Familia y escuela Capítulo 183. Leer: una pausa para la salud

Ante todas las actividades cotidianas, aquellas que están mediadas por los tiempos, los espacios de interacción social, las responsabilidades; las presiones escolares, laborales, hogareñas y familiares; además de estar alerta ante el contexto de inseguridad que priva, es muy recomendable el tener y fomentar los espacios de recreación, relajamiento y diversión que ayuden a atenuar y sobrellevar de manera adecuada todo el accionar compulsivo que se vive en sociedad.

El practicar lo que se conoce como: “pausa para la salud” implica la ruptura o interrupción de las actividades cotidianas con el fin de evitar, no solo el cansancio, sino el aburrimiento y el tedio que se tiene al practicar sesiones continuas, “circulares” o repetitivas que se manifiestan con afectaciones a los resultados de dichas acciones.

En la parte laboral, estas pausas son cada vez más usuales y necesarias, sobre todo, ante las actividades en las que se requiere tener toda la atención a fin de evitar cometer errores o accidentes en el trabajo; además de buscar mejorar la calidad en el desempeño y logro de una producción con mayor y mejor eficiencia y eficacia.

En la educación escolarizada cada vez es más frecuente, ante el aburrimiento, cansancio y tedio de largas jornadas y exceso de contenidos teóricos, el que se lleven a efecto entre los estudiantes de los diferentes niveles educativos, las llamadas pausas para la salud.

Tanto para las actividades laborales como para las escolares, dichas pausas no son solamente empledas con la simple suspensión de lo que se esté realizando, sino que se tiene una amplia gama de acciones y “pausas activas” que se pueden desempeñar, que van desde el cambiar de postura, caminar por espacios breves, realizar una rutina corta de ejercicio, entonar o escuchar una canción y muchas acciones más, todas ellas con el fin de romper con ese estado de cansancio físico y mental.

Paralelamente con lo comentado, tenemos las pausas individuales, es decir, aquellas de índole muy personal que, en concordancia con las características, aficiones y agrado de cada uno, se sirven de un espacio físico o virtual, para romper de manera particular con las acciones cotidianas.

Son muy variadas y van desde actividades de carpintería, cuidado y cultivo de plantas, cocinar, escribir y tomar fotografías; para otros, su pausa la reflejan en realizar actividades físicas, de ejercicio y deportes, mientras que otros prefieren escuchar música, presenciar películas o series audiovisuales y muchas más.

Dentro de toda esta gama de acciones, recomiendo como una excelente pausa para la salud, a la lectura, esa que elegimos contenida en un libro, bien sea por la portada o por el tema que coincide con nuestro estado de ánimo, nuestra forma de ser y ver la vida, o simplemente por curiosidad.

Existen lecturas y libros para todas las edades, gustos y necesidades: de aventuras, de amor y romance, de ciencia y tecnología, de suspenso y terror, de fantasía y de los temas más insospechados; el punto es elegirlo, explorarlo y dejarnos atrapar por cada una de sus páginas, hasta llegar a su epílogo y preguntarnos si lo volvemos a leer íntegramente o alguno de sus capítulos o dejarlo para otro momento.

El poseer un libro como pausa para la salud, nos ofrece el ir a nuestro ritmo, “devorando” su contenido frenéticamente, con el ansia de saber lo que sigue en la historia; o bien, disfrutarlo “a breves sorbos” saboreando una y otra vez alguna frase, episodio o capítulo.

Nos ofrece, además, el estar activando la imaginación, cual si encendiéramos nuestra pantalla mental y observar en ella todas las acciones, lugares y personajes que aparecen en la lectura, pero ahora imaginados poderosamente por nuestra mente, con los colores y características que nuestra creatividad elaboró.

El poseer un libro y leerlo para generar esa pausa, nos proporciona, la seguridad de llevar en nuestras manos, mochila o bolso a un acompañante, el cual, surgirá tan pronto necesitemos de él; además, al abstraernos en su lectura, genera el espacio físico o imaginario necesario para gozar de calma y tranquilidad, al elegir un lugar especial de nuestra casa o fuera de ella.

La salud, observada de manera integral, necesita de enseñar y fomentar sus pausas, las cuales proporcionarán la relajación necesaria para continuar con las actividades cotidianas; el acceder a la lectura de un libro, es uno de los remedios más efectivos, el cual “tomado a cucharadas” con la dosis, en el espacio y tiempo preciso, proporcionará esa pausa necesaria para nuestro bienestar.

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