosa es que aquí cada quien tenemos a nuestro propio Lajos: una persona que sabemos engaña, sabemos manipula, sabemos que miente y aún así, permitimos que engañe, mienta o manipule.  Eszter, es la representación de la rectitud, la razón, la legalidad. Y no es que nosotros seamos Eszter, es más bien que sabemos que está ahí, pero que es insulza, monótana, aburrida.  Por eso nos alejamos de Eszter y nos acercamos peligrosamente a Lajos. 

Habría que entender también que en cada uno de nosotros cohabitan Eszter y Lajos, ahí, luchando silenciosamente, esperando a despojarnos de lo que creemos cierto, haciéndonos dudar, poniendo bajo tela de juicio lo que sea que queramos dejar de herencia.