La educación entendida en su carácter “integral”, incluye como ya sabemos, todo un proceso en donde no solo se adquieren contenidos teóricos y técnicos, sino que además está impregnada del fomento de actitudes, valores y emociones, entre otras cosas que, normalmente no son consideradas como partes formales para enseñar y aprender
Además, la educación en su carácter más “generalizado”, amplía los ámbitos, espacios y actores que se incluyen en este proceso; de forma tal que, el educar no solo está en las atribuciones de la escuela, sino en otros grupos sociales y espacios de interacción.
Tanto para el carácter “integral” como para el “generalizado”, existe un grupo social que se destaca por su importancia al educar, tanto por la cantidad de horas que se interactúa y convive, como por ser el origen de la relación, trato y dinámica entre sus miembros, me refiero a la familia.
En efecto, este grupo social es el más importante para el inicio del proceso educativo en todas las personas; incluso, existen ya teorías que aseguran que este proceso inicia desde el vientre materno (Murphy, 2014), en donde ya el feto está impregnado de formas de alimentación, tipos de comunicación, sensaciones, sonidos y todas las experiencias que en su estancia dentro de la madre se van presentando, incluidas las emociones.
Nótese que cuando aseguramos que la familia es el elemento más importante para ese proceso, no se hace referencia a algún tipo de familia en especial, debido a que todos ellos revisten esa relevancia, todas las tipologías existentes son fundamentales para este acto.
Dentro de las diversas funciones sociales que se la han asignado a la familia, se encuentran aquellas de carácter económico, cultural, emocional, seguridad, entre otras, todas ellas sin duda fundamentales; inmersa en esas funciones, está la educativa y de manera más precisa: la educativa integral.
Es en el espacio familiar en donde se tiene el primer contacto con el mundo social, se dan los primeros pasos y se desarrolla el lenguaje hablado y las bases para el escrito; es en donde se adquieren y fomentan hábitos alimenticios, de salud e higiene, de descanso y recreación, de consumo cultural como lecturas, música y emisiones audiovisuales; costumbres y diferentes tipos de virtudes y valores, así como la diversidad de emociones en su desarrollo y autorregulación; y algo muy importante para la educación integral: la percepción de sí mismo como componente de la autoestima y de la confianza para desenvolverse en su contexto.
Si bien es cierto que lo descrito en el párrafo anterior, es solo una pequeña muestra de todos los procesos educativos integrales que ocurren en el seno familiar, sirve para ejemplificar la importancia que tiene este grupo en la formación de los individuos y la diversidad de campos y áreas en las que se interviene.
A la par de que el niño o niña se va desarrollando en el ambiente propio de su hogar y teniendo verdaderas sesiones de aprendizaje no formal e informal mediante la experiencia en su convivir, van apareciendo otros elementos y escenarios que brindan nuevas y amplias posibilidades de adquirir otros conocimientos, costumbres y valores; me refiero a otros miembros de la familia en sentido extenso, otros miembros de la comunidad y sobre todo a los medios de comunicación y tecnologías de la información, los cuales, sobre todo estos últimos, van a marcar una ruta de aprendizajes infinita que va a marcar todo su porvenir educativo y formativo.
Ya para cuando un niño es confiado a una institución escolar, es demasiado tarde; sobre todo, si se piensa que a ésta se le debe confiar todo el proceso de formación integral, proceso que, como acabamos de revisar, inicia en la casa.
Cuando el niño asume su rol formal de alumno, ya su mente tiene conocimientos previos valiosísimos, su cuerpo tiene el efecto de hábitos alimenticios y de salud moldeados por su familia y su entorno mediático, su consumo cultural tiene una directriz hacia alguna o ninguna actividad, sus formas de recreación y descanso están practicadas cotidianamente y sus costumbres y valores son el reflejo fiel de lo que en su hogar se practicó.
No trato de desligar la labor formativa integral que, sin duda tiene la escuela; más bien, la intención es otorgar la gran importancia que la familia tiene para el inicio y desarrollo de la educación y que un buen y sólido fundamento en el hogar, brinda las bases para que los elementos y situaciones que vayan interactuando con los hijos, se afronten de la mejor manera.
Por su parte, la escuela en todos sus niveles, tiene la labor de continuar, reforzar o mejorar las bases que previamente la familia implantó; la función educativa, bajo este precepto, va más allá de la simple tarea de transmitir conocimientos teóricos y técnicos. Es la implementación de la llamada educación integral.
Cuando existe una desvinculación entre la familia y la escuela, cuando en el hogar se ignoró su función educativa; o cuando simplemente, desde la casa se presupone que la única encargada de educar es la institución escolar, entonces en verdad: La escuela, demasiado tarde.
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