Familia y escuela Capítulo 191: Multiculturalidad: enseñar desde la diversidad

En todas las naciones y pueblos que han sido colonizados o sometidos violentamente; o bien, con la irrupción de verdaderas oleadas de migrantes que llegaron a residir en diversos territorios, se tiene a final de cuentas, un mestizaje y multiculturalidad que conforma un mosaico con personas de diferentes razas, orígenes, costumbres y formas físicas que coinciden en un mismo lugar de población.

Basta con voltear a vernos y dialogar entre unos y otros para darnos cuenta de estas notables diferencias: tonos de piel, estaturas, rasgos faciales, costumbres, cosmovisiones, dinámicas familiares, manifestaciones de fe y cientos de rasgos más, coexistiendo en el mismo espacio y tiempo.

Para el caso de México y de muchos países americanos más, esta multiculturalidad resulta más que evidente, pues no es sólo una clase o tipo de cultura la que nos representa, es decir, estamos conformados por una gran cantidad y diversidad de formas y prácticas culturales: de norte a sur, de costa a costa; pueblos rurales e indígenas confrontados inevitablemente con grandes urbes y centros urbanos de población; ciudades perdidas y periféricas como representación dramática de la marginalidad social y todos ellos conformando la pluricultura de un país.

Habría que añadir al panorama descrito, la multiculturalidad que, a través de los medios de comuncación y redes sociales se ha generado, haciendo prácticamente ciudadanos del mundo y de sus rincones más alejados e insospechados a todos los que poseen en sus manos un teléfono celular, todo ello sin contar que ahora seremos hibridizados por y para universos virtuales paralelos a las realidades materiales de existencia.

Hablar de educar y específicamente de enseñar, ante el panorama descrito, nos lleva a reflexionar que todo acto de enseñanza llevado a cabo por aquellos que interactúan con personas e influyen, de una forma u otra en ellas, se efectúa de manera diferente en cada caso, sobre todo de acuerdo con las grandes diferencias culturales de los que formal y profesionalmente se dedican a la docencia, la comunicación, la salud y otras disciplinas más, así como los que de manera espontánea e informalmente lo hacen.

La educación que se lleva a cabo en cada familia, desde luego que es diferente de unas a otras; la dinámica, costumbres y acciones desarrolladas en ellas, las cuales conforman todo una gran gama de enseñanzas y aprendizajes, son muy variadas; las hay aquellas en las que el ambiente es relajado, con entera confianza entre sus miembros y hasta con muchos momentos divertidos; en el extremo opuesto, encontramos a las que la rigidez y la formalidad las caracteriza, con total seguridad en que se deben cumplir las reglas al pie de la letra.

En cuanto a los comunicadores, con toda su gran capacidad de enseñar e influir en toda su audiencia, sin límites de espacio, tiempo y con la enorme variedad técnica de medios, aplicaciones y plataformas, desde luego que cada uno de ellos tiene una manera diferente de hacerlo.

Para el caso de los maestros, tal parece que hay un intento generalizado y muy efectivo por “robotizarlos”, es decir, que haya solo un estereotipo y forma de ser docente; en algunos sistemas, zonas y escuelas, tal cual si se les insertara en su mente un microchip, se les programa para enseñar lo mismo, a la misma hora, con el mismo material, con la misma técnica y forma de evaluar; incluso, colocan desde cámaras de video y personal que supervise que esta función se lleve a cabo, tal como está programada.

Si en el alumno se despierta la curiosidad natural por saber más de un tema, pues ya no es posible enriquecerlo de esos conocimientos, porque no están programados; o bien si los docentes son sorprendidos por directivos o coordinadores abordando  un tema fuera del tiempo programado, son objeto de amonestaciones.

Sin embargo, cada maestro y cada maestra es diferente, existe una rica y variada multiculturalidad, todos ellos poseen cualidades, estilos y formas propias de ejecutar la misma acción; los docentes que ya se dieron cuenta, han ido renunciando a ser “robots” y se han quitado el chip insertado y, aveces paulatina o en otras abruptamente, reconocen sus propias características entre todo el conglomerado y educan desde esa diferencia.

Solo por poner mínimos ejemplos: los hay aquellos que entre su labor educativa formal, motivan o atraen a sus alumnos cantando o ejecutando instrumentos musicales, rompiendo con el estigma del supuesto “orden” destinado para robots y con sus alumnos entonan canciones o bailan;  otros más, utilizan máscaras, títeres y marionetas o, los hay quienes son verdaderos cuentistas y narradores profesionales; en otros casos utilizan medios audiovisuales, no como mero entretenimiento sin mayor objetivo, sino más bien, con total sentido de enseñanza mediante videos, series, documentales o películas que hacen dialogar a los alumnos acerca del tema observado.

Qué decir de aquellos que sorprenden a sus pupilos con interesantes y sorprendentes experimentos de ciencias y programas digitales o, hasta con videoconferencias con niños de otras escuelas de diferentes lugares del país o del mundo.

La multiculturalidad es una realidad, desgraciadamente poco reconocida y valorada en las actividades de enseñanza; sin ambargo, tanto en familias, medios de comunicación y escuelas, hacia el interior de cada hogar, medio de comunicación y aulas escolares, el enseñar desde las cualidades que otorga la diversidad de cada formador, debiera ser el motor y técnica principal que conduzca a todos aquellos quienes realizamos esta actividad.

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