Familia y escuela Capítulo 216: La educación, la política y lo político

Comencemos diferenciando dos conceptos: el primero de ellos consiste en establecer a la política como ese elemento con características científicas que, de manera originaria y pura, sirve para tomar decisiones y acciones que afectan la distribución del poder y los recursos en una sociedad; buscando una regulación social, resolución de conflictos en un marco de leyes, normas y reglas que propicien el desarrollo y fomento de la armonía de los ciudadanos.

Desde luego que es un concepto muy amplio, porque se presenta en todos los escenarios de la coexistencia social como en la política económica, empresarial, social, religiosa, familiar, cultural, educativa, etcétera; pero en todos los casos, implica de manera proactiva “la autodirección de las comunidades, la búsqueda de patrones de valores y políticas compatibles, el arte de lo posible, la coordinación del aprendizaje social, la realización de los objetivos de una sociedad, el cambio de estos objetivos, así como la fijación de objetivos nuevos y la autotransformación de todo un país, su pueblo y su cultura”.

Por su parte “lo político”, planteado desde mi perspectiva, consiste precisamente en lo opuesto a los fines originales de esta ciencia; o al menos tergiversados y apropiados para beneficios personales o de unos cuantos, dejando de lado los adecuados para el conglomerado social.

Son las acciones que, escudadas y enmascaradas en la política democrática, hacen uso de prácticas truculentas y corruptas para acceder a puestos públicos y todos los beneficios que de éstos derivan; de hecho, se ha generado toda una clase o grupo de personas que practican “lo político”.

En ambos casos, se encuentra una íntima relación con la obtención del poder, observado de manera general, es decir, no solamente en el poder ejecutivo, legislativo y judicial, sino que también se aprecia en empresas, familias, escuelas y en todos los grupos sociales; esta situación de empoderamiento ha sido un proceso natural de convivencia humana, sin embargo, en él, subsiste la interrogante de su uso y aplicación, entre la política y lo político.

Para el caso de la educación, sucede algo similar, puesto que, desde los principios de la formalización de esta actividad, ha quedado claro que su concepción original y pura es la de combatir el oscurantismo, la ignorancia, los prejuicios sociales, la marginación; las desigualdades culturales de género, raza, idioma, tonos de piel y muchos más que siguen subsistiendo.

De la misma manera, esta concepción educativa promueve el crecimiento y desarrollo armónico, científico e integral desarrollando, además de conocimientos, valores, habilidades, costumbres, emociones y demás características propias de todo ser humano.

Por el contrario, “lo educativo”, desde la perspectiva que lo estoy planteando, consiste en el aprovechamiento de un valor social que da el tener cautivos a cientos de miles de alumnos de los distintos niveles escolares, de manera cuasi obligatoria, siendo educados de forma casi robótica, sin permitir el desarrollo de su inteligencia emocional, su propia manera de buscar solución a problemas, su opinión ante dilemas éticos y, desde luego, sin la capacidad de “ir más allá” en la propia búsqueda de conocimientos.

Los escenarios virtuales de medios de comunicación, redes sociales y lo que todavía subsiste de la programación televisiva, son verdaderos maestros con clases impresionantemente efectivas de lo que hay que hacer para “llegar a ser” alguien en la vida y poseer poder y economía; verdaderas cátedras  con el nivel de discusión y lenguaje de diputados y senadores; los actos de corrupción denunciados en todas las campañas políticas y noticiarios; la apología del delito y delincuentes que se muestra en películas y series en plataformas virtuales.

Todo lo anterior, denota un uso de “lo político” en la educación y muchos de nosotros, padres de familia, maestros, comunicadores y en general todos aquellos que tenemos implicación directa con otras personas, solamente lo observamos, lo dejamos pasar como si no fuera nuestra responsabilidad, nos asombramos por corto tiempo y hasta lo criticamos, pero no hacemos nada efectivo por combatirlo.

Urge educar desde su sentido original para hacer política también desde su sentido original; urge el no acostumbrarnos a esas prácticas y no solamente adaptarnos a ellas; urge tener personas que ostenten el poder con ese sentido puro que todos nos merecemos.

Comentarios: gibarra@uaslp.mx