Comencemos con una premisa: “La educación no tiene límites, quienes nos encargamos de limitarla somos nosotros”.
Como todos sabemos, la educación es un proceso que no está circunscrito solamente a la escuela, sino que ocurre en la cotidianidad de todos los espacios sociales, de forma individual o grupal; en todos los estratos y condiciones socioeconómicas, en los lugares más urbanizados y los marginales; desde las instituciones familiares hasta las laborales; en la condición de estar en un salón de clases, hasta ser pasajero de un camión urbano o fila para hacer compras en un supermercado.
Todavía existen muchas personas que limitan el entender a la educación solamente a quienes cursaron de manera formal, los diferentes grados escolares, los cuales sin duda ayudan a tener bases para el desarrollo futuro, pero que no representan una seguridad total de que el haberlos cursado tengamos como resultado a individuos con empleo seguro, con actitudes, valores y comportamientos éticamente responsables.
Ya dentro de las escuelas, con el pretexto de “cumplir profesionalmente” se imponen límites, con el vaciado de los planes y programas de estudios en tiempo y forma en los alumnos y éstos repitiendo como autómatas lo que se les indica, en pos de obtener una calificación numérica o un “aprendizaje esperado” que les asegura su permanencia y la seguridad de ser aceptados socialmente como individuos que no transgredieron lo establecido y estar aptos para sumarse a los “sujetos” sociales; los que no aprobaron, esos quedaron fuera de los límites.
Esta forma de educación escolarizada, limita a alumnos y maestros, a los primeros, porque omite su personalidad; lo anterior duele decirlo, porque no es cualquier cosa que, en afán de cumplir con un programa de estudios, se dejen de lado las características personales de cada alumno de cualquier nivel educativo, sin embargo es más doloroso en los niveles iniciales, cuando están absorbiendo como una “esponja” todo lo que pasa frente a ellos; quedan fuera del límite educativo sus costumbres, sus miedos, sus sentimientos, sus gustos y aficiones, sus habilidades, sus creencias espirituales, su música preferida y el resto de su consumo cultural; todo está fuera de lo planeado escolarmente y en su lugar quedan los conocimientos científicos, que para la gran infinidad de alumnos implica tediosa y aburridamente “tragarlos” como quien traga un alimento necesario pero con sabor amargo.
¿Qué impide a los alumnos a ir más allá en búsqueda autónoma de los conocimientos que deseen adquirir y comprender? En esencia la respuesta es: nada y nadie; sin embargo, la escuela promueve limitativamente los grados escolares y los contenidos que de acuerdo con una teoría evolutiva todo individuo debe saber de acuerdo con su edad; y ¿si algún alumno quiere saber algo de los grados superiores? o ¿si el químico quiere saber de ciencias sociales? o ¿conocer de temas considerados tabú? ¿lo consulta con sus maestros, padres de familia o los obtiene por sí mismo?
¿Qué limita a los maestros? En esencia se pudiera decir que los programas de estudio, las diferentes normatividades y autoridades escolares que supervisan su proceso laboral; sin embargo, una vez que el maestro o maestra entra a su salón de clases y cierra la puerta, está en su espacio exclusivo, su mundo y es entonces que nada ni nadie lo limita; es estar ante la oportunidad única de no solo transmitir conocimientos; ellos, tus alumnos, te observan y desde ahí aprenden: cómo te vistes, hablas, caminas; cómo los miras y te diriges a ellos, incluso cómo los impulsas a lograr sus sueños, los premias, reprendes y les exiges; en efecto, no debiera haber límites, salvo que tú los pongas.
¿Qué limita la educación en las familias? Cada una de ellas es diferente a las demás y desde luego que se educa y forma a sus integrantes de manera distinta, con ejemplos, reglas, ambientes y recursos propios; pero se debe entender que todos aprenden, no solo de padres a hijos, de todas las circunstancias, las formas y medios que se usaron para resolverlas; del apoyo que todos los integrantes de la familia le dieron al padre al ser despedido del trabajo; del apoyo de los padres hacia hijos e hijas que confrontan situaciones difíciles de resolver, bien sea académica, laboral o personalmente.
¿Qué limita a la educación en las empresas? Pudiera parecer un tema económico, de programación de administración de recursos, con números rojos y negros; sin embargo, el romper esos límites implicaría transformar a la empresa de cualquier ramo, en una comunidad de aprendizaje, en la cual todos aprenden de todos, reconociendo con ello, en el proceso de producción o de servicios, explícitamente el valor, fortalezas y debilidades de todos y cada uno de sus integrantes, cambiando los límites jerárquicos horizontales y verticales, los cuales solo tienden a desarrollar fría e insensiblemente el manual de funciones.
¿Qué limita a la educación en los medios de comunicación? Este punto es de vital importancia, dado que con el avance y sobre todo, el alcance y difusión masificada de la sociedad del conocimiento, estos medios y todas sus variantes digitales, se han convertido en una avalancha de promoción educativa, cultural, recreativa, organizacional y en general, que ha logrado impactar a todos los individuos, grupos y espacios sociales; sin embargo, están siendo mediados y limitados por intereses socioeconómicos.
La educación es la encargada de liberar las ideas, la creatividad y como hemos visto, no tiene límites, es una condición humana y ocurre a lo largo de su existencia; luego entonces, ¿por qué empeñarse en limitarla?
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