Familia y escuela Capítulo 195: Las nuevas prisiones y la educación desde y para la libertad

Mencionaba Eduardo Galeano: “En realidad, bien se podría decir que presos estamos todos, quien más, quien menos. Los que están en las cárceles y los que estamos afuera…”

La limitación de las diferentes libertades que el individuo, por derecho propio debe ejercer, se ha visto propagada de manera muy efectiva, cual tsunami imponente que arrasa todo a su paso y se lleva lo que encuentra en una sola dirección, sin permitir que algo o alguien se escape de su ruta.

Los medios de comunicación tomados de la mano con los adelantos científicos y tecnológicos, aún con todos los beneficios que han aportado para el crecimiento y desarrollo de la vida social y el mejoramiento del consumo cultural y educativo de los pueblos; además de la mejora sustancial en las áreas de la salud, de los procesos laborales, económicos y en general en toda la vida y cotidianidad social; ha llevado aparejado la instauración de un contexto que de manera casi natural, ha moldeado y limitado las libertades humanas, a grado tal que las acciones de las personas se encuentran ya divorciadas de su libre albedrío.

Es tan efectiva la educación adecuada a este contexto que, desde familias, escuelas y las diferentes instituciones sociales, han sido parte de conducir, con su impresionante abanico de posibilidades para enviar mensajes, así como su increíble diversidad de medios, aparatos, plataformas, espacios físicos y modalidades virtuales que, con su enorme calidad en imágenes y contenidos logran convertir en verdaderos “autómatas” a las personas, volviéndolos prisioneros de muy diversas formas y en nuevos contextos.

La apariencia de cada persona está encarcelada y sometida a reglas, las cuales ordenan las características de la figura que toda persona “bonita” debe poseer, así como la moda que se ha de seguir en vestimenta y todos los accesorios necesarios; y para todo lo anterior, las industrias de la cirugía estética y de embellecimiento, brindan todas las facilidades para lograrlo.

Otra celda está ocupada por la industria de la comida, la que es capaz de burlar y casi desaparecer todos los sellos y advertencias de exceso de azúcares, grasas, calorías y sodio, las cuales son inadvertidas ciegamente por los consumidores, confundidos por el sabor, color, aroma y hasta por ofertas y regalos que acompañan a los productos; incluso, aprisionan a los incautos clientes con comerciales maravillosos, anunciados por gente “bonita y sana” y no por modelos afectados por alguna enfermedad producto de ese consumo.

La sección ocupada por los prisioneros con alto grado de peligrosidad, sin duda es la destinada a confinarnos en reclusión por el miedo, la desconfianza, el temor y el horror difundido o vivido en carne propia, mediante toda la violencia e inseguridad que priva, ya no solo en las grandes ciudades o centros urbanos, sino también en asentamientos rurales e indígenas.

Aunado a lo anterior, nos encontramos a merced de estar siendo capturados en crujías en donde somos testigos de la “normalización” que se ha hecho de las conductas violentas y de corrupción, así como el consumo de sustancias nocivas y acciones sexuales tergiversadas, las cuales son transmitidas a toda hora en aparatos televisores, computadoras y hasta en cada celular, el cual, dicho sea de paso, de acuerdo con el estudio Digital 2023 México, el 96.5 % de la población mexicana dispone de este aparato, claro está, incluidos menores de edad.

Definitivamente, la celda de castigo, se encuentra ocupada por toda aquella población que, ante la ausencia de una cultura con una adecuada elección de su consumo de contenido audiovisual, se ve sometida al infame tormento de estar viendo y/o escuchando a toda hora, en cada momento y en todos los medios de dispersión informativa disponibles, incluidas todas las redes sociales, a artistas y personajes políticos, los cuales, sus campañas publicitarias son producciones con el objetivo de fijar en la mente de la audiencia secuencias repetitivas de imágenes, frases y palabras clave, para que se sujete y no tenga otra opción al momento de emitir su elección.

De acuerdo con los portentosos avances tecnológicos, tenemos ahora la aparición de “prisiones móviles”, las cuales nos tienen sujetados y controlados en cualquier momento y en cualquier lugar, sobre todo con la obtención de todos nuestros datos personales de índole económico y financiero, así como todos los aspectos administrativos, educativos, laborales y hasta de recreación; todos ellos verificados con pagos virtuales, con tarjetas de crédito o datos biométricos y hasta con la activación a distancia del teléfono celular, con lo que se tiene fiel registro de lo que se come, en dónde se consume, el cine al que fuiste y hasta la película que viste; si pagaste tus impuestos, cuánto ganas y si reprobaste alguna materia en tu escuela.

Es altamente probable que la situación de ser “sujetos sociales”, es decir, de estar sujetados y con ello de alguna forma estar aprisionados, se manifieste desde la aparición de la coexistencia en grupos socialmente establecidos; sin embargo, las condiciones actuales obligan a reconocer nuevos contextos, procesos y circunstancias y con ello, la aparición de nuevas prisiones.

Ahora más que nunca debemos darnos cuenta que la educación desde familias y escuelas, debe gestarse desde la libertad y para la libertad, con el objetivo de recuperar, ante este nuevo contexto, el libre albedrío y con ello la posibilidad de elegir de manera adecuada las mejores opciones para cada persona, en su particular circunstancia, tiempo y espacio.

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