Familia y escuela Capítulo 321: La educación confinada a solamente obtener un número

Tal parece que el educar se ha vuelto un proceso que tiene como tarea, marco y tendencia, el que se pueda medir, pesar, concluir y lograr expresar su éxito o fracaso mediante un número.

Recordemos que los inicios de la educación como fenómeno social se da cuando hubo la necesidad de transmitir todos los conocimientos, cultura, costumbres, hábitos, formas de ver y apreciar la vida, así como los valores y prácticas de los diferentes grupos poblacionales hacia las nuevas generaciones y, es entonces que, esta actividad se encomendaba a personas con una presencia importante como ancianos, jefes, chamanes y todo aquel que tuviera un liderazgo tal que influyera en aquellos que lo escucharan. 

Es así que, en los diferentes pueblos se llevaba a cabo una educación la cual, al mismo tiempo que reproducía conocimientos básicos, se fomentaba directa y fundamentalmente aspectos que, de manera integral, aportaba el respeto por la naturaleza y por los demás, incluidos los animales; la valoración por los ancianos, la honestidad y la conciencia de que nuestros actos familiares y los esfuerzos laborales y de apoyo hacia la comunidad serían la tarjeta de presentación y no la apariencia física que los demás aprecian y muchos elementos más que distaban mucho de calificarse otorgando un número clasificatorio.

Al paso del tiempo y, sobre todo, ante el crecimiento demográfico y urbano de esos pueblos se erigen las primeras escuelas, las cuales, en sus inicios, fueron tachadas de “ociosas” debido al carácter pasivo de estar ubicado frente a quien sabía más y estar solamente oyendo las enseñanzas de aquellos que serían definidos como maestros y los otros como sus alumnos, pero todavía con un carácter integral, mientras que el resto de la gente estaban ocupados en labores “serias”.

Desde luego que esta forma de educación formalizada e institucionalizada en planteles, circunscrita entre reglas y normas escolares, no escapó de estar orientada por intereses clasistas en donde solo acudían los sectores pudientes política y económicamente; además de estar dirigida de manera sexista hacia población masculina en donde también tuvieron injerencia de sectores religiosos.

Comenta Herrera Muñoz: “La moral, la virtud y los valores empiezan a ser tema fundamental en la educación, pues se pensaba que el conocimiento era una virtud que reposaba solo en aquellos cuerpos que estaban preparados para recibirle”

Con la entrada de corrientes filosófico-positivistas, en donde los fundamentos científicos comenzaron a permear para la transferencia de conocimientos, fue entonces que se inició a perder el carácter integral que toda forma educativa debe poseer y se posó la mirada en formas de enseñanza y aprendizaje basadas en la ciencia que, de manera objetiva y comprobable, llevaran de manera clara y precisa la introducción de conocimientos predeterminados en las futuras generaciones.

Es así que la irrupción de una eficiencia y eficacia en el proceso educativo, mediado por una visión científica, comienza a introducir tecnologías para modernizar la labor de la enseñanza y la obligación del aprendizaje, equiparado a un funcionamiento de máquinas las cuales, de manera predecible, deben obtener el mismo resultado y actuar siempre igual mediante un proceso que no debe fallar, responder y “aprender” todo lo enseñado de igual manera, en el mismo tiempo y bajo cualquier circunstancia.

Esta entrada de las tecnologías educativas han cortado de tajo la experiencia esencial humana, sobre todo permitiendo que todas las facultades de las personas se han cambiado y rebasado de manera alarmante, iniciando con suplantar el intelecto usado para una simple suma con un ábaco y después con una calculadora electrónica y ahora con un simple mandato de voz hacia una aparato que es conocido popularmente como “alexa”, los cuales nos evitan el “cansancio” de pensar y abandonar con ello la principal característica que nos distinguía en el reino animal.

Ante el panorama de introducción de tecnologías cibernéticas y virtuales, la inteligencia artificial (IA) en conjunto con la aparición del uso y aplicación de otras realidades paralelas a la nuestra, han venido a revolucionar las formas que todavía existían, realizadas con la presencia física entre maestros y alumnos, siendo lenta e inexorablemente desplazados con la educación a distancia y el autoaprendizaje.

Ante este panorama cientificista, en donde los objetivos de la educación han sido enfocados en el dominio de la teoría y la técnica, intentando obtener siempre los mismos resultados a pesar de las notables diferencias y ritmos de aprendizaje en cada persona, se ha optado por medirlos para corroborar numéricamente el logro de sus resultados.

En efecto, la obtención de un número como representación de un resultado de alguna evaluación, median entre estar dentro o fuera de una institución escolar, al no ser aceptado o una vez ingresado, ser echado de ella; un número se encuentra entre el ser catalogado como idóneo, inteligente y brillante o, de ser clasificado como “burro”, ignorante, inepto o “nini”.

Desde luego, la intención no es denotar que la educación formal es inadecuada, más bien es resaltar que es insuficiente y que, definitivamente, ha perdido su carácter integral al catalogar su éxito o fracaso, solamente de manera numérica.

Se ha provocado con ello que, en la mente de padres de familia, alumnos y hasta de los propios profesores, se tenga como la finalidad última de asistir a un proceso de educación formal, la obtención de un número como muestra que se ha “aprendido” y ha promovido el simular el aprendizaje con actos de memoria a corto plazo y hasta de acciones corruptas y desleales de copias cibernéticas o de conductas y engaños con tal de su obtención.

Qué pena que esa educación, que pretendía desde sus orígenes proyectar la forma de conservar los conocimientos, cultura, costumbres y todos los valores sociales, haya sido lanzada a la velocidad de una máquina cibernética, para chocar de frente con un muro, quedando estampada entre los números del 5 al 10.

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