Familia y escuela Capítulo 13: Madre soltera

Que importante resulta para todos los que convivimos en una sociedad y específicamente, para los que trabajamos con la materia prima más delicada que existe (las personas, los seres humanos), que profundicemos y comprendamos con claridad algunos conceptos que, resultan deformarse o transformarse con el uso cotidiano; incluso, adquirir otros significados o calificativos que, con la interacción social y cultural, se les van atribuyendo. Tal es el caso de las familias de “madre soltera”.

Iniciemos describiendo de manera formal, cómo debe definirse a una familia de madre soltera: es aquella que intencionalmente se planea con ese objetivo; es decir, es la persona que de forma deliberada elige no “atarse” a otra con un acto civil, religioso o informal como la unión libre.

Por supuesto que no se omite la posibilidad de tener una pareja, de tener hijo (s), de ser autosuficiente y asumir todos los roles y funciones que se encomiendan a la familia. Frecuentemente tienen y reciben apoyo de sus padres y algunas frases cotidianas que se usan para justificar esta forma de vida son: “…no quiero depender económicamente de nadie” “…no quiero estar lavando trastes y ropa, mientras que él, está sentadote viendo el futbol!!!” “…me basto sola para atender y criar a mis hijos”, entre otras.

Esta forma de familia ha ido en aumento y se representa de manera parcial por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2018), bajo el concepto de “hogares con jefatura femenina”, asegurando que, para el año de 2017, de cada 100 hogares en promedio había 28 encabezados por mujeres, encontrando que una porción dentro de ellos, está representado por los de “madre soltera”.

En contraposición, la familia conocida como: “de padres separados”, es aquella en donde de origen, el proyecto, declarado o no, se planteó en pareja, pero por circunstancias diversas ocurre una separación y ruptura del vínculo, previo a la llegada de los hijos o posterior a ella; además, teniendo establecida una familia natural, se tiene la posibilidad del fallecimiento de alguno de los padres, provocando resultados similares.

La situación de quedar como padre o madre de familia a cargo de sus hijos, es denominada también de diversas maneras por algunos autores, usando los términos de: “familias monoparentales”, “familias incompletas”, “familias desestructuradas”, entre otros. Pero finalmente teniendo en sus resultados la situación de solo una figura parental al frente del hogar.

Después de haber revisado algunas características básicas de estas familias, vayamos al terreno cultural, de costumbres y tradiciones, en donde se crean imaginarios que llegan a ser tomados como verdades y aplicados de forma directa en las personas, algunas veces como prejuicios.

La forma en que tradicionalmente era entendida una familia de madre soltera, implicaba de manera directa la desvalorización de la mujer, sobre todo porque tradicionalmente, hasta hace unas décadas, era la encargada únicamente de las labores del hogar y la crianza de los hijos.

Además, una familia de este tipo estaba marcada por la palabra: FRACASO. Que se aplicaba cuando al establecer una familia tradicional ocurría una ruptura, alejamiento o divorcio y generalmente la explicación que se daba ante la sociedad era: “…es que ese matrimonio fracasó y aquí sigue ella, con sus hijos”.

Otra de las palabras empleadas para caracterizar a una madre soltera era: FALLA o ERROR. Cuando la pareja tenía relaciones sexuales y quedaban embarazados, y existía una ruptura del vínculo de pareja, previo al nacimiento del producto, se solía decir: “…esta muchacha cometió un error y ahí están las consecuencias” “…nos has fallado, has deshonrado a esta familia”.

La carga de adjetivos y palabras que etiquetan a estas familias como algo anómalo en la sociedad, se extiende en muchos de los casos hacia los hijos, los cuales al cometer el mínimo error en su actuar o al tener como parte de su niñez, adolescencia o juventud alguna conducta antisocial, inmediatamente se echa mano de su origen y se culpa al tipo de familia al que pertenecen.

Este prejuicio manifestado hacia los hijos de estas familias, suele ser un “lugar común” para explicar el origen de comportamientos no deseados, sin analizar siquiera las verdaderas causas, se procede a explicar: “…es que es hijo (a) de madre soltera” y estos comentarios suelen usarse por familiares, vecinos y hasta por algunos profesores y autoridades de las instituciones educativas.

Hasta el momento, no existen estudios que comprueben que de manera directa hay una relación causal entre el pertenecer a este tipo de familia y tener conductas antisociales; existen factores dentro y fuera de ellas, que pueden llegar a predisponer tales conductas, tal y como ocurre con todos los tipos de familia, pero no se puede asegurar que ocurra directamente con éstas.

De la misma forma y siguiendo las características que hemos descrito, tanto teórica como culturalmente, no se puede catalogar el FRACASO, ERRORES o FALLAS, solamente a este tipo de familia, dado que todos los que existen, están propensos a tener altibajos, problemas, discontinuidades, separaciones, rupturas, etc.

La felicidad y el logro de las expectativas personales y grupales, no está definido por el tipo de familia que formamos y pertenecemos, sino por la forma en que establecemos su dinámica, sus metas y objetivos y desde luego, por la búsqueda del bienestar de todos sus miembros.

Los que trabajamos formando y educando personas, sabemos bien que, una gran mayoría de los alumnos que pertenecen a estas familias, catalogadas tradicional o teóricamente como de madres solteras, son dedicados, esforzados y, sobre todo, tienen muy clara la idea de seguir adelante y conseguir sus metas, para ayudar a quien dio su atención, cariño y esfuerzo por ellos.

Por su parte, las mujeres que están al frente de este tipo de familias, en su desarrollo laboral y personal, pueden ser tanto o más capaces y exitosas, que cualquier mujer que forma parte de los diferentes grupos sociales.

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