Qué difícil resulta aplicar y llevar a la realidad este “llamado”, esa inclinación que de manera personal se tiene hacia una actividad que, pudiera ser la forma principal de desarrollarnos personal, profesional y laboralmente; como ese rol por el que vamos a ser reconocidos en sociedad y que depende de factores internos y otros ajenos a nosotros.
Desde luego que, de manera personal, interviene en primer lugar el gusto, el agrado y satisfacción que se tiene hacia alguna actividad en particular; cuando se realiza alguna función que llena estos requisitos, nos es agradable desempeñarla, a grado tal que, pueden pasar horas y horas y seguimos interesados y la realizamos no importando cansancio, porque hacemos lo que nos gusta.
Sin embargo, no es suficiente. Por ejemplo, hay personas que les emociona y les agrada enormemente cantar, pero por desgracia lo hacen muy deficiente, no son hábiles ni desarrollan esa actividad adecuadamente; por lo que además se debe reunir este otro elemento, que está conformado por la habilidad y capacidad para hacerlo bien.
Estos dos elementos quedan perfectamente diferenciados y se clarifica la idea, al encontrar personas (siguiendo con el mismo ejemplo) que tienen la habilidad de cantar armónica y hasta de manera portentosa, pero esa cualidad no les satisface; es decir, no les agrada, ni les interesa.
Además, para considerar a la vocación instaurada en una persona, aparte de agradarnos y ser hábiles para esa actividad, se debe estar en el lugar adecuado para desarrollarla; este factor externo condiciona el que un individuo asuma y desarrolle vocacionalmente sus capacidades: “… me siento muy bien en mi carrera, me gusta lo que hago y creo que soy bueno en mi desempeño, sin embargo: ¿sabes qué es lo más difícil de ser ingeniero civil? …los últimos 3 años de taxista”.
Las variables de tipo socioeconómico, como lo es la familia y la necesidad de sufragar los gastos que de ella derivan; así como los factores laborales, entre otros, definitivamente influyen entre el trabajar y desempeñarse en la actividad para la que fuimos formados y el hacerlo en actividades que por necesidad desarrollamos.
Para contextualizar este punto y tomando como referencia la información de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, que arroja cifras del primer trimestre de 2020, tenemos que: de la Población Económicamente Activa en el país (57.3 millones), poco menos de 2 millones se encontraba sin empleo; 4.7 millones en situación de subocupación, con la necesidad y disponibilidad de ofertar más tiempo de trabajo de lo que su ocupación actual le demanda; y 15.3 millones laborando en sectores de informalidad.
El desempeñar un empleo que no es necesariamente el que deseábamos, es una de las formas de ejemplificar la dificultad para establecer una actividad vocacional; pero no se descarta que, precisamente esta sea una manera de descubrir algún desempeño laboral que, aunque haya surgido de la necesidad de generar recursos o de coincidencias que se presentaron, lleve a encontrar otra inclinación hacia labores que, al poder realizarlas adecuadamente, nos satisfagan y nos haga sentir ese gusto por desarrollarlas.
“… soy química de profesión. En cierto momento me ofrecieron dar clases de esta materia en una secundaria… ¡nunca hubiera imaginado que soy muy buena para enseñar y, sobre todo, lo bien que se siente estar frente a esos chicos y chicas!” “… en cierta ocasión, un compañero ingeniero me pidió que lo supliera en una clase en la universidad donde trabajaba; así, sin proponérmelo, tengo ya 20 años trabajando de maestro y la verdad que le he encontrado el gusto y aprecio por lo que hago”
Otro de los factores externos que influye para la conformación vocacional, sin duda es el socioeducativo; éste, no solo está representado por las cifras duras, que muestran que de cada 100 alumnos en bachillerato, solo terminan 66; de los cuales, solo el 72.2 % ingresa al nivel superior (SEP, 2020). Sino que también se presentan elementos como: la influencia de amigos, la situación familiar (principalmente económica, de composición, de dinámica y trato), así como la ubicación geográfica en relación con las expectativas laborales y las escuelas de nivel superior accesibles a ellos, entre otros más.
Rescatado de alumnos de educación media superior y superior: “yo siempre quise ser veterinario, pero las escuelas más cercanas se encontraba en otros estados de la república y por la situación económica de mi familia, no pude hacer el intento…” “… soy estudiante de enfermería, mi papá y mi mamá son enfermeros y trabajan en hospital…” “…siempre me dijo el orientador en la prepa: que yo era bueno para las matemáticas, la verdad siempre me gustó ser policía federal” “… mi novia quería estudiar leyes; la verdad, por seguirla ingresé con ella a esa universidad… cuando pasó el tiempo, tuvimos una discusión, ella se fue de la escuela y yo, casi termino la carrera de abogado”
Familia, escuelas y demás instituciones sociales, tenemos la nada fácil tarea de educar integralmente; y dentro de ello, uno de sus fines consiste en: ayudar a ubicar y conseguir que las personas que educamos, tengan la claridad de buscar el desempeñarse en actividades que reúnan todas las características vocacionales posibles; se sabe que no es sencillo, de hecho formar seres humanos no lo es; pero si la meta a lograr es precisa y compartida, habremos dado un paso en el camino por generar individuos conscientes con su persona y con la habilidad y el agrado por el trabajo que realizan.
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