Cuando te miras al espejo ¿qué ves?: ¿lo que te dijeron que eras y cómo luces? ¿lo que tú crees que eres? ¿lo que realmente eres? ¿lo que comparativamente te falta para verte igual a los estereotipos de moda?
En efecto, parte de confirmar la aceptación que se tiene de una persona por parte de la sociedad, pasa en un primer momento, por la imagen visual de nosotros mismos; el cómo nos vemos y nos percibimos, para con base en ello, nos demos una idea de si cumplimos con los preceptos establecidos socialmente, para salir y mostrarnos en concordancia con los convencionalismos que rigen cada época y lugar.
Resulta sumamente interesante ver la película: “Memorias de un mexicano”, no solo por su valor histórico, al presentar imágenes que datan de 1897 y del proceso revolucionario en nuestro país; obtenidas del archivo Toscano y del Archivo Histórico Cinematográfico; sino porque este film, es una “ventana” directa al pasado, a sus regiones, sus habitantes y sus costumbres.
Precisamente de este documento fílmico, podemos rescatar que, para esa época, los convencionalismos sociales, imponían que todos los ciudadanos, hombres, mujeres y niños, presentaban la característica de lucir públicamente con la cabeza cubierta, por lo que proliferaban los sombreros y rebozos; además de que éstos denotaban las clases sociales de quien los usaba.
Para ese entonces, parte de asumir la aceptación que el grupo tenía hacia los habitantes, era el de mirarse al espejo y confirmar si determinado sombrero o determinado rebozo, chalina o mantilla, quedarían bien sobre sus cabezas; si era “propio” para ser usado en salir simplemente a la calle o se necesitaba de otro atuendo al ir a una ceremonia religiosa o festiva.
Actualmente, por supuesto que hay diferencias abismales; sin embargo, el proceso sigue siendo el mismo, el espejo ratifica, en un primer momento, la aceptación que socialmente se puede obtener; pero algo más importante, las consecuencias psicosociales que este proceso de ratificación personal ha traído, sin duda es el referente a la autoestima; que como sabemos tiene varios componentes: la autodefinición, la autoimagen y el autoconcepto.
Definitivamente, el pasar a vernos al espejo y hacer el comparativo con lo que los parámetros sociales exigen, deja a muchas y muchos impedidos para cumplirlos, sobre todo ante la presión, empuje económico y sociocultural que los medios de comunicación y redes sociales efectúan, al mostrar modelos y estereotipos de hombres y mujeres, los cuales, al marcar la pauta como modelo a seguir, impulsan a muchos a seguirlos.
Es así que tenemos a quienes se consideran “gordos” y luchan por estar delgados por motivos estéticos y no de salud; morenos que quieren ser blancos; personas con tono de piel extremadamente clara y la quieren tener bronceada; personas con cabello oscuro y quieren ser rubios, individuos delgados que quieren musculatura, personas de estatura baja y quieren por todos los medios obtener altura; y en contraste, personas extremadamente altas que se niegan a usar calzado alto; gente con escaso cabello queriendo obtenerlo; mujeres empeñadas en poseer mayor volumen en determinadas partes de su cuerpo y una larga serie de inconformidades con nosotros mismos.
Queda claro que, no se considera “malo” el que las personas quieran estar bien con ellas mismas, es decir, que busquen el logro de su autoestima, mediante la corroboración del espejo; sin embargo, la satisfacción o insatisfacción que se crea ante el logro o imposibilidad de conseguir la imagen implantada socialmente, causa una reafirmación de la estima de cada individuo, bien sea de inferioridad o de superioridad, provocando de manera directa la seguridad o inseguridad de sus conductas y acciones.
Como parte de la educación integral que debemos efectuar en escuelas, familias y medios de comunicación en general, se deben puntualizar ciertos aspectos:
La confirmación visual a través del espejo, si bien es importante para la gran mayoría de las personas, es solo el elemento de inicio; porque después de conocer algunas de las características de ellas, dicha imagen se corrobora o se desdibuja.
Encontramos personas que cumplen con todos los elementos para ser considerados visualmente como aceptables o hasta extraordinarios en la percepción de los demás; pero al paso de darse a conocer en acciones, actitudes, valores y formas de comportamiento, se puede confirmar o definitivamente ser rechazadas, no obstante, lo perfecto de su imagen.
En lo referente a la vinculación que se tiene entre el espejo y la estima de las personas, se debe tener claro que la visión y la imagen que refleja, resulta “fría” e “irreal” si es comparada contra los estereotipos implantados por la moda; el “salirse del espejo” implicaría estar “de este lado” en las diferentes realidades que se viven.
Al estar “fuera del espejo”, resulta impresionante reconocer las múltiples formas visuales, auditivas y otras, que de manera “real” las personas aprecian en él o en ella: “…me encantan las personas que usan lentes; se ven atractivas” “me gustan las personas que sonríen, así, agradable y de manera franca, natural” “…me encanta la forma en que habla” “…la forma en que camina y mueve sus manos” “…definitivamente su mirada” “…que sea alegre”.
Parte importante de educar integralmente, nos lleva a fomentar personas que tengan la seguridad en sus acciones y comportamientos, con autoestima equilibrada; una forma de hacerlo, definitivamente es el lograr rescatar y “sacar del espejo” la imagen comparada contra ideales imposibles de cumplir para gran parte de la población y fomentar que: Definitivamente, en todas las personas existe algo que en los demás, en el otro u otra, hacen “click” y al ser reconocido por esa acción o característica, seamos aceptados.
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