Familia y escuela Capítulo 308: La aldea global y sus autómatas

Aldea Global: término acuñado por Marshall McLuhan para describir cómo la tecnología, especialmente los medios electrónicos, ha interconectado al mundo instantáneamente, reduciendo barreras geográficas. 

El planeta funciona como una pequeña aldea donde la información circula mundialmente, transformando la interacción social, cultural y económica; en este sentido, hay una transformación del mundo en una “comunidad” donde, a pesar de la distancia, todos somos partícipes y estamos interconectados inicialmente mediante la radio, televisión y teléfono, evolucionando luego con Internet y redes sociales, fomentando la solidaridad y el desarrollo sostenible, pero también puede generar consumismo, remarcando la desigualdad en el acceso a bienes y, sobre todo, dependencia hacia los medios tecnológicos.

Autómata: es una máquina o mecanismo diseñado para realizar movimientos predeterminados, imitando a menudo figuras animadas o humanas. Derivado del griego “espontáneo”, este concepto abarca desde dispositivos mecánicos antiguos hasta robots modernos, androides, y autómatas programables industriales.

También se refiere a personas que actúan mecánicamente, siendo aquellas que realizan acciones sin reflexionarlas, solamente procediendo como se les ha ordenado, tal cual un robot o androide.

De acuerdo con los dos términos anteriormente definidos, tenemos al contexto, cual comunidad agrupada en una aldea expuesta y en total indefensión, en donde se generan las condiciones necesarias para que, desde una mirada perversa, durante el desarrollo social, cultural, tecnológico y cibernético se han creado las condiciones, mediante las formas de interconectividad, operando una especie de “lugar” y los medios para dominar al mundo y sus habitantes.

A su vez, ellos, los habitantes, en este proceso de transformarse en autómatas, virtualmente no ofrecen resistencia alguna, porque lenta e inexorablemente, han dejado de lado la mayor parte de atributos que los identifican y caracterizan como seres humanos, otorgando una confianza total y ciega, hacia todos los aparatos tecnológicos, fórmulas y algoritmos infalibles, así como todas las aplicaciones desarrolladas en universos inmateriales, cual si fueran cielos e infiernos prometidos.

Es mediante estos procesos que, los seres humanos han ido cediendo cómodamente terreno, dejando de utilizar cualidades específicas como el sumar y restar, generar ideas, resolver problemas, ofrecer soluciones a aspectos que requieren de la inventiva e innovación y muchas características que lentamente han ido desapareciendo del horizonte propio de las personas.

¿Cómo no iban a desaparecer? si hasta la inteligencia del hombre, como esa cualidad máxima representativa de nuestra especie y la que nos separaba tajantemente de todas las figuras del reino animal, ha dado un paso atrás para ser suplantada por la llamada Inteligencia Artificial (IA).

¿Cómo no iban a desaparecer? si hemos rendido nuestra libertad por las ataduras que nos sujetan mediante un teléfono celular y todas las órdenes que mediante su contenido recibimos de manera directa; órdenes que nos indican qué comprar, cómo divertirnos, cómo refrendar nuestra autoestima mediante “likes” al mostrar el cuerpo sexualizado; incluso, el cómo encontrar la pareja ideal y hasta la obtención de recursos ilícitos mediante delitos cibernéticos.

¿En dónde están los autómatas? ¿qué hacen? ¿cómo se manifiestan?

Asómate por la ventana, camina por las calles, sube a un transporte público, asiste a una plaza comercial… ahí están, obsérvalos: aunque vayan solos, en pareja o grupo, todos van con la cabeza agachada, cual si fueran amarrados a su teléfono celular en señal de sumisión y pleitesía hacia quien les ordena a través de esa pantalla.

Así atraviesen una calle, estén a punto de chocar con algún obstáculo no levantan la mirada, incluso aun estando a punto de ser atropellados por algún vehículo, el cual, por cierto, también el conductor va en modo autómata observando su teléfono celular.

Asómate a algún hogar y observa a los miembros de la familia convertidos en autómatas, los cuales han llegado a ser dominados de tal manera que en sus reuniones para consumir alimentos su contacto cara a cara y sus conversaciones han casi desaparecido, al tener en una mano la cuchara o el cubierto y en la otra manteniendo fijamente el teléfono celular; ahora las pantallas televisoras, aquellas con las que se iniciaba el proceso de automatización, también terminan por ser desplazadas por los aparatos que caben en la palma de la mano.

Ahí van las parejas de autómatas, aquellas que al tener ya cierto tiempo de conocerse y de haber entablado una relación sentimental, ya no sostienen la mano de él o ella, porque ahora la ocupan para llevar su aparato de telefonía; cambian ahora la conversación personal por el comentario de las diferentes historias, “reels” o secuencias chuscas, morbosas o de noticias fugaces que se convierten en tendencia.

El pertenecer a esta banda de autómatas, brinda también la posibilidad de construir la personalidad, creando y confirmando la estima personal, al recibir “flores” y palabras halagadoras a la foto de perfil, por cierto, fotografía que puede ser modificada y transformada para que la apariencia sea agradable con alto grado de hermosura, aunque la realidad lo contradiga.

Asomémonos ahora a un aula de clase, ahí están los otros autómatas, sentados frente a un maestro, de hecho ambos lo son; ellos como expertos en la navegación, uso y obtención de información desde los niveles educativos iniciales hasta los de tipo superior, acostumbrados ya a recibir las órdenes mediante la conectividad con su aparato celular y considerar como algo natural el ser considerado como alguien que no reflexiona y solamente obedece a los códigos transmitidos mediante esa pantalla brillante.

Por su parte, muchos docentes, “con un ojo al gato y otro al garabato”, teniendo, al tiempo que dan clase, su teléfono a un lado, para estar al pendiente de sus redes sociales y de su comunicación interpersonal; incluso, muchos de ellos emitiendo su estado de ánimo desde su lugar de trabajo.

Sin darnos cuenta, la educación desde familias, medios de comunicación y hasta en escuelas ha venido ocurriendo una transformación que cual cambio de piel, descarapela y deja fuera las dimensiones del ser humano para que aparezca la nueva piel de las personas convertidas en autómatas.

Por fortuna, ya ha iniciado un movimiento de liberación, el cual busca, tomar consciencia y sacar del modo autómata a quienes hacen uso de estos aparatos, regresando a la inteligencia humana por encima de la artificial (IA), utilizando la interconectividad para beneficio personal y social, incluso, legislando su uso en algunos países como Australia, Francia e Inglaterra; en México, todavía podemos asomarnos por la ventana para ver a los autómatas pasar...

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