Familia y escuela Capítulo 176: Educar con base en proyectos

La vida entera es un proyecto y educar para la vida se convierte entonces en la creación y gestión de proyectos; los cuales desde su origen y planificación pasan por la resolución de incidencias, obstáculos, modificaciones y adecuaciones hasta su logro total o parcial;  o bien, volver a empezar y mejorar lo ya logrado o iniciar uno nuevo.

En  ocasiones no nos damos cuenta de ello, pero siempre hemos estado inmersos en emprender, directa o indirectamente, estas acciones; llámese actividades cotidianas, laborales, escolares, sociales o simplemente, tareas del hogar.

En todas ellas se ponen en juego nuestras habilidades, conocimientos y actitudes, enmarcadas en un contexto y situación específica que demanda de nosotros, no una fórmula universal que lo resuelva todo, sino el criterio y pertinencia de “acomodar las piezas” de forma tal que el proyecto emprendido se desarrolle de la mejor manera.

Educar con base en proyectos, va mucho más allá que la simple y hasta aveces monótona ejecución repetitiva de actividades; es la oportunidad de incluir en ellos elementos que se van a presentar a lo largo de la vida, en algunas ocasiones manifestados en procedimientos técnicos, en otras, en la práctica y fomento de valores y actitudes al afrontar situaciones difíciles y con la necesidad de la resiliencia necesaria para aprender de los errores cometidos.

Los proyectos que se presentan para la vida, no caen únicamente en los límites científicos y técnicos, que constan de un planteamiento, justificación, un método y una evaluación rigurosa que predice con exactitud su nivel de éxito; más bien, sin prescindir de esos conocimientos formales, van aterrizados en situaciones que se miden de forma diferente y que buscan un bienestar personal y social, sin tomar como criterio fundamental la posesión de la riqueza material.

No obstante lo anterior, cuando las acciones que se emprenden no logran los objetivos previstos, incluso, cuando se presentaron, en apariencia, sin proyectarlas, son vistas como un fracaso: un embarazo no planeado, una ruptura familiar o de pareja; una situación de abandono o deserción escolar y hasta el desempleo laboral; sin embargo, al ser considerado como “proyecto fracasado”, sería tanto como equipararnos con seres perfectos y con un funcionamiento mecánico o cibernético, como si el proyecto para la vida dependiera de solamente existir desarrollando todos los días un algoritmo o fórmula científica.

La educación formalmente escolarizada pasa por una situación similar, se está educando de manera general y desde hace mucho tiempo, insertando contenidos en las mentes de los diferentes alumnos, cual si fueran depósitos o repositorios en donde hay que almacenar los conocimientos que les habrá de “solucionar la vida”.

Además, dichos conocimientos retenidos en la mente por un tiempo muy corto, se introducen de manera fragmentada, es decir, las matemáticas separadas de las ciencias y éstas del español, de la historia y la cultura, cada una con sus propios materiales y textos; como si en la realidad cotidiana estuvieran separadas.

Gran privilegio tuvieron los alumnos del nivel preescolar de hace más de una década, al trabajar y ser educados con base en proyectos, mediante los cuales en una asamblea, se les preguntaba acerca de ¿qué quieren saber o conocer?, los temas propuestos por ellos eran sometidos a votación y el proyecto ganador era preparado por la educadora o educador de forma tal que, integraba para su desarrollo el conocimiento matemático, personal y social, lateralidad, inicios de lecto escritura y todos los elementos necesarios para desarrollarlo; la ruptura llegaba al ingresar a la primaria y abordar conocimientos fragmentados.

¿Es deseable fomentar en la escuela una educación para la vida, desarrollada por proyectos?

Desde luego que es deseable, pero además necesaria; sobre todo de carácter integral, en donde se desarrolle vinculada a situaciones específicas de cada contexto, con el fomento y práctica de valores, habilidades, actitudes proactivas y el respeto a las prácticas culturales y costumbres.

Sin embargo, como lo hemos venido afirmando, una reforma educativa de tales proporciones, no obedece, “cual varita mágica” a un plan sexenal gubernamental, un decreto o acuerdo secretarial, ni a un libro de texto o una capacitación insuficiente y encargada para su difusión y apropiación pedagógica en los propios maestros, personal directivo y apoyos técnico pegagógicos; todos ellos, incluídos los estudiantes en formación, padres de familia, medios de comunicación y sociedad en general, han sido formados y han estado acostumbrados a una educación fragmentada.

Estamos ante la necesidad de generar el gran proyecto de educar de forma integral, pero con base en un cambio generacional y desde luego, no solo participando maestros y escuelas, sino la sociedad en su conjunto; caso contrario, estaremos entrampados en discutir por políticas educativas, normas, proyectos coyunturales y efímeros, libros de texto y contenidos; todo ello correspondiente a cada gobierno en turno. 

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