Familia y escuela Capítulo 331: ¿Educar para el pensamiento convergente o divergente?

El pensamiento convergente es un proceso mental que busca una solución única, lógica y correcta para resolver un problema; sigue pasos ordenados y usa la razón dirigiendo su proceso en una sola dirección hacia una meta clara; se encuentra basado en datos que previamente fueron comprobados buscando ahorrar tiempo al utilizar solamente lo necesario.

Este tipo de pensamiento es la capacidad de encontrar las respuestas correctas a un problema utilizando la lógica más que la creatividad. Se enfoca, por tanto, en la capacidad de contestar correctamente preguntas que no requieren de una gran generación de creatividad.

Por su parte, el pensamiento divergente es un proceso mental que se centra en la generación de múltiples soluciones o ideas posibles o imposibles a un problema o a un tema. Este tipo de pensamiento es fundamental para la creatividad y la innovación (IA).

La educación formal escolarizada está centrada, preferentemente, en trabajar acorde con las reglas que unifican tanto conductas, actitudes y conocimientos en todos aquellos que son formados mediante este sistema, por tanto, prevalece la utilización y fomento de convergencias.

Queda claro que algunas de las ventajas de fomentar el conocimiento convergente escolarizado, tienen que ver con los fundamentos científicos que enmarcan este proceso, así como el aprovechar que todos los contenidos aprendidos, aparte de ser importantes para la formación de las personas, se cuenta con la seguridad de ser utilizados para resolver casos y situaciones de manera precisa y objetiva con una economía de tiempo y esfuerzos.

Resulta relevante entonces, que todos los conocimientos impartidos en escuelas busquen obtener resultados siempre iguales y considerados como correctos, mediante un mismo proceso y con un logro de los mismos objetivos para todos; tal pareciera que estamos describiendo un proceso industrial fabril en donde la materia prima es transformada en productos con la misma calidad de fabricación.

Lo mismo ocurre en la mayor parte de las familias, en donde todas las actitudes, conductas, costumbres y acciones desarrolladas al interior del hogar se centran en la repetición y concordancia con las normas y reglas establecidas en cada uno de estos grupos sociales.

Los objetivos planteados para las acciones y dinámica familiar se consideran alcanzados cuando sus miembros unifican sus conductas, relaciones interpersonales consideradas como adecuadas, elección y toma de decisiones correctas y en tiempo suficiente, así como comportamientos socialmente aceptados y acordes con sus valores y costumbres.

No cabe duda que la obtención y uso de un pensamiento convergente, tiene ventajas ostensibles y claras, por lo que el que un hijo o alumno presente características divergentes, tanto en su proceso educativo escolar como en su interacción familiar, es visto y clasificado como negativo, nocivo, extraño y hasta como una condición psicosocial irregular como un síndrome al cual hay que tratar y medicar.

Una de las visiones que se tiene de educar convergentemente, obedece a declarar que, de fondo, se establece un control social, cultural y hasta político con el cual se busca reproducir comportamientos unificados que provoquen respuestas individuales reguladas hacia un orden establecido, lo cual no es necesariamente malo el buscar establecer una regularidad que provoque avances y no problemas, pero a costa de reducir u omitir las características individuales, las cuales inequívocamente son diferentes en cada caso.

Aquellos que buscan rutas, procedimientos y soluciones diferentes a las indicadas y establecidas, son etiquetados como problemáticos, aún y cuando obtengan resultados y soluciones correctas; el estar “fuera del control” académica y familiarmente, son condiciones no aceptadas, aunque éstas conductas no sean graves u ostensiblemente nocivas, sino simplemente elegir rutas alternas para aprender y convivir en grupos escolares y familiares.

Tenemos que entender que las rutas divergentes de crear y aplicar conocimientos, son la base para la innovación con un fuerte componente de creatividad, otorgando a las personas la libertad suficiente para resolver problemas y situaciones por cuenta propia, descubriendo y utilizando rutas, metodologías y herramientas que durante la experiencia se fueron aplicando, descartando o corroborando su efectividad.

Además, esta característica divergente resulta valiosa en todo proceso vital, sobre todo cuando se afrontan situaciones de realidades que a cada persona se le presentan y que, están fuera de todo el proceso educativo y formativo adquirido en escuelas o familias; por lo que, llegado el momento, se tendrá inevitablemente que echar mano de conocimientos, improvisaciones, nuevas rutas y procesos que generen soluciones aceptables para cada situación.

Además, el solamente educar mediante procesos convergentes, está desperdiciando los recursos y facultades creativas que indudablemente se encuentran “dormidas” en espera de ser potenciadas en cada alumno y cada hijo de familia, sacrificándolas en afán de no provocar individuos divergentes y mantener un orden.

No se trata de negar las cualidades y beneficios que, sin duda, aportan los conocimientos convergentes; más bien, la cuestión radica en el complemento de ambos tipos de conocimiento, mediante el dar cabida, tanto en escenarios escolares como familiares, para fomentar la creatividad e innovación apoyado con bases científicas, incluso liberar la mente e ideas para crear opciones novedosas y diferentes de adquirir el conocimiento.

Lo anterior implica modificar la dinámica escolar y familiar, dando entrada a las características individuales que poseen hijos y alumnos.

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