Familia y escuela Capítulo 188: Educar encerrando a la creatividad en una caja de cartón

Parece mentira que un proceso tan importante e insustituible como lo es el educativo, el cual fue creado para cultivar al ser humano, fomentando su crecimiento y desarrollo, liberando al hombre de las ataduras de la ignorancia y propiciando su libertad impulsando su creatividad e inventiva, se convierta ahora en su principal limitante.

El proceso de educar diversificada e integralmente en familias, escuelas, medios de comunicación y en general en todos los espacios en donde existe interacción social entre seres humanos, ha ido paulatinamente coartando esas libertades a las que tiene derecho toda persona.

Resulta raro encontrar procesos educativos mediante los cuales verdaderamente se busque la formación de individuos críticos y creativos, dado que en la mayoría de las situaciones de aprendizaje se premia y reconoce como acertado a quienes logran repetir fielmente las costumbres, acciones, conocimientos, técnicas y formas que alguien previamente declaró como ciertos y únicos.

Cuando niños, contamos con el espíritu de la creatividad totalmente activado, con el mundo entero abierto y sin límites ante nosotros; todos nuestros sentidos alerta ante situaciones, formas, acciones, experiencias y mil cosas más que día con día se presentan; sin embargo, con la dinámica y el ambiente familiar, se comienza, en la mayoría de los casos, a preparar “la caja de cartón” en donde habrá de introducirse y limitarse esa libertad natural, algunas de esas limitaciones totalmente necesarias y otras, francamente reproduciendo actitudes, costumbres y formalismos sociales impositivos y enajenantes, propios del contexto en donde nos desenvolvemos.

Pocas son las familias que, en proporción con la edad de desarrollo de los pequeños, les van otorgando la confianza de elegir y decidir acciones en las que deseen participar, otorgando responsabilidad y por supuesto, el riesgo de equivocarse, pero asumiendo el proceso de aprender y ser creativos con sus propuestas.

Al ingresar a la etapa escolar, la libertad y la creatividad de cada alumno comienza a ser introducida de lleno en “la caja de cartón” y es que, ya los niños llevan una buena cuota de límites impuestos, sin embargo, en el nivel preescolar encontramos todavía actitudes de generar propuestas, ideas y proyectos que surgen al tener la apertura de atreverse a soñar, crear e imaginar escenarios posibles.

Durante el trayecto de la primaria y secundaria, en la gran mayoría de los casos, se borra todo intento de ser creativo, pues comienza la preocupación y presión de tener que someterse a la enseñanza y aprendizaje forzoso de contenidos, cuyo avance se mide numéricamente con exámenes, actividades y otros productos, los cuales deben ser presentados tal y cual los profesores, manuales, libros, programas y planes de estudio los solicitan, so pena de atrasar o abandonar el trayecto educativo.

Todavía con el atrevimiento y la rebeldía de un adolescente se ingresa al bachillerato, pero se lleva bien aprendida la lección de que, si se quiere continuar la escolaridad, se tiene que obtener a final de cuentas, ese número y, desde luego, procurando seguir las indicaciones prescritas, en donde no cabe la anarquía y mucho menos las ideas, propuestas y proyectos personales; la creatividad e ingenio de cada muchacho se encuentra ya depositada “dentro de la caja” y ésta se comienza a cerrar.

Desde luego que durante la etapa de educación superior existen prácticas, materias, proyectos y ejercicios que solicitan la generación de ideas, muchas de ellas relacionadas con aspectos laborales y hasta en algunos casos vinculadas a un impacto social; sin embargo, la mayoría de estas acciones están dirigidas nuevamente a la obtención de una calificación numérica como objetivo principal, lo que limita la extensión de su aplicación.

El resultado de seguir educando de esta manera, culmina al tener el producto que egresa del sistema casi listo: profesionales que dominan y reproducen perfectamente la técnica, los métodos, las teorías y los procesos de manera acrítica, pero con la creatividad encerrada dentro de una caja de cartón perfectamente sellada y, aún cuando a algún profesional tenga la valentía y se le ocurra abrirla y sacar de ella alguna idea, rápidamente es sometida y vuelta a encerrar o bien es utilizada por algún superior atribuyéndose los créditos, cual ladrón de ideas.

Nada me gustaría más que desde familias, medios de comunicación y desde luego que, en escuelas, se fomente la libertad de ideas, incluso no me sorprendería que, desde el nivel de preescolar hasta el profesional y posgrado, existiese una materia denominada: creatividad.

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