Familia y escuela Capítulo 101: En peligro de extinción: Los sueños

Definitivamente los sueños y ese acto de soñar nunca desaparecerán, sobre todo porque son una parte inherente al ser humano; sin embargo, son tantos y tan frecuentes los intentos por desacreditarlos, evitarlos y hasta negarlos que, aunque existen y por ello son tan reales; aun así, se están erradicando y procurando su extinción.

Hablar de “extinción”, es un concepto que ha estado tomando forma y concretándose directamente proporcional al progreso de las personas, pueblos y naciones; tal pareciera que este “avance” tiene costos, en ocasiones muy elevados.

A grado tal se ha instaurado en el planeta este hecho que, aunque infame, se ha familiarizado de manera natural la devastación de bosques y selvas, el crecimiento urbano e industrial, la contaminación y todo ello con la consecuente pérdida de la biodiversidad, incluido, claro está, a los seres humanos.

Aparejado con la pérdida de las especies de seres vivos, se encuentran amenazados diversos elementos socioculturales, que al igual que los primeros, son de suma importancia para el desarrollo armonioso y equilibrado de las sociedades; tal es el caso de los sueños.

Queda claro que, la acción de soñar es relativa a una parte ineludible de las funciones cerebrales y por tanto fisio-psicológicas; pero para este caso la ubico en el terreno sociocultural, porque precisamente somos las personas que, con las reglas, convencionalismos y conductas aceptadas por el grupo, nos hemos encargado de esconderla cual, si fuera “el pariente incómodo” que llegado el momento no podemos negarlo, pero que no es deseable darlo a conocer en sociedad.

Esta reclusión ha provocado que sea un acto tan nuestro y tan íntimo que, podemos gritar a “los cuatro vientos” que somos médicos, profesores, ingenieros o hasta orgullosos papás; pero gritar que somos soñadores, causaría no menos que risas y burlas.

Narrar nuestro rol y funciones laborales o familiares, sería de lo más común, dado que estaríamos de alguna manera explicando las actividades que son catalogadas por los demás como: “serias y formales”; en cambio, contar lo que nuestra mente creó a manera de sueños, sería poco pertinente y solamente probable de hacerlo con alguien de mucha confianza, pero siempre con el riesgo de minusvalorarlos y francamente ser tomado como algo irrelevante.

¿por qué los escondemos? Si ahí están, aguardándonos; tan forman parte de nosotros que se encuentran siempre a la expectativa de que nuestra consciencia “se descuide por un momento” y aun estando despiertos nos asalten y sorprendan, creando ese lapsus en nuestra vida racional cotidiana.

Son puntuales a la cita y cada noche nos esperan para acompañar la inmersión de dormirnos hasta los niveles más profundos, momento que aprovechan para hacerse presentes. 

Resulta interesante este proceso, porque tal pareciera que hablamos de alguien diferente y externo o de alguien más habitando en nuestro subconsciente, sin embargo, hablamos de nosotros mismos, siendo fieles espectadores de que nuestro ser tiene múltiples capacidades y no solo las que objetivamente son clasificadas como “reales”.

Somos tan capaces de crear mundos y universos paralelos en donde todo es posible: podemos volar cual la mejor de las aves, caminar sobre las aguas, visitar lugares extraños nunca antes vistos, crear colores y texturas insospechadas, visitar la más lejana de las estrellas, convivir o escapar de animales y fenómenos fantásticos y todo lo que podamos crear, siempre de manera infinita.

Podemos convivir con los seres queridos que se encuentran ya en otro plano o muy distantes, de una forma tan real que casi es posible sentirlos, verlos, tocarlos, escucharlos y hasta olfatear su aroma; episodios tan agradables que, al despertar y querer regresar con ellos, aparece la frustración porque nuestra consciencia lógica nos recuerda que ya no están físicamente aquí.

Nos muestran que somos seres que tenemos todas las características de los humanos, como el asombro, el temor, la angustia y demás sensaciones que se manifiestan también durante los sueños, convertidos éstos en lo que conocemos como pesadillas.

Una de las fuentes inagotables de la creatividad, sin duda se encuentra en esta abstracción de las distintas realidades que “amarran” a nuestras ideas y solo nos permiten pensar lo correcto; no pocos creadores han encontrado la esencia de sus obras en sus sueños. Quién pudiera hablar de ello con DaVinci, Julio Verne, Albert Ainstein, Nikola Tesla y tantos otros que nos pudieran comentar cómo crearon su universo paralelo.

Los sueños representan entonces a la verdadera libertad, la proyección de nuestra personalidad, ambiciones, objetivos y en muchos casos a la esperanza y visión de futuro.

Preguntar a nuestros hijos o alumnos sobre lo que han soñado, no es meramente una anécdota sin sentido e irrelevante; más bien es darles la confianza de seguir el camino de la creatividad e innovación; impulsarlos a que persigan y logren los objetivos que en su mente se han trazado; por el contrario, “atar su mente” solo a elementos objetivos y “reales” implicaría el demostrarles que en su vida no podrán llegar más allá de lo que otros han decidido por ellos.

Tu vida como habitante de esta sociedad, como padre o madre de familia, como maestro o maestra, ¿está amarrada solo a las realidades objetivas?  ¿escondes tus sueños o te has dado la libertad de perseguirlos?

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