Familia y escuela Capítulo 184: El escritor y su libro

Tal parece que el escribir es todo un arte que está destinado a ejercerse por aquellos que tienen la habilidad de expresar sus ideas de manera clara y coherente, atendiendo a reglas de sintáxis y ortografía y que, al hacerlo, llegan a la mente de todos quienes los leen.

Desde luego que me refiero a esa escritura clásica que utiliza letras que forman palabras incluidas en frases y oraciones, que integran un texto que fue creado por nosotros, sin necesidad de introducir figuras digitales como los íconos o emoticones, los cuales, sin duda, obedecen a otra forma de escritura, no necesariamente nociva.

Se encuentra generalmente instalada la idea que el escribir no es para todas las personas, sin embargo, esta habilidad precisamente ha ido perdiendo terreno al no ser fomentada desde que aún siendo pequeños, se tiene capacidad de plasmar por escrito nuestras ideas; de igual forma, se presupone que el escribir es para personas eruditas y especialistas en el campo del cual producen su escrito; constituye esto último, una barrera para que cualquier persona se exprese del tema que mejor le parezca.

Escribir pareciera para privilegiados, para aquellos que están conscientes de que vivir es toda una odisea, tal cual la plasmó Homero; o es una gran historia de amor como la contó Shakespeare con las vivencias de Romeo y Julieta; o son las aventuras consideradas fantásticas descritas por Julio Verne en las “Veinte mil leguas de viaje submarino” y “De la tierra a la luna”; o los delirios en sueños recreados por Dante en su viaje a los infiernos, purgatorio y paraíso.

De la misma manera, la irrupción de los medios masivos digitales para la comunicación ha ido suplantando cómodamente esta habilidad de la escritura personal, por la comunicación iconográfica, suplantando palabras que expresan emociones, novedades, asombro y todo tipo de mensajes, por imágenes prediseñadas ampliamente difundidas e implantadas en los aparatos de comunicación y que han dejado atrás la escritura clásica.

El lápiz, la pluma y el papel, ha sido relegados por el uso de un teclado en una pantalla y por comandos de voz que escriben y promueven las ideas que el autor propone, complementadas con imágenes; pero más allá del olvido de estas formas clásicas de escribir, han dejado en el pasado los cuadernos en donde se escribían los contenidos principales de alguna materia escolar, lo mismo que las notas de una receta de cocina, recado informal y hasta la romántica escena de escribir una carta repleta de frases amorosas.

Sin embargo y pese a toda la irrupción de la modernidad virtual, todavía sobrevive una forma simbólica de escritura; me refiero a la que hacemos todos los días con nuestras vidas; esa escritura que, aunque no esté asentada en un diario, libreta o aparato cibernético, vamos creando con todas nuestras acciones cotidianas en nuestro contexto y tiempo específico.

Hacer de nuestra vida todo un libro, es una cuestión que, aunque no necesariamente esté escrita de manera formal, remite a episodios y capítulos que se van experimentando día con día y que, los actores principales de esa obra, somos nosotros mismos.

Si cada uno de nosotros nos dedicáramos a escribir el “libro de nuestra vida”, seguramente encontraremos todo tipo de géneros literarios y de situaciones que, expresadas para su lectura, tendríamos obras de emociones y aventuras, tristezas, drama y tragedia, romance, situaciones familiares y hasta relatos fantásticos y misteriosos, entre muchas otros.

Sin darnos cuenta, todos somos escritores y creadores de ese gran libro, el cual distribuido por capítulos, va dando muestra de nuestro devenir; desde la introducción y proemio hasta el epílogo, pasando por toda clase de situaciones que nos han ocurrido y que algún día nuestra descendencia lo recordará.

No obstante el genio, creatividad e inspiración de tantos escritores, nuestras vidas son dignas de una gran obra escrita; basta con recordar todas las vivencias en familia, en las escuelas, en viajes con los compañeros y amigos; reunir todas nuestras experiencias, aventuras, situaciones complicadas y la manera en que las resolvimos; estoy seguro que la creación de nuestra propia historia nos llevaría directamente a tener los suficientes capítulos para llegar al epílogo de nuestro propio libro, con el final de nuestra vida y existencia.

Todos somos escritores, escribimos día con día nuestro porvenir y destino.

Actualmente, ¿Cuál es el tema que estás escribiendo? ¿En qué capítulo vas de tu libro?

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