Familia y escuela Capítulo 147: Animal, hombre y humano

Una de las formas de entender lo que representa y significa una postura humanista para las dferentes maneras de pensar y actuar que se tienen por los integrantes de una sociedad, sin duda lo es el comprender los significados, coincidencias y diferencias entre el ser animal, hombre o humano.

De hecho, dicha comprensión está inscrita como una de las metas y objetivos originales de todo proceso educativo, desde luego entendido éste, no solo como el conferido a la escuela, sino a todos los grupos sociales, comenzando por el familiar y todos los espacios en donde se interactúa comunicativamente entre personas.

Para muchos, la separación tajante que existe entre el animal y el hombre es incuestionable; desde que los primeros homínidos comenzaron la carrera evolutiva para separarse de los animales, primero fisiológicamente: con la portentosa consolidación en tamaño y funciones cerebrales; el fémur y columna vertebral que, entre otras adaptaciones permitieron permanecer y avanzar erguidos; la increible separación del dedo pulgar, que otorgó a las manos la calidad de herramienta, con la capacidad prensil y de usarlas para tareas finas o gruesas.

Pero aparte de las evoluciones fisiológicas, se encuentran las de tipo social y cultural; el hombre y sus creaciones: ideas, religiones, formas de ser y actuar en sociedad, artefactos, vivienda, vestuario, tecnología y una larga lista de elementos los cuales al sumarlos, tal parece que no hay duda: los hombres somos diferentes de los animales.

Sin embargo, aunque insistimos en asegurar que hay diferencias muy marcadas entre ambos, todavía existen evidencias básicas y de origen, que nos recuerdan que pertenecemos al reino animal y, sobre todo, que no obstante el gran tramo y avance recorrido, en muchos casos no nos hemos separado gran distancia de ellos.

Un ejemplo muy simple y elemental, lo constituye la derivación que tuvieron las garras hacia lo que hoy poseemos como: uñas; éstas ya no nos son útiles, dado que si para los animales les resultan vitales para afianzarse a diferentes superficies o atrapar a sus presas, para los hombres ya no tienen esa finalidad; aunque todavía hay quien las usa como armas o las justifica y argumenta como remedio eficaz e inmediato ante la urticaria o comezón, pero incluso para ello ya habría artefactos y pomadas; entonces, al poseerlas en nuestro cuerpo, no hay más remedio que usarlas como adorno estético.

En lo que respecta a los comportamientos sociales, sobre todo aquellos derivados de necesidades primarias y básicas, esa aparente “diferencia tajante” entre animales y hombres, parece desaparecer o al menos estar muy cercana; necesidades de compañía y afecto, protección, alimentación, reproducción sexual, defensa, vivienda y otras más que nos hacen pertenecer al mismo reino.

Ante esta igualdad, existen hombres que incluso se muestran por debajo o muy retrasados de la mayoría de los comportamientos animales: estos últimos, no matan por placer ni contaminan el ambiente de forma deliberada; tampoco muestran conscientemente una pulsión de muerte, haciendo uso de su libertad para elegir conductas que dañan a su persona, como el consumir sustancias nocivas, o dañar a los demás con comportamientos soberbios de exclusión y marginación o utilizando el intelecto para crear armas de destrucción masiva, entre muchos ejemplos que podríamos citar.

Por su parte, el hombre, en su carrera por aspirar a considerarse como ser humano, ha emprendido una evolución portentosa como creador de cultura material con todo tipo de adelantos científicos y tecnológicos; además de ser creador de cultura no material, representada en todas las ideas, valores, cosmovisiones, representaciones de fe y creencias religiosas, todo ello como formas de concebir y aplicar principios pragmáticos para la vida cotidiana integral.

La educación, tiene como uno de sus principios fundantes la creación, entendimiento y fomento de una postura humanista, para ello, es necesrio entender que se debe partir de la igualdad: animal y hombre, para proyectar a este último hacia su conformación de ser humano.

Humanismo, apreciado desde el enfoque descrito, propone ya con anterioridad una subclasificación que diferencia a los “Animales no humanos” de los “Animales humanos”; en los primeros, están aquellos que solamente “nacen, crecen, se reproducen y mueren”, demostrando y sufragando solamente necesidades básicas, sin descartar que muchos hombres retroceden y se comportan peor y ni siquiera merecen estar en esta categoría.

En la segunda clasificación, encontramos a aquellas personas que enseñan y demuestran de forma integral con sus acciones, los conocimientos, valores, actitudes y habilidades que caracerizan a un ser humano, que con humildad se reconoce como parte de los seres vivos y que lucha por el equilibrio de la naturaleza.

La nueva escuela mexicana, propone una orientación humanista; es entonces necesario que, familias, escuelas y todos quellos inmersos en el proceso educativo, reconozcamos la categoría de “Animales humanos” que debemos formar.

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