Antes de escribir esto, me desahogué escribiendo lo que hubiera sido la entrega de este miércoles para los lectores de este diario. Decidí que no les iba a dar más motivos que les amargaran el día y el desayuno -o el ayuno para otros-.
Opté por darle vuelta a la página de la repetición de malas noticias y desatinos políticos y desencuentros sociales. Y después de eso creo que queda hablar de lo que vale la pena: respirar tan solo, es una de esas cosas en las que uno no repara en su magnificencia.
Suenan las campanas de una iglesia cercana mientras escribo esto y me pregunto para quién doblan con su sonido y con su llamado. La fe es algo que admiro en las personas que la tienen. Da esperanza en tiempos de crisis y alegría en tiempos de bonanza. Eso para los creyentes y practicantes.
La magia de la vida, el poder absoluto del universo, el poder de la creación en cada uno de nosotros son temas que se han ido instalado cada vez más entre las nuevas y viejas generaciones, tal vez porque no atinamos a sentirnos desamparados creyendo que la vida resultaría insufrible si no pensáramos que hay una trascendencia, que existe “un más allá”.
Hoy quiero darle el día libre a las opiniones sobre política local o internacional; día de descanso anticipado al presidente saliente y al entrante. El primero porque ya adelantó su salida y el segundo porque se anticipa a su entrada. Vacaciones a los Congresos pues solo nos dan a mal pensar de sus integrantes. Que salgan de recreo las noticias sobre Trump y otros personajes nefastos que le hacen el juego. Descanso al tema migratorio, minuto de silencio a las víctimas de violencia de género, respeto al tema de las desapariciones forzadas, oportunidad de reflexión al asunto de las comunidades LGTB y a los temas sobre la libertad para decidir el aborto. Asueto a la descomposición social y a la corrupción.
Que todos se vayan a su casa imaginaria para hacer oídos y prestar atención al minuto presente, al instante en que respiramos, al momento que sentimos el aroma que emana de la cocina, mirando a los ojos, sintiendo la presencia de los otros, atendiendo a los movimientos de nuestro cuerpo y el bienestar de nuestro organismo.
Demos vacaciones a los problemas cuando menos por unas horas. Apaguemos las noticias del medio día o de la noche, tomemos un libro de poesía aunque no entendamos ni m… salgamos a pasear perros, a sentir el frío y el cambio de clima aunque sea un minuto antes de ir por la las pijamas. Llamemos a nuestros padres o veamos la película de Fredy Merucry, y aunque la crítica la pueda despedazarla, nos pone la piel de gallina y los ojos nublados.
Después de esto, la vida y su acontecer quizá no hayan cambiado ni un ápice pero tal vez hayamos conseguido unos minutos de paz, misma que empieza a ser un concepto en vías de extinción, tal como los tigres o los elefantes y especies aun más exóticas.
Ya habrá quién nos devuelva a la realidad y nos cuente las atrocidades de carteles o seudo servidores públicos que haciendo de las suyas se llevan al pueblo por delante.