De manera casi natural hemos sido formados y reproducidos culturalmente para que el sentido de la vista sea la primera y en muchas ocasiones la única forma que se usa para registrar y clasificar personas y sucesos que se nos van presentando día con día.
Basta solamente con echar un vistazo para emitir a manera de prejuicio, una etiqueta que imprimimos en nuestra mente y la pegamos inflexiblemente sobre todo lo que se presenta frente a nuestros ojos, sin esperar a hacer un juicio más equilibrado y justo.
Es así que este sentido se aplica como el primer filtro que usamos para establecer si alguien nos agrada o no, si es confiable o desconfiamos de él, si lo compadecemos o lo admiramos, incluso, determinando si es honesto o no; todo lo anterior, ante la insuficiencia de ¡solo una mirada!
Es por ello que al presentarse la diversidad encarnada en las personas con diferentes bases culturales, formas de pensar, actuar, preferencias sexuales; aspecto físico con perforaciones, tatuajes y otras aplicaciones corporales, todavía encontramos a quienes no solo no concuerdan con esos estilos, sino que expresan su segregación y prejuicio hacia ellos, sin otorgarles la oportunidad de manifestar sus ideas y capacidades intelectuales.
Sucede también con aquellas personas catalogadas a priori de manera discriminatoria como “faltos” o “minusválidos”, ahora llamados con “capacidades diferentes”, de los cuales antes de saber sobre sus potencialidades, características y habilidades personales, son etiquetados con cierto desencanto como “patología social”, imposibilitados para muchas cosas que de manera “normal” se pueden hacer y claro que, antes de cambiar las reglas se prefiere excluirlos anticipadamente.
Una de las primeras impresiones que se tiene de estas personas es el sentimiento de la compasión, sobre todo desde quienes tienen la actitud de apoyarlos; por el contrario, para otros solamente se consideran afortunados de no estar en su lugar; en ambos casos, surgió el prejuicio y no hubo la intención de indagar, como se haría con cualquier persona, sobre sus capacidades.
De los muchos casos de capacidades diferentes que se presentan, tomemos el de características motrices, como es el caso de aquellos confinados a una silla de ruedas:
Licenciado en informática: “…tuve muchas dificultades para poder terminar mi carrera, primero porque no se me creía capaz ni de salir a la calle, después al excluirme de casi todas las actividades; ya para buscar trabajo tuve experiencias que me dejaron marcado, al solicitarlo nunca comentaba que estaba en silla de ruedas, así que al acudir a una entrevista, la oficina estaba en un segundo piso y no pude acceder por las escaleras; en otra, la puerta de entrada era tan pequeña que no cupo mi silla, el colmo fue en la última ocasión, porque desde que entré, por el simple hecho de ver mi condición, nunca indagaron mi potencial, capacidad mental y profesional y pusieron como excusa que ya estaba ocupado el puesto. Actualmente tengo mi propia empresa”.
Existen mil posibilidades para incluir a todo tipo de personas a las actividades sociales y laborales, pero la etiqueta que se genera es predominantemente de prejuicio y de evitar modificar las condiciones para adaptarlas a sus características.
Seguramente, bajo estos supuestos, alguien que no conociera los antecedentes de Stephen Hawking y solamente viera sus condiciones finales de inmovilidad casi total, igualmente confinado a una silla de ruedas hasta su muerte en 2018, se tendría una concepción sobre su persona de invalidez, minusvalía y en algunos casos de compadecerse de su situación física por la enfermedad degenerativa que lo afectó; no es sino hasta que se indague más sobre sus portentosos aportes a la física y el origen del universo, comparable con Einstein, que su inteligencia pasó a rebasar las condiciones visuales con las que se le apreciaba.
Falta mucho trabajo por hacer en materia de educación y formación para la inclusión; elementos tan necesarios como educar desde familias, escuelas y medios de comunicación incluidas las redes sociales, para la comprensión de las diversas habilidades, actitudes y valores en personas que, no obstante, su apariencia y estado físico, se les debe dar la oportunidad de expresar, manifestar y fomentar todas sus capacidades.
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